De las elecciones celebradas el domingo la primera y evidente consecuencia que se puede extraer es que de las cuatro fuerzas políticas mayoritarias sólo el Partido Popular acertó en la estrategia. Y eso representa que las tres restantes se equivocaron. Como decía Azaña, en política, como en física, hay leyes que no se pueden vulnerar o, al menos, vulnerar impunemente, lo cual no es bien entendido, singularmente por las fuerzas de izquierdas, en la mayoría de las ocasiones como el protagonista de la novela “La conjura de los necios”, resignadas  y comparándose a sí mismas con Boecio, el cual aceptó sin queja su propia ejecución. La falta de una identidad ideológica definida, la búsqueda de la aceptación de una arquitectura sistémica que niega los principios que deberían constituirla, el abandono de su propia sociología para buscar un inexistente centro político, el intento de una transversalidad imposible que acaba en un acercamiento al conservadurismo, las convierte como en la novela de John Kennedy Toole en rehenes de su propia necedad.

El discurso de la derecha y su aparataje mediático es asumido y reelaborado por el Partido Socialista para arrojarlo contra Podemos con todos los aditamentos propagandísticos más conservadores como los artefactos conceptuales de populismo, radicalismo, antisistema, cuyas imprecaciones solo pueden venir desde un ámbito ideológico derechista, lo cual conduce a situar al Partido Popular en el artífice más adecuado para frenar ese potencial peligro. El PSOE se ha unido a una retórica que no le pertenece y por tanto sólo es identificable con planteamientos que sólo la derecha puede asumir y como una conjura de los necios, desatinando en su posición y función en la sociedad, alimenta la razón de la derecha.

Podemos era una necesidad histórica en un momento de malestar ciudadano con el sistema de la Transición que puede diluirse en la anécdota si no acaba de entender cuál es su espacio ideológico, político y social. Sacar la indignación de la calle para llevarla a las instituciones mediante la indefinición y el equívoco solo es una manera de servir a la inmovilidad del sistema que se quiere transformar. La búsqueda de una transversalidad impropia como un salto en el vacío, la volatilidad ideológica donde cada día se es una cosa distinta a la anterior y cada vez más moderada, el abandono paulatino del discurso que les hizo emerger de una forma contundente al espacio político, hace a la formación morada muy vulnerable a los múltiples ataques de la narración conservadora y desorienta a sus seguidores.

Por su parte, Ciudadanos es víctima de su propio origen y propósitos. Una fuerza política derechista, travestida de centro ambiguo,  nacida para frenar el nacionalismo catalán y las potencialidades del autogobierno y eyectada al espacio de la política nacional, ha visto como se achica su influencia simplemente porque su utillaje ideológico conservador le deja poco hueco a la novedad y a constituirse en algo inédito en el espectro derechista del régimen de la Transición.

La asunción de los fantasmas que airea la derecha por parte de unos y la indefinición de otros produce que la corrupción generalizada y las enormes desigualdades económicas que se sustentan en la existencia de privilegios y minorías  con un poder económico y político irrestricto y que influyen excesivamente en decisiones colectivas que acaban orientándose a los intereses particulares y no a los generales, no esté en el debate para contento del IBEX 35. Ello abona la tesis de Acemoglu y Robinson que dice que la calidad de las instituciones determina los éxitos o los fracasos de los países.

La banalidad como argamasa de la tendencia oligárquica de la vida pública produce una radical abolición del pensamiento como motor de la acción política que ha dejado de ser, como describía Azaña, un movimiento defensivo de la inteligencia, oponiéndose al dominio del error. Esta banalización de la política, el derrocamiento de la creación dirigida hacia el bien público, las tendencias oligárquicas como parte de un sistema cerrado y su consecuente desprestigio ante la ciudadanía, constituyen un profundo vacío en la racionalidad del diagnóstico y la solución de los problemas planteados por la crisis institucional y política que padece el país.

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2 Comentarios

  1. Al final la gente vota por puro instinto gregario y sentimental. Y en el último momento se han echado en brazos de Rajoy porque le han visto cara de ser mejor chico y de hablar más tranquilo.

    Además del gregarismo sentimentaloide los electores adolecen de falta de memoria, porque Rajoy paseo ese mismo perfil hace 4 años

    http://unalatadegalletas.blogspot.com.es/2013/05/mariano-rajoy-y-las-cincuenta-sombras.html

    Y luego gobernó como un déspota chiflado:

    http://unalatadegalletas.blogspot.com.es/2013/07/luis-barcenas-y-las-cincuenta-sombras.html

  2. De PUCHERAZO …¿no hablamos ?La empresa encargada del recuento final…no es de fiar ,por sus actuaciones,y del ministro de exterior,que tiene competencia en revisas esos resultados,ha tratado por todos los medios,de encontrar algo contra cualquiera de PODEMOS ¿ que ha pasado con el documento,que tenia ,la firma de Hugo Chavez,y que confirmaba,que PODEMOS ,estaba financiado por Venezuela ??
    ¡POBRE ESPAÑA !!

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