Pues sí. Al final las encuestas han vuelto a equivocarse y Donald Trump ha ganado las elecciones en Estados Unidos.

Ayer al llegar al trabajo, una de mis alumnas me abordó por los pasillos para saber mi opinión al respecto. Estaba muy preocupada por la tragedia que los medios nos habían prometido si ganaba Trump, y claro, no me quedó otra que tranquilizarla advirtiéndole de que -aunque a muchos les parezca extraño-, todavía no habíamos tenido noticias de que hubiese comenzado el Apocalipsis.

Fue la primera pero no la única persona a la que me tocó calmar ese día. Ciertamente parece que todo el mundo está impresionado, alarmado, e incluso asustado, porque un pueblo como el norteamericano le haya otorgado tanto poder a un desalmado sin escrúpulos como Donald Trump.

No se equivocan desde luego quienes hacen esa descripción del personaje, pero creo que tal vez por una vez, deberíamos sentarnos a reflexionar sobre lo ocurrido en vez de entrar en pánico. Un multimillonario racista, machista y xenófobo  ocupará en breve el despacho oval, de acuerdo, pero ¿Aparte de criminalizar a los votantes norteamericanos, a algún medio se le va a ocurrir responder al cómo es posible que un tipo con todo en contra haya podido ganar las elecciones en EEUUDonald Trump acaba de demostrarnos que es posible vencer al pensamiento dominante, y que la gente ya está harta de someterse a los dictados de una oligarquía que les lleva empobreciendo durante décadas. Y eso no es baladí.

Y es que la oligarquía ha fracasado en su Santa Cruzada contra Trump porque los norteamericanos ya no se creen las mentiras que les cuenta el establishment. La realidad de un pueblo que sufre a diario la pauperización de sus condiciones de vida para beneficiar a una minoría se ha impuesto, y al final eso ha tenido una respuesta. No es que Trump haya sido un genio capaz de atraer mágicamente a las masas con un discurso brillante, ni mucho menos. Todas las condiciones objetivas para el cambio estaban ya dadas, y tan sólo hacía falta que alguien fuese capaz de dirigir el descontento hacia sus posiciones para que este se diera. Ese fue su acierto y de ahí su victoria.

Al margen de sus desvaríos racistas y machistas, Trump supo decir lo que la gente necesitaba oír. Y lo ha hecho frente a una candidata que los norteamericanos relacionaron lúcidamente con los poderes fácticos. Una mujer sin duda de tono más amable con las minorías, que sin embargo pasará a la Historia como una de las mayores criminales de guerra de la Edad Contemporánea. Una mujer que desde su puesto en la Secretaría de Estado ha financiado misiones desestabilizadoras en medio mundo, creando grupos terroristas en Oriente Medio, y haciendo que golpistas de ultraderecha accedan al poder en Ucrania. Una mujer que, en definitiva, desde siempre ha sido altavoz de los intereses de una minoría frente a los de una gran mayoría de estadounidenses que, hartos ya, han decidido darle la espalda.

¡Qué alternativa podíamos esperar que naciese en un país en el que lo más izquierdista que se puede encontrar es a Bernie Sanders!

A pesar de que la campaña de Hillary Clinton fue apoyada por medios, bancos, petroleras y políticos de la casta estadounidense –demócratas y republicanos por cierto-, Donald Trump fue capaz de imponerse presentándose como el candidato del cambio. Con un discurso claro que dirigía a la clase trabajadora, Trump habló de empobrecimiento, y señaló a la globalización como culpable del sufrimiento del pueblo. Y eso caló, demostrando que la gente está dispuesta a escuchar a aquellos que denuncien a quienes están beneficiándose de un sistema que está siendo desastroso para las personas.

Pero tampoco vayamos a hacernos ilusiones. Por desgracia, y a pesar de haber sido catalogado por algunos como antisistema, resulta infantil pensar que Trump va a acabar con esta situación. Ya suenan nombres para su equipo vinculados a Goldman Sachs y a los negocios petrolíferos, con lo que a buen seguro, esta presidencia va a servir finalmente como efecto anestesiante para las clases trabajadoras que le dieron el poder. Incluso es muy probable que las condiciones de los norteamericanos empeoren, aunque ¡Qué alternativa podíamos esperar que naciese en un país en el que lo más izquierdista que se puede encontrar es a Bernie Sanders!

En todo caso, la lección más importante que debemos extraer de Trump, es que al magnate le ha dado la victoria una mayoría trabajadora que ya no teme a mensajes apocalípticos. La enseñanza para la izquierda debería ser clara, ya que cada vez es más evidente que, o empezamos a dar respuesta a las demandas de la gente o lo extrema derecha lo hará por nosotros. No se puede responder a la crisis del sistema capitalista aceptando el pensamiento dominante, convirtiendo a la socialdemocracia en neoliberalismo, y a la izquierda transformadora en keynesianismo. La gente es sensible al cambio porque cada vez tiene menos que perder. No vayamos a estropearlo todo ahora nosotros.

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Docente en educación secundaria e historiador. Especialista en historia del movimiento obrero andaluz, actualmente es responsable de la Sección de Historia de la Fundación de Investigaciones Marxistas de Andalucía. Es autor de numerosos artículos de investigación y ha publicado tres monografías en los últimos tres años (José Díaz, una vida en lucha, Almuzara, 2013; ¿De qué se nos acusa?, Utopía Libros, 2014; y La lucha por la unidad -escrito con la colaboración de Alberto Garzón-, 2015) El autor escribe habitualmente en prensa escrita y digital y ha colaborado en medios como Viva Sevilla, El Correo de Andalucía, Infolibre, Tercera Información o eldiario.es

2 Comentarios

  1. Efectivamente es así. El problema es de la izquierda por modular el lenguaje por agradar al enemigo.Mientras tanto, seguirán comiéndose nuestro pan.

  2. El ilusionismo de Donald Trump es como agua de mayo para las clases populares americanas.
    tienen miedo a perder más de lo que ya han perdido y por eso se lanzan a abrazar al primero que les diga algo agradable. Que tome nota Pablo iglesias que todavía no lo ha comprendido

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