BIENVENIDO Mr. MARSHALL 1952, de Luis García Berlanga. Muestra de la farsa que potenciaba la pretendida “españolidad” de la sociedad en los tiempos del franquismo. El cine, como la parodia de Bardém y Berlanga, utilizaba las manifestaciones “raciales” y folklóricas en su visión particular de la cultura andaluza. La película plantea un problema que estaba en la base social y estética del momento. En el caso de esta obra extraordinaria, la realidad falseada de la película descubría la apariencia falseada en la que vivía la realidad de los españoles.

El valor mimético de las imágenes es complejo por la variedad de partes que la integran. Por ese motivo, la dificultad en la interpretación de la imagen depende del conocimiento sobre el entorno socio-histórico y estético de la misma. La imagen está relacionada con el conocimiento de los hechos que representa y “las posiciones teóricas e ideológicas del autor”. Conocer el origen de la imagen es reconocer su régimen de verdades y principios, así como sus relaciones con el medio, tanto físico como humano. La obra artística es una muestra de dichas relaciones, porque no olvida la comunidad de seres que la produce. Evidenciar el tipo de estas relaciones es descubrir las funciones sociales establecidas por su sistema social, porque desde su principio las coordenadas ideológicas del arte han tenido una cierta función mixtificadora y conservadora.

En España el pensamiento religioso fue esencial en cuestiones transcendentes de la visión del mundo y desde los años cuarenta se acrecienta esa visión. En 1.952, desde el Ministerio de Información y Turismo, el ministro Señor Arias Salgado puso claro la voluntad del régimen sobre los espectáculos y el cine. Durante el acto de Clausura de las Jornadas Internacionales de Educación Cinematográfica del Escorial, el ministro dijo algo que comienza de este modo:

            “El Estado no puede ser neutral ante el cine. Para cumplir con su deber no debe limitarse a reglamentar las condiciones sanitarias y de policía de espectáculos, sino que debe atender, sobre todo, a la formación o deformación que puede ejercer en las masas y, sobre todo, en la juventud. (…)    

 

En 1.952 había 4.000 autores en el “Índice” de publicaciones prohibidas.

El Obispo Herrera Oria dijo en la X Asamblea de la Federación de Asociaciones de la Prensa: “La Iglesia jamás tolerará la libertad desenfrenada de la Prensa, porque está encaminada a satisfacer al bien común”. 

El pensamiento es de las pocas cosas que se escapan a la vigilancia del Poder, la lucha ideológica estuvo presente incluso en los momentos de mayor absolutismo, de no ser esto cierto habría sobrado la censura. España es uno de los países europeos que más ha sufrido este tipo de coerción. Dice Antonio Márquez que “en el país de la Inquisición desde siempre se infringieron las normas”. Leemos en su libro: “Literatura e Inquisición en España” el texto siguiente:“El problema, en la mayor parte de los casos de obras simplemente prohibidas, es que no sabemos por qué se prohibieron“.

Un poder dogmático o ejercido desde el Estado ha sido la norma en gran parte de la historia de España, pero ello no ha podido con algunos de sus enemigos tradicionales. El poder político español siempre tuvo problemas con las brujas, con los curas y con los artistas, una cosa es el control ideológico y otra lo que piensa la gente, lo que pasa a formar parte de un “estilo de vida” y de la conducta. La práctica de la cultura se ha desarrollado pese a las prohibiciones del poder institucionalizado, las palabras de Antonio Márquez, la repetirán los cineastas cuyas obras eran silenciadas o mutiladas. La censura se creó para la defensa del Estado, porque sentía la amenaza de grupos opositores internos. Aunque las primeras críticas que tuvo el franquismo vinieron de ciertos sectores religiosos. Entre los acontecimientos importantes de 1.952 se destaca el Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Barcelona. El 18 de noviembre de este año España era admitida en la UNESCO. En 1.953 se firma el nuevo Concordato entre España y la Santa Sede y los acuerdos militares entre España y Estados Unidos. El año 1.952 es una fecha mítica para el cine español por la realización de ¡Bienvenido, Mister Marshall! La película tuvo sus problemas con la censura, pero el reconocimiento de la crítica internacional, por eso se estrena el 4 de abril del año siguiente.

