Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo, cabeza de cartel de Adelante Andalucía, la confluencia andaluza de Podemos e IU.

El enfoque o perspectiva desde el que se analiza un fenómeno social o acontecimiento nos permite obtener unas conclusiones más o menos ajustadas a los principios y valores políticos desde los que se pretende llevar a cabo dicho ejercicio. Por ello, en el caso de las elecciones andaluzas, si partimos de los criterios de una izquierda que se dice transformadora la perspectiva empleada también debe llevar su sello. Solo de esta forma, los componentes de dicho grupo, pueden apartarse de los simplones y reduccionistas análisis que, desde el ámbito ideológico y propagandístico del statu quo, se viene vociferando en torno a la ultraderecha y Adelante Andalucía.

En ese sentido, las conclusiones sobre la “aparición” de la extrema derecha en el Parlamento andaluz no pueden vincularse, exclusivamente (todo ello responde a fenómenos mucho más complejos), a la amplia publicidad dada por los mass media; al movimiento secesionista catalán o la llegada de inmigrantes a nuestras costas.

Así mismo, tampoco puede decirse que exista una “pérdida” de votos de Adelante Andalucía (si entendemos dicha formación como la simple suma de Izquierda Andalucista, Izquierda Unida, Podemos y Primavera Andaluza); que dicho resultado deba contemplarse como un fracaso de la suma (algunos gurús ya dicen que resta más que multiplica); que no debió aplicarse un discurso en clave andaluza; y que irremediablemente hacen falta que se produzcan inmediatas dimisiones de los máximos responsables organizativos.

Quienes se suman a esta simplona retahíla expositiva, y se dicen de la izquierda transformadora, deben reconocer que dicho análisis es coincidente al 100% con el que se hace desde el establishment y que, por tanto, al tener una perspectiva que parte del mismísimo statu quo son incapaces de obtener unas conclusiones reflexivas y constructivas sobre el proceso electoral vivido recientemente en Andalucía.

En ese sentido, debemos partir del análisis del contexto político, económico y social de Andalucía en el Estado español, es decir, de nuestra tierra en la crisis de régimen que desde 2008 se viene produciendo y que, en el seno de una economía de mercado y una sociedad posmoderna, está socavando las bases del sistema nacido durante la Transición. Un momento histórico en el que no solo se está cuestionando el régimen desde un punto de vista progresista, sino que también existe un ala conservadora que aspira a endurecer los principios que dieron forma a todo este entramado llamado Estado español (de ahí esos 12 diputados).

Además, todo ello se produce en un momento de clara debilidad de la socialdemocracia que, en Andalucía, ha estado representada mayoritariamente por el PSOE. Dicha organización, mientras ha mantenido una intensidad ideológica media, ha servido de parapeto electoral o caladero de votos (cuando había descontento en las filas socialdemócratas), de una izquierda alternativa incapaz de llegar a un amplio electorado. De esta forma, en cuanto la capacidad de la socialdemocracia para movilizar cae, las opciones de sumar, en ese espacio y por esa vía, también se reducen.

Por tanto, ante un contexto nada favorable para plantear una alternativa al régimen del 78’ en Andalucía –con una economía de mercado consolidada, una sociedad individualista y desclasada, y una socialdemocracia en decadencia–, nace Adelante Andalucía. Un proyecto que habla de gestión administrativa sino de transformar la economía y la sociedad o, lo que es lo mismo, hacer que la sociedad andaluza transite en el sentido contrario al iniciado hace casi 80 años.

Además, la coalición se crea en torno a un programa en el que las formaciones ceden espacio y discurso para que todos puedan tener cabida. Pese a ello, es inevitable que se genere cierto rechazo hacia sus respectivas formaciones por todos aquellos militantes, simpatizantes y votantes ortodoxos que, sin más remedio, entienden que el resultado de esta coalición política es “otra cosa”. Y, ese ser “otra cosa” es, precisamente, el éxito de Adelante Andalucía.

Un éxito porque ha construido algo “inédito” hasta el momento (entrecomillo inédito porque habrá quién lo compare, yo no lo veo así, con la formación en su tiempo de Convocatoria por Andalucía), como es la gestación de un amplio espacio para la izquierda nacionalista andaluza. Capaz de alcanzar un apoyo popular que, electoralmente, se transforma en 17 diputados pero que, desde el punto de vista social, económico y político, surge como una fuerza política alternativa en este contexto de crisis de régimen.

En ese sentido, hacer un análisis del tipo numérico y reduccionista, sin tener en cuenta el fenómeno al que se ha enfrentado la izquierda transformadora en estas elecciones, es la labor, insisto, del establishment que aspira a conservar el statu quo y de aquellos que se dicen de izquierdas y aspiran a figurar en los sillones de las tertulias políticas de los mass media.

Por ello, tras el final de las elecciones, los analistas y políticos de la izquierda transformadora andaluza deberían estar insistiendo en la generación de cauces y medios para consolidar dicho proyecto. Unas propuestas que, como siempre, deben partir de dotar a la población (por parte de todas las organizaciones que forman Adelante Andalucía), de un pensamiento crítico, reflexivo, transformador y liberador desde el que afrontar con mayor éxito los próximos acontecimientos.

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