Rock Against Racism, 1978.

El filósofo y ensayista César Rendueles calificó a Bertín Osborne de “intelectual orgánico”, con “capacidad para conectar con la gente, es un tío admirable. Ojalá hubiera algo así en la izquierda”. Al popular compositor y guitarrista Eric Clapton le debió rondar por la cabeza algo así –el realizar un ejercicio de populismo con el que conectar con la gente– en un concierto en Birminghan en 1976.

Bajo evidentes efectos del alcohol, Clapton habló de la inmigración que, según él, “sufría Inglaterra” y el “peligro” que se generaba debido “al crecimiento de la comunidad negra”. Acabó mostrando su apoyo a Enoch Powell –“Enoch tenía razón, deberíamos echarlos a todos”–, un Tory y miembro del Partido Unionista del Ulster, al que el primer ministro del Reino Unido Edward Heath tuvo que apartar del Gobierno por sus declaraciones racistas.

 

¿Quién disparó al sheriff, Eric?

Walls come tumbling down (Picador) relata cómo los desvaríos de Eric Clapton generaron una histórica respuesta del fotógrafo Red Saunders en la revista New Musical Express: “Vamos, Eric, admítelo, la mitad de tu música es negra. Eres el mayor colonizador del rock. Eres un buen músico, pero ¿dónde estarías de no ser por el blues y el R&B? (…). Queremos organizar un movimiento de base contra el venenoso racismo en la música. Os animamos a que apoyéis Rock Against Racism. PS: ¿Quién disparó al sheriff, Eric? Seguro que no fuiste tú”.

 

Este libro de Daniel Rachel, basado íntegramente en entrevistas, relata cómo la carta de Saunders ayudó a impulsar Rock Againts Racism (RAR) y la Anti-Nazi League. Estos movimientos lograron que por primera vez que activistas políticos y artistas militaran juntos, se organizaran conciertos interraciales y que, además, grupos muy populares en la clase trabajadora británica como Sham 69 o Madness clarificaran sus posiciones antirracistas.

Tanto RAR como la Anti-Nazi League jugaron un papel fundamental en detener el ascenso electoral del National Front. Pero se produjo un hecho inesperado para la izquierda tanto cultural como política: la victoria de Margaret Thatcher en las elecciones de 1979 y su posterior reelección en 1983.

 

 

La guerra cultural contra Thatcher

Pocos políticos han sido blanco de canciones tan brillantes como las escritas contra las políticas de Margaret Thatcher. The Beat fueron de los primeros en pedir su dimisión en 1980 con “Stand Down Margaret”.

Elvis Costello compuso para Robert Wyatt en 1982 la emocionante “Shipbuilding”, donde se reflexionaba sobre la contradicción de la prosperidad de los trabajadores de los astilleros al aumentar su producción durante la Guerra de las Malvinas, mientras sus hijos eran enviados a morir en el frente.

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Billy Bragg compuso “Between The Wars” con el objetivo de destinar lo recaudado a apoyar la caja de resistencia de los mineros en su fallida huelga de 1984-1985, que supuso una de las derrotas más duras que Thatcher inflingiría a la izquierda. Morrissey, en su etapa en solitario después de la disolución de The Smiths compondría “Margaret on the Guillotine” y, finalmente, Elvis Costello anunció en su canción “Tramp the Dirt Down” de 1989 que bailaría sobre la tumba de la Dama de Hierro.

 

 

Ascensión y caída del colectivo Red Wedge

RAR y la Anti-Nazi League fallecieron de muerte natural tras la victoria sobre el National Front, pero las agresivas políticas neoliberales de Thatcher hicieron que, de nuevo, numerosos artistas se implicaran en política, esta vez en torno a un ambiguo apoyo al Partido Laborista, nucleado en torno al colectivo Red Wedge.

Este colectivo impulsado por Paul Weller y Billy Bragg, donde colaboraron artistas como Elvis Costello, Bananarama, The Smiths o Madness, realizó numerosos conciertos y debates con el objetivo de evitar una tercera reelección de Margaret Thatcher. Aun así esta política de firmes convicciones neoliberales logró volver a ganar las elecciones en 1987.

En ese momento comenzó la desbandada de los artistas participantes en Red Wedge y es donde finaliza Walls come tumbling down. En algunas de las declaraciones finales del libro se plantea un balance positivo de la guerra cultural contra Margaret Thatcher, como la del escritor y periodista Robert Elms: “culturalmente hemos ganado (…) Mira ahora a Gran Bretaña: es una sociedad en la que el racismo es absolutamente mal visto; donde se acepta el matrimonio homosexual. Es totalmente diferente de la Little England a la que Thatcher trató de aferrarse”.

En el contexto de un Reino Unido que está procesando el Brexit y con los numerosos brotes xenófobos que se están produciendo parece que la guerra cultural contra el racismo no fue más que otra batalla que libró la izquierda cultural y que, parece, va a tener que volver a plantearse.

 

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Walls come tumbling down, DANIEL RACHEL, Picador.

 

 

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