La obra CERCA DE LA CIUDAD 1.952, de Luis Lucia, es un ejemplo de lo que era preciso atravesar un proyecto hasta verse en la pantalla. La obra es una película de curas,

como se decía entonces. La historia de un cura joven que no conoce la vida, pero quiere cambiar la actitud de una Iglesia que parecía olvidada de los más necesitados. Los pobres del suburbio cercano de la ciudad donde se adentra el personaje protagonista, los barrios marginales de un suburbio madrileño. El guión original se llamaba Repique de campanas y fue presentado hacia 1.947 y por cuestiones de censura llega hasta 1.951 sin que fuera posible el proyecto. Hubo varios informes de la Junta de Censura, el 2 punto del informe general decía: “Que al realizar la película se presente a los enemigos del párroco no como obreros, sino como gente ociosa”. Las cosas cambiaron y el permiso de rodaje se concede en mayo de 1.952. Como curiosidad hay que decir que la película obtiene el galardón de ser declarada de Interés Nacional, porque exalta el alto valor espiritual de la Caridad Cristiana.

La historia del arte está llena de acontecimientos que revelan las implicaciones del poder con los procesos artísticos. Un ejemplo lejano es la lucha entre los dacios y el ejército imperial romano que aparece representado en la Columna Trajana. La historia cita a Trajano como emperador ejemplar, celoso del orden y de la administración del imperio. El Emperador figura como un gobernante preocupado por la justicia, la detención preventiva, las cuestiones financieras de los municipios e impulsor de obras públicas y la ayuda a las familias numerosas. También fue un conquistador infatigable de los pueblos bárbaros como los armenios, partos, israelitas o asirios y de las regiones de la Dacia en la penumbra de sus bosques transilvánicos que tanto molestaban en las fronteras del Imperio. En la contienda, Trajano el Optimus principum se manifestó como gran emperador y guerrero excepcional, arengó a las tropas y persiguió a los vencidos hasta tratar de exterminarlos, el exterminio se hacía al tiempo que eran saqueadas implacablemente las ciudades y los terrenos de los pueblos bárbaros vencidos.

Para recordar tan extraordinario acontecimiento fue concebida una obra colosal de mármol blanco, la Columna Trajana, obra maestra del bajorrelieve. La columna muestra en bandas paralelas las composiciones de las hazañas guerreras, como si se tratara de una película o un comic. La obra tiene minuciosos detalles paisajísticos junto innumerables figuras realistas, por lo que esta forma de comunicar los hechos ha tenido el reconocimiento histórico y artístico en la historia del Arte. La columna llenó de regocijo a príncipes, aristócratas y notables de las ciudades romanas, porque reconocían en estas imágenes a los bravos vencedores imperiales. Pero, lo que no estaba previsto por los artistas romanos es lo que trasciende a la obra misma. Aquello que corresponde a cada observador con capacidad de desarrollar una serena y valiosa lectura individual sobre un acontecimiento histórico que se podría reconocer como lamentable. Una obra es admirable por cuestiones distintas a las de su valor estético y técnico, el bajorrelieve “una representación realista” expresa, además, humillación y barbarie, la fuerza implacable del poder. La brutalidad del pillaje y el botín, el heroísmo de la victoria, el dolor de la derrota y la inclemencia con el vencido. “Se trataba de crear la escenografía para el poder”, así el arte y los libros de historia fueron dictados por los triunfadores.

FRANCO, ESE HOMBRE 1.964, de José Luis Sáenz de Heredia.
“centrados en torno a la vida del hombre que rige con pulso firme los destinos de nuestra Patria”.
Fernando Méndez-Leite 1.965.

En principio del régimen de Franco las películas hacían referencia a lo político-militar, como: Porque te vi. Llorar, ¡A mí, la legión! o Harka. Años más tarde hay una ausencia explícita de lo militar, pero la ideología estaba implícita en los temas, para el cine de los cuarenta apareció la censura en su doble manifestación. Por la prohibición de realizar ciertas películas y por la protección a determinadas realizaciones. En una industria tan raquítica como la española de este tiempo, no era suficiente el no tener impedimentos para producir una película, en otro sentido, estaba la ayuda o protección de esta industria incipiente y pobre. El hecho cierto es que algunas películas reciben pronto una protección económica, de este modo se cumplían las intenciones censoras y orientadoras del Estado. El 15 de junio de 1.944 la Vicesecretaría de Educación Popular creó la categoría de la película declarada de “Interés Nacional”. Estas producciones serían aquellas que, “contengan muestras inequívocas de exaltación de valores raciales o de enseñanzas de nuestros principios morales y políticos”, como decía en su artículo III. De esta forma la censura no quedaba sola a la hora de proteger las conciencias, porque en este primer año las películas que obtuvieron la clasificación de “Interés nacional” fueron: El clavo, Eugenia de Montijo, Lola Montes, Inés de Castro y Cabeza de hierro.

