Salina Torrevieja.

En la ciudad de Torrevieja, cuya historia está íntimamente ligada a la explotación de la sal, se encuentra una de las salinas más destacadas de Europa en lo que a volumen productivo se refiere. Su importancia no es contemporánea y, antes de convertirse en una gran salina industrial, la sal ya era aprovechada a través de una continuada transformación de las lagunas saladas de Torrevieja y La Mata. No obstante, no es hasta bien entrado el siglo XX cuando se produce la modernización de la producción y se adapta a las exigencias de la economía de mercado (más sal a menor precio). Desde entonces el requerido aumento de la producción no solo corre a cargo de las lagunas saladas, sino que a ésta se hace llegar salmuera procedente del diapiro salino que forma el Cabezo de la Sal (El Pinós), y que dista 53Km de la salina de Torrevieja.

 

Las lagunas de Torrevieja y La Mata

Aunque parezca una obviedad, pero es así, las condiciones geográficas y geológicas son las que determinan los espacios idóneos para la cosecha de la sal. Pueden tratarse de accidentes geográficos costeros, de marismas, deltas, rías, diapiros, matinales y arroyos salados o, como en el caso que nos ocupa, lagunas saladas.

El origen de éstas es endorreico, es decir, se alimenta de las aguas que bajan desde la sierra de San Miguel de Salinas a través de ramblas, barrancos y acequias. Estas aguas arrastran sedimentos salinos que depositan en el vaso de la laguna y, tras largos periodos de acumulación, alcanzan altos grados de salinidad.

Las particularidades por las que se convierten en un espacio estratégico ideal son: por una parte su gran tamaño (700 Ha para La Mata y 1.400 Ha para Torrevieja); la proximidad existente entre ambas (separadas por una llanura de 1km conocida como El Chaparral); el disfrutar de amplias jornadas de sol y una temperatura media suave; y por último su proximidad respecto de la costa. Cuestión, ésta última, que resulta enormemente atractiva para la explotación y comercialización vía marítima. A todo ello debemos añadir el hecho de ser una zona pesquera y, por tanto, vinculada a la salazón de pescados.

En ese sentido, uno de los primeros testimonios documentados de gestión organizada y comercialización en la laguna de La Mata (con mayor grado de salinidad), corresponde a los fenicios, expertos comerciantes y pioneros en la industria salinera y salazonera en el poniente Mediterráneo. Una vez iniciada la explotación o descubierto el negocio, ya solo quedaría darle continuidad, eso sí, a través de las diferentes culturas, pueblos y Estados que se asentaron en esta parte de la península.

 

Proyectos e intervenciones para una gran salina

Dada las condiciones de alta salinidad, fue la laguna de La Mata la óptima para su aprovechamiento salino, quedando así la de Torrevieja para un posible uso pesquero a través de su transformación en albufera mediante una conexión sur hacia el mar (canal del acequión). Pese a los intentos (1482 y 1759), dicha explotación no fue posible.

No obstante, la apertura al mar de la laguna de Torrevieja permitió contemplar la posibilidad de convertirla en salina. En 1763 comienza a cosecharse sal y en poco tiempo se convierte en un importante centro que, no sólo aglutina a cada vez más y más población hasta la constitución de Torrevieja en municipio (1820), sino que desde comienzos de siglo XIX pasa a ser el centro de la Administración de las Reales Salinas que, hasta entonces, permanecía ubicada en La Mata. Con esta nueva estructuración la producción aumentó hasta las 150 mil T/año, cantidad más que suficiente como para abastecer los mercados del norte de Europa, Mediterráneo y Caribe.

Cabezo del Pinoso.

En la década de los veinte del siglo pasado asistimos a una nueva reestructuración de la salina que incrementará de nuevo su producción y dará lugar a una de las salinas más grandes de Europa. Para ello se comunican ambas lagunas y se construye un canal en La Mata que permite su comunicación con el Mediterráneo. De esta forma La Mata pasa a convertirse en un enorme calentador y Torrevieja en un gigantesco precipitador.

