Foto: Agustín Millán.

Estamos asistiendo a unos momentos donde es mucho el ruido. Desde el pasado 8 de marzo, cuando las mujeres, acompañadas de muchos hombres, llenamos las calles para exigir el espacio al que tenemos derecho, no han cesado las muestras de que esta vez va en serio. De que no se trata de una moda, ni de una cosa puntual, y que ha llegado nuestro momento.

Primero fue el asesinato de Diana Quer, que puso al descubierto la necesidad de que estas conductas fueran consideradas violencia machista como, por otra parte, nos comprometimos a hacer suscribiendo el Convenio de Estambul y plasmándolo así en el Pacto de Estado.

Ahora ha sido la sentencia de La Manada, cuya salomónica decisión parece que no ha contentado a nadie. Y que, además, venía acompañada de un voto particular más largo que la propia sentencia y que empleaba una longitud y un lenguaje absolutamente prescindibles. La cuestión no es si se puede discrepar, sino la manera de hacerlo.

Ya hemos hablado, gritado, opinado, indignado y manifestado. Yel dirigente de turno ha corrido raudo a arrimarse al sol que más calienta con insinuaciones fuera de lugar y prometiendo el oro y el moro. Como tantas veces ocurre.

Pero ha llegado el momento de sosegarnos, aunque sea para tomar fuerzas para el sprint que todavía queda en la carrera para ser cada vez más iguales, y pensar con calma cuál es el siguientee paso, para que esto no quede en nada cuando la actualidad venga con otro tema y pueda desplazarlo. Y eso sí que no.

Haciendo un alarde de oportunismo disfrazado de oportunidad, se nos anuncia la creación de una comisión para estudiar una posible reforma del Código Penal. Y aquí ya me empiezan a chirriar los goznes de la puerta. Las comisiones de estudio son muy vistosas, pero deben servir para algo. Y he de decir que no me gusta el camino emprendido. Crear una comisión para este tema donde no haya mujeres denota una falta de sensibilidad palmaria. Y no se trata de que los hombres no sepan ni puedan saber del tema, pero es evidente quiénes son mayoritariamente las víctimas, de una parte, y que la ley de igualdad obliga a que las cosas sean paritarias, traten de lo que traten. Y la rápida respuesta anunciando que se incluirá mujeres tampoco me hace ser optimista. Si necesitaban del clamor de las redes para darse cuenta de una cosa tan obvia, mal vamos. Y si tenían claro su criterio y su composición, y han decidido cambiarla solo para evitar problemas, también vamos mal. Y conste que lamento ser tan negativa, pero ya se sabe. La experiencia es la madre de todas las ciencias. Y de experencias negativas andamos sobradas.

Pero imaginemos que la comisión trabaja en firme, y propone una reforma del Código Penal. ¿Es esta la respuesta? ¿Con esto ya está todo hecho? Pues lo dudo, y mucho. En primer lugar porque no creo que sea prioritario cambiar el Código Penal, cuyo texto da cobijo perfectamente a un concepto de intimidación que incluya un hecho como que varios hombres acorralen a una mujer. Con ese mismo Código calificó de violación la fiscal, y amparándose en el mismo se interpone el recurso de la Fiscalía por infracción de ley. Así que tal vez haya que plantearse que lo que falla es otra cosa, por más que el Código, como todo, sea mejorable.

Olvidamos, además, algo que nos enseñan desde los primeros cursos de Derecho. Que el Derecho Penal es la última ratio. Y por eso, castiga a quien ha cometido el delito cuando no se ha podido evitar su comisión, es decir, cuando todo ha fallado. Gestionamos el fracaso del sistema. Pero lo deseable sería que no hubiera fracaso de gestionar. Esto es, hay que reclamar medidas para que estos hechos no ocurran, no conformarnos con que se castigue más duramente a los culpables. Y no he visto ninguna medida que tire por ahí. Por la educación, por ejemplo, que es la madre del cordero. Sin una firme apuesta por la educación en igualdad, seguiremos cometiendo los mismo errores.

Pero, aun cuando asumamos que los hechos se dan, y nos centremos en el plano judicial, insisto en que creo que lo prioritario no es cambiar el Código Penal. Es, desde luego, lo más barato. Basta tener un poco de espacio en el BOE para publicar una norma, y ya está. Coste cero. Pero hay mucho más. Lo verdaderamente prioritario es que se acometan reformas para que quienes juzgan este tipo de delitos tengan formación en algo más que Derecho Penal puro y duro. La especialización y la perspectiva de género son fundamentales para que la cosa cambie. Y no veo que se haya movido ficha al respecto. Porque, eso sí, cuesta dinero. Mucho más que publicar una norma en el BOE.

De otra parte, el Código Penal ya contempla la agravante de género, algo que fue en su día muy anunciado y también muy discutido cuando había urnas en el horizonte. Sin embargo, parece que ahora todo el mundo ha olvidado ese precepto que podía haberse aplicado y que podría haber añadido un plus de culpabilidad a esa conducta.

Recuerdo ahora que, a propósito del asesinato de Diana Quer se anunció a bombo y platillo que a partir de entonces los jueces iban a considerar machistas esos asesinatos. Mal dicho y peor hecho. No se trataba de los jueces, sino del Consejo General del Poder Judicial, que no es lo mismo. Y no se preveía otra cosa que incluir estas muertes en la estadística. Otra reforma vistosa y barata, pero que no soluciona nada.

Por no hablar del famoso pacto de estado contra la violencia machista que, de momento, no ha servido para otra cosa más que para hacerse fotos y colgarse medallas. Porque, aunque ya hace más de un año que empezaron las comparecencias de expertas y expertos, y más de medio que se anunció su aprobación, no he visto que hayan hecho ninguna ley de desarrollo de las medidas aprobadas, ni mucho menos que se haya hecho una inversión seria. Así que tenemos más que pruebas suficientes de que el papel es muy sufrido, y nada más. Y por más que una trate de ser optimista, los hechos son tozudos y le quitan la idea.

De modo que, de momento, mucho ruido y pocas nueces por parte de quien tiene la sartén por el mango. Es lo que hay. Así que no nos dejemos engañar, ni cos conformemos con que pase el tiempo, que siempre corre en nuestra contra.

Sigamos haciendo ruido y permaneciendo alerta a lo que nos dicen. Aun recuerdo a las mujeres acampadas en la Puerta del Sol, que dejaron su plante con promesas que ahí siguen, durmiendo el sueño de los justos. Quizás el momento de pensar que con el ruido no basta. No hay que gritar más, sino demostrar que tenemos razón. Y, como siempre dice una buena amiga, la razón solo tiene un camino. Aunque cueste. Y éste no tiene marcha atrás.

No dejemos de hacer ruido, pero no perdamos de vista que lo importante son las nueces.

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