EUGENIA DE MONTIJO 1.944, de José López Rubio.
“Interés Nacional” y Premio del Sindicato Nacional del Espectáculo. Una de las preocupaciones de los regímenes fascistas europeos fue impulsar grandes producciones demostrando su capacidad técnica y estética, para ello se recurre a los temas históricos. Fueron películas de exaltación militar y patriótica, donde la historia era un pretexto para defender los valores eternos del Imperio, tanto alemán, italiano, como español. Eugenia de Montijo es además, una exaltación de Andalucía. Matrimonio. Razón de Estado. Aristocracia. Orgullo patrio. Desagravio. Honradez. Españolidad…

Los cambios en la estructura político-social influyen sustancialmente en los cambios culturales y en los estéticos. Es un problema la proximidad del tiempo histórico con el tiempo estético, por la dificultad de constatación de algunos datos y por la contrariedad que la investigación produce. La política franquista tuvo como tarea enfrentarse coactivamente a las fuerzas derrotadas en los frentes de batalla, el litigio estaba en todos los terrenos, porque había que cambiar la imagen de la vida española. La cultura republicana era un problema para los intereses del nuevo régimen, estas cuestiones fueron motivos para endurecer los métodos represivos hasta adecuarla a la nueva situación. Las consecuencias del proceso de aculturación fue modificar en todo lo posible las anteriores estructuras sociales. Marvin Harris habla del papel de la estructura y la superestructura “los sistemas socio-culturales se componen de infraestructura, estructura y superestructura”. Por este motivo el cambio ha de realizarse por completo:

            “Un cambio en cualquiera de los componentes del sistema conduce generalmente a cambios en los restantes”. [1]

           

José Antonio Maravall dice, refiriéndose a la sociedad del siglo XVII, que las “monarquías absolutas constituyen el nuevo aparato de dominación”. El poder dominante pretendía superar con sus propias instituciones la concepción de los estados nacionales que aparecieron en el siglo XV, así los países europeos daban nuevos pasos hacia el poder absoluto. Los instrumentos que el poder utilizó para conseguirlo fueron muchos, entre estos instrumentos estaban los medios culturales y el teatro, la cultura y las manifestaciones artísticas fueron elementos de dominación social. Una de las imágenes más sublimes, terribles y justicieras de la historia es la muerte de Julio César en el escenario barroco de Shakespeare. Aunque la caída real de Julio Cayo César acribillado a cuchilladas sobre el mármol del Senado romano, no debió ser menos cruel. La muerte del Dictador hundía la última posibilidad de la participación política, una actividad con la que soñaba parte de la sociedad imperial, mientras la sangre de César teñía de rojo su túnica de Pontífice máximo, los que habían decidido hacer justicia creían cambiar el orden político traicionado por el déspota. Pero con Julio César terminaba la historia de la República y los asesinos de César no lograron restaurar el poder de los Comicios, ni los Tribunos de la Plebe tuvieron nuevas oportunidades para defender las peticiones de la parte de la sociedad más populares. No muy tarde, las imágenes reales de traiciones, guerras y asedios recorrieron las vastas posesiones del Imperio, un Imperio en transformación hacia el máximo y divinizado absolutismo político.

Los cambios políticos llegaron a los distintos sectores sociales en forma de decretos, de leyes y disposiciones que tuvieron como objetivo la progresiva unificación y homogeneización social, disposiciones territoriales, económicas y urbanísticas que afectaron para siempre la estructura del Estado. En el origen de esta actitud de la clase dominante se encuentra la intención de reafirmar el poder centralizador de Roma, para ello, era necesario terminar con la incipiente tendencia de algunas provincias por conseguir mayores beneficios o algunas cotas de autonomía. En todo proceso histórico, el principio básico de aceptación y legitimación de un nuevo Estado consiste en conseguir que funcionen sus instituciones. En cuanto el Poder ha conseguido que todos los medios de un sistema social se encuentren legalmente constituidos, la supervivencia del Estado parece asegurada, a partir de este momento, los grupos favorables defienden lo establecido y el naciente marco de legalidad comienza a politizarse en beneficio de la consolidación del nuevo régimen.

