Hace pocos días, la ministra de Empleo, Fátima Báñez, en un intento por parar la reciente ola de informaciones que sustentan el crecimiento de la pobreza en España, llegó a decir que “nadie que trabaje 40 horas cobra por debajo del salario mínimo, sería ilegal”. Pues bien, los empresarios han encontrado un truco para, dentro de la legalidad vigente, pagar al trabajador por debajo del salario mínimo, hoy establecido en 655,20 euros al mes. Es el trabajo a tiempo parcial que, al final, acaba por convertirse en una jornada laboral completa gracias a las llamadas “horas complementarias” retribuidas miserablemente y que obligan a destajos siniestros.

La ministra obvió, muy sutilmente, que cada vez hay más contratos suscritos técnicamente por debajo de las cuarenta horas semanales pero que, en realidad, exigen al trabajador el cumplimiento de ocho o más horas diarias. Y es que un teórico contrato de 20 horas semanales puede contemplar la mitad del salario mínimo, 327,60 euros, y cubrir el resto a base de horas a precios humillantes que, en muchos casos, ni siquiera se cobran ese mismo mes, dejando al trabajador en la mayor de las miserias.

Los sindicatos denuncian que están recibiendo a numerosos trabajadores que les llevan su contrato y su nómina. No entienden que, trabajando todo el día, cobren 500 o 600 euros. Y, efectivamente, los empresarios que llevan a cabo tal práctica están cometiendo una ilegalidad. En la nómina se comprueba que parte del salario se compone de esas “horas complementarias”.

Dichas horas, por Ley, han de pagarse en la misma cuantía que la de las horas normales, pero no se hace así. Encima sobrepasan el tope permitido, el del 60% del total de la jornada establecida en el contrato. Los sindicatos son conscientes de que los trabajadores no denuncian tales circunstancias “por miedo o por ignorancia”. Además, cuando se enteran, pocos se atreven a abandonar el puesto de trabajo por temor a no cobrar lo que les deben.

Mari Carmen Barrera, secretaria de empleo, políticas sociales y seguridad social confederal de la UGT señala que “El mercado laboral está condenando a gran parte de la población a la miseria, y la gran culpable es la parcialidad de los contratos. Ahora los contratos no son sólo temporales, sino que ni siquiera cubren toda la jornada. El 70% de los contratos nuevos son para menos de un mes, y los contratos de un día se han duplicado”.

En UGT se denuncia que “las empresas se han convertido en expertas en exprimir la reforma laboral. Saben perfectamente lo que les permite la ley y abusan. Hacen ajustes para ahorrar en salarios, en cotizaciones. El abanico que les ofrece la desregulación actual es muy amplio”.

Tanto en la organización ugetista como en la fraternal, Comisiones Obreras, se insiste en que este es uno de los efectos perniciosos de la reforma laboral, “que hay que derogarla si o si”, señala tajantemente el secretario confederal de Acción Sindical de CCOO, Ramón Gorriz, para el que “la gente, en España, se ha resignado a unas condiciones de vida malas, a que hay que sobrevivir y aguantar con lo que te ofrezcan”.

Nadie quiere darse de baja por enfermedad porque eso puede suponer dejar de cobrar durante esos días. Nadie se atreve a desdeñar un apenas apreciable complemento “por objetivos” que, en la mayoría de las ocasiones, no llega ni a los 50 euros mensuales. Hay que arañar de dónde sea con tal de poder llegar a fin de mes.

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