La última gran intervención tuvo lugar en 1973 con la construcción del salmueroducto de 53km que comunica el diapiro del Cabezo de la Sal, ubicada en el municipio del Pinós, con Torrevieja. La introducción de salmuera procedente de sal de gema permite a la salina reducir los tiempos de precipitación, dado el alto grado de concentración de la salmuera (30º Baumé); y, al contar con una fuente continua y estable de salmuera, incrementar la producción hasta las 800 mil T/año actuales.

 

Consecuencias de la modernización e internacionalización

La modernización de las instalaciones trajo consigo la alteración del ecosistema de las lagunas y un gran número de despidos del que, hasta el momento, era el principal motor económico de la ciudad. A raíz de este proceso se viven en el territorio fuertes contradicciones pues, mientras se produce la llegada del capital internacional a través de la compañía begla Solvay, se lleva a cabo la creación del Parque Natural de las Lagunas de La Mata y Torrevieja (1989). Un acontecimiento que no reduce ni frena la actividad.

En la actualidad la gestión de la salina está, a través de una concesión del Estado que expira en 2019, en manos de la Nueva compañía arrendataria de las salinas de Torrevieja SA (NCAST), subsidiaria del grupo francés Salins. La empresa emplean a más de un centenar de trabajadores y factura anualmente 7 millones de euros.

Pero el Grupo Salins no solo posee salinas industriales en España, sino que sus intereses también están puestos en Francia, Italia, Túnez y Senegal. De esta forma alcanza una producción de 4 millones de T/año que les permite convertirse en un potente grupo salinero. Esta circunstancia hace que Salins contemple todas las salinas como un conjunto en el que las externalidades negativas no existen (medioambientales o laborales), solo hay negocio.

Salins no sólo es propietaria de Torrevieja sino que, gracias al salmueroducto, también opera en El Pinós. Resulta curioso cómo el diapiro es a día de hoy, tal y como señalaron Ecologistas en Acción, el elemento más importante de la salina litoral de Torrevieja. De hecho y, si atendemos a los metros cúbicos que proceden de la laguna de La Mata (1.342.210 m3) y del Pinós (1.822.494 m3), tenemos como resultado que la mayoría de la sal comercializada es en su origen halita. Una sal que es disuelta a través de seis pozos que inyectan anualmente 3,78 Hm3 de aguas subterráneas mezcladas con fuel.

Así las cosas, las 800mil T/año de sal y los 7 millones de euros de beneficios, ha generado una serie de externalidades que pasan por: la filtración del fuel inyectado hacia los acuíferos del Cabezo; los continuados vertidos de salmueras a lo largo del recorrido del salmueroducto (más de un millón de litros en 2014); y la acumulación de sulfatos contenidos en una balsas de decantación en Torrevieja.

La contradicción inicialmente planteada es más que evidente. Frente a un mensaje de protección de la fauna y flora de las lagunas o de conservación del Cabezo del Pinós como símbolo geológico de la localidad, encontramos el mantenimiento de una actividad industrial generadora de problemas y residuos que, pese a todo, se considera compatible o, como gusta decir, sostenible.

 

El medio al servicio de los intereses transnacionales

A estas alturas de la globalización no vamos a descubrir nada si decimos que el medio, y las personas, se encuentran al servicio de los intereses transnacionales. Quizás, la única novedad sea el hecho de señalar cómo, recursos tan aparentemente inocuos para el medio y la economía como la sal, están dentro de la rueda de la especulación, corrupción y explotación medioambientalmente insostenible (Guerrero Negro).

En el caso que nos ocupa, el de las lagunas de Torrevieja-La Mata y el Cabezo de la Sal, es un ejemplo más de las consecuencias de la transformación del sector salinero a mediados de siglo XX a través de su industrialización. Si bien es cierto que se llevan siglos transformando las lagunas, la mayor alteración del territorio se produce con la construcción del salmueroducto, pues éste prolonga toda la actividad y sus impactos medioambientales a casi toda la zona sur de la provincia de Alicante.

Recordemos que al mismo ritmo que el sistema incrementa la producción (fenómeno que muchos considerados irracional e innecesario), el número de recursos empleados y residuos generados también aumentan. En ese sentido, la producción de sal industrial se dispara y, como ocurren en otros sectores, los intereses por mantener dicho ritmo están por encima del medio y las personas.

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