Cuando hay un cambio en la estructura del Estado son inevitables los cambios en el ideario político y legal, la mayoría de los sistemas vencedores se presentan como reconciliadores y salvadores de la sociedad. Lo frecuente es que los nuevos legisladores disimulen su origen y las leyes aparezcan como conquistas de ciudadanos libres. Las instituciones dominantes presentan sus mandatos como triunfos y no impulsadas o manejadas por las consignas del propio sistema. El nuevo poder cuenta con la forzada politización de las masas y la aparente no ideologización de las instituciones que influyen en la opinión pública. Los elementos de ayuda para el poder establecido son los medios de enseñanza, los artísticos y de comunicación, los canales que vehicularán los modelos sociales son introducidos sin cambios aparentes. La tarea de un nuevo poder no termina con decretar la paz, esta práctica la ejercieron eficazmente los pueblos de la Antigüedad en el Cercano Oriente, tanto como los del Mediterráneo romano. Por muchos tratados de paz firmados por Carlos V y Felipe II con sus enemigos ingleses o franceses, las disputas por la hegemonía europea persistieron durante años. El pacto germano-soviético fue un alarde de intereses recíprocos. Los españoles recordaban la fecha de la llegada de Franco, alcanzados los 25 años de paz y es que los pueblos vencidos son tratados como perdedores y tienen un futuro incierto. La creación de imágenes con una iconografía adecuada lo confirman, las imágenes se muestran contra las desviaciones y a favor del sistema establecido.

El Yugo y las Flechas, el Arriba España y el Todo por la Patria son momentos creativos del lenguaje que desplaza otro lenguaje, imágenes que borraban las imágenes anteriores. Ocurrió en tiempos medievales, en tiempos del absolutismo barroco o en etapas contemporáneas, nuevos monumentos, nuevos rótulos en las calles y nueva historia en los libros escolares. En los primeros años del franquismo los libros de textos hablaban del funesto régimen marxista, porque fue capaz de hacer una Constitución antirreligiosa y antiespañola. El pensamiento anterior fue combatido desde los cimientos, la nueva administración de la cultura no tuvo dudas en borrar lo anterior con el pretexto del agravio recibido por España. Un libro de texto decía lo siguiente:

            “Hemos llegado al final de estas breves y ligeras lecciones de Historia de España. De ellas se desprende que el destino de España ha sido siempre ecuménico, es decir, universal, y que ha consistido en salvarse y salvar a los demás pueblos por la civilización basada en la Religión católica, que es la que hace a los hombres morales, fuertes, buenos, unidos y libres”.

 

Las imágenes ayudan a la consolidación de un nuevo régimen. El aldeano Publio Virgilio tuvo una visión universal que plasmó en su epopeya “Eneida”, el libro estuviera destruido de no ser por Octavio Augusto. Virgilio hizo bajar a su héroe hasta las regiones infernales para saber el futuro de Roma, en la obra Anquises explica a su hijo el destino del pueblo romano hasta la llegada del divino Augusto. De esta forma, Virgilio ayudó a la consolidación de emperadores e imperios apoyados por los dioses. El poeta latino pagó alto los favores de sus mecenas, con su delicada sabiduría Virgilio defendió el verdadero poder que no es otro que el de legislar y mandar:

            “Trabajarán otros con mayor blandura el bronce y le infundirán alientos de vida (así lo creo); y del mármol sacarán los rostros vivos, perorarán mejor las causas, y medirán con el compás los movimientos del cielo, y dirán el nacimiento de los astros; atiende tú, ¡Oh, Romano!, a gobernar los pueblos con tu imperio; éstas serán tus artes: imponer las normas de la paz, perdonar a los vencidos y debelar a los altaneros”.

 

Octavio Augusto instauró progresivamente el absolutismo político. Una grandiosa escultura representa este momento histórico, la llamada Augusto de Prima Porta, la obra viene precedida del misterio. Se desconoce el autor tras su descubrimiento a mediados del Siglo XIX, el emperador de gala militar con el brazo extendido y la coraza, el modelo clásico griego toma nueva importancia con esta escultura. Dice Úrsula Hatjé: “Comienza en esta obra, la escisión entre imagen y significado; la iconografía de la coraza representa el programa político del emperador”. Una estética en la que el idealismo asume lo real marcando la diferencia del arte imperial y el republicano.

Con esta escultura comienza la iconografía imperial. Una imagen construida como imagen símbolo, un modelo a seguir y venerar. La imagen garante del poder del imperio invencible y el gesto serenamente férreo del orden. Los artistas romanos lograron crear el verdadero arquetipo de imagen del héroe poderoso y de la seguridad, pero la mano tendida sin amenazas no tuvo el menor reparo en desterrar a Ovidio, para no escuchar sus críticas. El poder de Augusto se presenta como restaurador del pasado glorioso del pueblo romano, para ello incorpora y asume lo histórico desde el mito de los nuevos tiempos, Augusto aprovechó los proyectos y las ideas del vencido hasta borrar su memoria y utilizó los proyectos cambiándolos de significado.

