Mientras el mundo gira en su permanente movimiento de incoherencia y desigualdad, de pactos sin encuentro y de derechas neoliberales que galopan con fuerza ante ya la casi resignada aceptación de un pueblo famélico de esperanza y huérfano de revolución en su espíritu se van aquellos que dieron significado al sentido republicano de la lucha por un mundo nuevo, personas, hombres y mujeres que frente a la maquinaría del terror fascista entregaron sus vidas a una causa, a veces más pérdida que ganada. Personas en muchos casos anónimas enterradas en la memoria de una España aquejada del Alzeihemer crónico de su propia historia. Personas como José Antonio Alonso, Comandante Robert, héroe nacional en Francia y libertador del departamento de Ariége.

Un hombre comprometido hasta su muerte por la defensa de la democracia y de la memoria histórica, esa quebradiza en el pasar del tiempo. Y junto con él son innumerables las historias de sacrifico, compromiso , solidaridad y entrega de una generación de hombres y mujeres indomables al desanimo que hicieron posible frenar al fascismo que amenazaba entonces a una Europa que hoy décadas después empieza a ver el resurgir del fantasma del totalitarismo en países como Francia, Holanda, Alemania o Inglaterra.

Y es que el silencio, es sin lugar a dudas el peor de los remedios ante el virus de la intolerancia y del enfrentamiento fratricida de los pueblos, obligados siempre no sólo a recordar su historia sino a cerrar los capítulos que en ella se quedaron abiertos e inacabados. Episodios de un país en blanco y negro en donde mujeres como Ascensión Mendieta ha tenido que estar media vida peleando por sacar de las fosas de silencio a su padre, represaliado y desaparecido en una cruenta Guerra Civil de la cuyas heridas aún supuran las lagrimas de miles de personas que buscan justicia y sobre descanso para los más de 114.226 españoles y españolas que hacen de España un cementerio de cunetas y paramos de la vergüenza sólo superado por la Camboya de los Jemeres Rojos.

Vivimos así, hoy, la estrategia de la decantación de la historia esa que con la muerte de los hijos e hijas de las personas represaliadas harán posible el entierro en la cuneta de la memoria de parte de la historia de España, de la lucha de hombres y mujeres por la libertad, de los episodios de represión y éxilio de miles de españoles y españolas que sufrieron en sus cuerpos los campos de concentración de Mauthausen tras las sentencia que los condenaba a apátridas en boca del ministro Serrano Suñer.

De esta forma, España sufrió del exilio de su intelectualidad y de las generaciones progresistas que querían convertir a nuestro país en otro muy diferente al que finalmente se configuro de la mano de la dictadura franquista, un país que hoy sufre como consecuencia directa aún en su subconsciente colectivo ese miedo a la revolución y el cambio necesario por esa historia reciente de represión y odio fratricida que nos llevo a vivir años oscuros en nuestra reciente historia.

Pero aún con este marco definidor de nuestra propia idiosincrasia tenemos y debemos rebelarnos ante la realidad que hoy nos despierta del sueño de una transición democrática que si bien sirvió para darnos estabilidad, progreso, libertades y derechos hoy se escurre por las alcantarillas de la incapacidad de la nueva y la vieja política incapaz de entender que hoy más que nunca España necesario de un nuevo pacto global entre la ciudadanía y los partidos políticos, entre todos los que configuramos una España que ya se enfrenta a los cambios globales de un sistema capitalista llamado a su difícil reconversión o a su desaparición, de un país que anclado en un mediterráneo en llamas deberá ser capaz de trabajar de manera conjunta para superar los retos y desafíos de la nueva cooperación política que se avecina.

Pero un país también que deberá cerrar los capítulos de su pasada historia dando respuesta a las fosas del silencio que hoy habitan por las carreteras y cementerios, aún cuando el Presidente Rajoy dude como recientemente declaro de la existencia de las familias que hoy sufren al no encontrar las cenizas de sus padres, madres o hermanos, de personas que encontraron la muerte en una España que no debe volver esa que se conformo por la germinación de la intolerancia, la radicalización y el enfrentamiento. Hoy construir la memoria historia es construir el futuro de un país en el que algunos preguntan aún en cementerios de exilio como el de Colliure ¿hemos llegado ya a Sevilla?

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