Las ondas y yo nos prometimos lealtad allá por el 2009, cuando entendí que era la mejor forma para reivindicar aquello que era imprescindible denunciar.

No se trataba de crear una atmósfera de negatividad y frustración.

Al contrario, se trataba y se sigue tratando de transformar lo negativo en positivo; pasar del negro, al gris, y así modificando poco a poco los colores, hasta conseguir que se transformaran en colores cálidos y cargados de tranquilidad y serenidad.

Ayer en Icod de los Vinos, de nuevo nuestras voces se extendían por las ondas.

Voces de mujeres que en su momento nos reuníamos en la radio para llevar a cabo nuestro único objetivo: hablar sin que nadie nos cortase las alas, y siempre desde el respeto.

Teníamos que hablar con carácter urgente de lo ocurrido en el mal llamado “Hospital del Norte”, ubicado en el municipio norteño de la isla de Tenerife, Icod de los Vinos, donde la ausencia de pediatras, “obligaba” a cerrar las urgencias pediátricas.

Pero nadie podía despistarse de las fechas que llevan a actos de celebraciones en apoyo a las mujeres y hombres que padecen cáncer de mama.

Fotografías y eslogan bombardeando las redes sociales, en solidaridad con quienes la padecen, así como sus familiares.

Curiosamente, o no tan curioso, las mujeres que estábamos en el programa teníamos algo en común: Unas contraseñas para apoyarles, no es la solución. Y no es la solución, sencillamente, porque el gran problema al que nos enfrentamos es que los recortes que se llevan a cabo en este país afectan directamente a la sanidad y a la educación. Con lo cual, poco podemos conseguir, si todo lo que hacemos es superficial, y en muchos casos, la mejor forma de limpiar conciencias.

Mientras el gobierno de este país se prepara ya para dar el machetazo definitivo en Catalunya, aprobando en el senado la ejecución del artículo 155, la corrupción, pobreza, discriminación social, desamparo constitucional constante, ahí esperan que alguien se gire hacia ellos.

No sé el alcance que puede tener el estar en esas radios que entregan todo para poder ser las voces de que quienes carecen de apoyo físico y moral, pero estoy convencida, que al menos alguien estará ahí sintiéndose respaldada o respaldado por unas voces que trasladan sus sufrimientos, y sus sentimientos.

Un mundo quizás no podremos cambiar, pero sí seremos capaces de que alguien pueda ver esa luz al final del túnel.

Sí, las ondas y yo, nos prometimos lealtad de por vida.

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