Para Trotski, el desarrollo de los estados fascistas representaba una revolución pequeño-burguesa, el líder bolchevique decía que estos movimientos quedaban integrados en la evolución y las contradicciones del sistema capitalista. Son las consecuencias y fruto de la crisis de 1.929, de la crisis de conciencia del mundo occidental y de la crisis de identidad de los pueblos que formaban la nueva Alemania. El pangermanismo racial, los desastres de la primera contienda y el empeño occidental en la culpabilidad germana ayudaron a Hitler hacia la conquista del poder. El poder, además de cuestión de batallas o de urnas es conseguido por la imagen. El encargado de este acierto fue Josef Goebbels, ministro de Propaganda desde 1.933 y gran creador de la máquina propagandista nazi. Para crear la figura de Hitler fue controlada la prensa, la radio y el cine. El ministro hitleriano montó un aparato propagandístico único en la historia del siglo XX. El comienzo sensacional fue el 30 de enero de 1.933, cuando cientos de miles de personas desfilaban por las calles de Berlín portando antorchas de bienvenida al Tercer Reich. Empezaba el mito moderno del poder de la comunicación, después de Hitler otros dictadores siguieron su ejemplo.

Imagen y Poder tienen consensuadas sus posiciones a lo largo de la historia. En los tiempos favorables y en las etapas de crisis, el Poder tiende a reforzar su imagen. La imagen estuvo vigilante ante los ojos de los esclavos, los súbditos o los ciudadanos. Los soberanos de todas las épocas adecuaron el arte a las necesidades de su poder político, así lo entendieron los gobernantes autoritarios. Porque “esta grandeza sólo podía manifestarse a través del despliegue de las bellezas del arte y la arquitectura, y del fasto y la solemnidad de las ceremonias públicas”: Más tarde argumentará Bossuet: “como el mismo Dios, que condena la vanidad, autoriza y gusta de un cierto tipo de fasto: “aquel que rodea las Cortes de los Reyes haciéndolas brillantes y magníficas para inspirar a los pueblos un cierto respeto”.

La imagen de la Victoria es una forma de garantizar la imagen del Poder a los gobernantes, porque además de ejercer el mando tienen que parecer y demostrar que lo ejercen. J. Enrique Monterde analiza una situación parecida en tiempos de Franco:

La transmisión de esos principios ideológicos recaería en diferentes aparatos, entre los que obviamente se contará el cine junto a la radio o la prensa escrita (sin olvidar el cómic), así como a otras formas de espectáculo-como el deporte o los toros-, pero sobre todo se consumaría en las instituciones docentes”. [2]

           

El cine, un arte joven, pero no ha quedado ausente de estas contradicciones. Los medios de comunicación son vulnerables a los acontecimientos, esto se debe a la influencia que los medios ejercen sobre la sociedad y la dependencia de los medios al gusto popular, aunque el espectáculo no sea tan manipulable como parece. Las dificultades que plantean estos problemas a la investigación se deben a que son analizados sobre un objeto vivo. La proximidad de los acontecimientos histórico-sociales es una dificultad para el historiador y que en la actualidad los procesos históricos se suceden con extremada rapidez. El mundo de la comunicación tiene una voracidad informativa que dificulta el trabajo pausado y la reflexión investigativa. Es necesario reconocer que la obra de arte no se produce en un espacio aislado donde creador y receptor estén libres de influencias. A todo esto se añade el soporte de la televisión, como ayuda valiosa al proceso de mitificación de los valores. Los libros escolares de posguerra tenían nombres tan sugerentes como: “España mi patria” o “Hemos visto al señor”. Hoy gran parte de los niños andaluces aprenden a deletrear en libros y películas poblados de personajes de Disney, como Donald o Mickey.

¡A MÍ LA LEGIÓN! 1.941, de Juan de Orduña.
Durante la década de los cuarenta estaba presente en el cine nacional el ardor guerrero del régimen franquista, fueron películas de exaltación patriótica que tenían como protagonistas a los militares vencedores de la guerra civil. El programa de mano decía del film: “Retazos agridulces de la vida legionaria enhebrados con viriles contingencias ambientadas en el imaginario país de Slonia”. “Una película que tiene en su contextura dramática, aires de gesta y sabor heroico”.

 

 

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