Hace unos días se celebró en todo el mundo el día mundial del cáncer de mama. Un esfuerzo para concienciar sobre la prevención del cáncer y la importancia de tratarlo a tiempo. Por el contrario, las palestinas mueren de cáncer por falta de permiso para salir de Gaza y tratarse.

Un grupo de europarlamentarios ha solicitado a la vicepresidenta de la Comisión Europea, Federica Mogherini medidas urgentes para que las palestinas de la Franja de Gaza enfermas de cáncer de mama puedan tener acceso a los tratamientos, tanto en Cisjordania como en Jerusalén Este.

Las gazatís con cáncer de mama en Gaza se han quejado de las restricciones impuestas por Israel para su tratamiento. Las enfermas que solicitan autorización a Tel-Aviv para recibir cuidados médicos en Jerusalén Este, Cisjordania, Jordania, reciben en su mayoría la denegación como respuesta.

La Asociación de Ayuda y Esperanza para el Cuidado de Pacientes y Sobrevivientes del Cáncer celebra cada cierto tiempo una fiesta en Gaza, donde las mujeres cantan y aplauden en el salón principal. Forman un corro con sillas y dejan a dos mujeres, a Ziham Tatary, de pie con un ramo de flores entre las manos. Emocionadas rompen a llorar cuando Imán Shanán, la directora, les coloca una diadema rosa que la distingue como una ‘vencedoras’. Así llaman en esta organización a las mujeres que regresan a la Franja tras haber recibido tratamiento fuera de Gaza.

“Aunque no estoy bien, es un momento de felicidad”. En la reunión cuenta como logró el permiso después de cuatro intentos fallidos. Debido a la tardanza, el tumor empeoró y tuvo metástasis en los ganglios linfáticos. “He pasado 21 días en el Hospital Augusta Victoria de Jerusalén y los médicos me han dado una nueva cita para dentro de tres meses. pero no será sencillo volver”, se lamenta Tatary con lágrimas en los ojos.

Emocionada, e impotente ante el muro que imponen las autoridades israelís, que suponen los permisos para curar la enfermedad. Tardar en el tratamiento significa enfrentarse a más complicaciones, incluso la muerte. “Entre que no hay medios en Gaza y que tampoco nos dejan salir. nos condenan a una muerte lenta”, denuncia está enferma de 43 años con energía y un tono de voz que levantan a todas las mujeres presentes de sus sillas.

Cada vez es más complicado recibir tratamiento contra el cáncer, debido a las dificultades para lograr los permisos que necesitan los enfermos para cruzar el paso de Erez, el único camino de salida hacia los hospitales en Jerusalén Este, Cisjordania o Israel, donde ofrecen todos los tratamientos necesarios en Oncología, muchos de ellos imposibles de encontrar en Gaza.

Shanán, directora de la asociación, sobrevivió a un tumor de mama en 1999. Este es el cáncer más común entre mujeres gazatís, el de colon entre los hombres. “Los enfermos de cáncer en Gaza no nos merecemos vivir y por eso pedimos a la comunidad internacional que presione a Israel para que abra la frontera en estos casos; de lo contrario estamos condenados a una sentencia de muerte premeditada”, suplica la directora. Las protestas que organizan desde su asociación cada semana y sus apariciones en la prensa para criticar esta situación, le han costado el veto de Israel, por lo que tampoco puede salir de la Franja.

Los hospitales de la Franja de Gaza están mal equipados para hacer frente a las necesidades de los pacientes con cáncer. Hay una grave escasez de todo tipo de medicamentos, no sólo de aquellos que son esenciales para el tratamiento del cáncer.

Las estadísticas publicadas por el Centro Nacional para la Vigilancia del Cáncer en Gaza  registran unas  1.283 patentes de cáncer de mama en el territorio asediado por Israel. representan alrededor del 18% de todos los pacientes con cáncer en Gaza.

Entre enero y junio del 2018, 12.711 gazatís solicitaron permiso por razones médicas a Israel para entrar en su territorio (no se puede llegar a Cisjordania, Jerusalén Este ni Jordania sin pasar por Israel). El 60% se aprobaron, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los enfermos de cáncer en Gaza nos merecemos vivir y por eso pedimos a la comunidad internacional que presione a Israel para que abra la frontera en estos casos; de lo contrario estamos condenados a una sentencia de muerte premeditada

Muchos pacientes reciben luz verde meses después de que hayan pasado las citas médicas. Para algunos la autorización llega demasiado tarde. En 2017, 56 personas murieron en Gaza esperando un permiso, según denunciaron oenegés como Amnistía Internacional y Médicos por los Derechos Humanos (PHR).

Israel desmanteló sus asentamientos en Gaza en 2005, pero mantienen el control de la Franja a través del bloqueo. Los gazatís solo pueden salir a través de Erez o Rafah, puesto fronterizo con Egipto. Las últimas guerras, las diferencias entre Hamás y Fatah y el golpe militar del general egipcio Abdel Fatah Al Sisi han empeorado las condiciones de vida para los dos millones de habitantes de la Franja, pero sobre todo a las mujeres.

Según los datos de la Organización Mundial para la Salud (OMS), entre enero y octubre de 2016 hubo 20.000 peticiones de enfermos para salir vía Egipto, pero solo 1.023 lo lograron en los 25 días que Rafah estuvo abierto. En 2015 fueron apenas 748. En el caso de Erez, las cifras de la OMS muestran que en 2012 el 92,5% de los enfermos lograron permiso para tratarse fuera de Gaza; la cifra bajó al 77,5% en 2015 y al 44% en 2016.

Las pacientes palestinas de cáncer de mama denuncian que tienen derecho a recibir un trato adecuado como otras mujeres de todo el mundo. Las medidas israelíes contra ellas son una “violación flagrante” del artículo 33 del Cuarto Convenio de Ginebra, que prohíbe el castigo a los individuos por crímenes que no cometieron personalmente, así como los castigos colectivos.

Los hospitales de la Franja de Gaza están mal equipados para hacer frente a las necesidades de los pacientes con cáncer. Por otra parte, hay una grave escasez de todo tipo de medicamentos, no sólo de aquellos que son esenciales para la curación del cáncer.

«El descenso de permisos es proporcional al incremento de las medidas de seguridad impuestas por Israel sobre cada individuo y los enfermos se enfrentan a unos criterios extraordinariamente restrictivos que violan sus derechos básicos y amenazan su salud y vida», según la organización israelí Médicos por los Derechos Humanos (PHRI, por sus siglas en inglés), que trata de ayudar con los trámites a los gazatís y de recurrir los permisos revocados y que califica la estrategia de su Gobierno de «castigo colectivo».

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