Los procesos de primarias irrumpen en la vida política en el momento en que la democracia representativa, refugiada en los parlamentos, se ve superada por la democracia asamblearia, instalada en las plazas. Puede parecer simple, pero esta icónica sublimación de un pueblo exigiendo más y mejor democracia, dio inicio a un proceso trufado de contrición y revanchismo, que lo único que ha generado hasta el momento no ha sido más que desorientación ciudadana y desconcierto institucional.

Quizás en esa carencia de rumbo claro (no es que no sepamos por dónde ir, sino que ni tan siquiera sabemos hacia dónde vamos), se encuentre una posible explicación a la singular campaña que convoca a los militantes del PSOE a las urnas el próximo domingo 21 de mayo.

Sorprende a estas alturas que avezados veteranos de la política se escandalicen por las consecuencias que se derivan de una confrontación electoral. Porque una disputa por el voto, y no otra cosa, es lo que tiene lugar en estos momentos en el seno de la organización socialista. Y toda contienda democrática concluye con un resultado de ganadores y perdedores, siendo así que unos y otros (que a todos se les suponen ganas de ganar) habrán hecho uso de todos los recursos a su alcance para lograr su objetivo último, esto es la victoria.

Así las cosas, deberían haber sido éstos momentos para el debate de ideas, para el intercambio de propuestas y para la valoración de programas; pero muy al contrario casi todo ha terminado por dirimirse en el terreno de los sentimientos más que en el de la razón, quizás el menos aconsejable de los escenarios para unos candidatos que deberían estar volcados en la tarea de convencer como condición inexcusable para vencer.

Una absurda competición centrada en el quién hizo qué, en el cobro de facturas atrasadas, en el relato de los agravios recibidos, o en el de las incoherencias exhibidas. Una olímpica demostración de transparencia democrática y de participación abierta, sin parangón en el panorama político español, de la cual los medios únicamente parecen interesados en retransmitir los casos de dopaje, los empujones en la pista, y las zancadillas en el terreno de juego (bien es cierto que no pocos medios ya habían narrado la entrega de la medalla de oro antes incluso de empezar la carrera).

La militancia socialista, que es en este caso el cuerpo electoral concernido, merecía el respeto que se deduce de un debate en torno a las ideas que han de aparecer recogidas en el proyecto de cada uno de los candidatos. Pero no ha sido así; y es que mientras Pedro Sánchez hizo partícipe a toda la afiliación de su propuesta allá por el 20 de febrero, sometiéndola a continuación a un amplísimo proceso de participación abierta que concluyó el pasado 9 de mayo coincidiendo con el inicio oficial de la campaña, y asimismo Patxi López explicitaba la suya un mes después ya avanzado el mes de marzo; Susana Díaz no consideró oportuno hacer lo propio hasta hoy mismo, 17 de mayo, prácticamente a 48 horas vista del cierre de la campaña, y después de haber tenido lugar el debate central y la casi totalidad de actos públicos celebrados por los candidatos.

He tenido la grata experiencia de formar parte del equipo de Pedro Sánchez que se empleó en estos meses en la ilusionante tarea de elaborar un proyecto de progreso para una España mejor. El propio Pedro, Manuel Escudero, Josep Borrell, José Félix Tezanos, Cristina Narbona, Toni Ferrer, Jorge Fabra, María Luisa Carcedo, y una larga lista de nombres cuyas aportaciones vinieron destinadas al escrutinio de la sociedad, y ese objetivo ha quedado sobradamente cumplido. Confiábamos en verlas sometidas al contraste con otras, quizás mejores, probablemente en muchos casos complementarias, pero para nuestra decepción y en detrimento de lo que debería haber sido una gran reflexión abierta sobre el pasado, presente y futuro de la socialdemocracia, esto no pudo ser. En mi opinión ha sido una oportunidad perdida, pero no es más que mi modesto parecer.

 

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1 Comentario

  1. Vergonzosa la entrevista que Pepa Bueno le termina de hacer esta mañana a Susana Diaz. Ni siquiera le ha preguntado por la abstencion a Rajoy. No se puede hacer un “lavado de cara” mas seboso, parcial y poco profesional. Esta claro, Pepa, que Cebrian paga la hipoteca, ¿verdad?.

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