Aunque todo parezca igual, aunque todo parezca que no se mueve, aunque todo parece inalterable, corren nuevos tiempos, que pueden ser la antesala de cambios importantes en la política española y catalana.

Como bien dice Junqueras, la República será fraternal o no será. Cuestión con la que estoy totalmente de acuerdo, y añado que, o será de todos o no será. Tampoco quiero una República solo para unos, quiero una República para el bienestar de toda la gente, para mejorar la calidad social, humana y democrática de todo su conjunto. Una república que no entiende de lenguas, ni de orígenes, ni de himnos ni banderas; sino que entiende de libertad como el mayor de los valores del ser humano a nivel individual y colectivo. Y es a partir de ese derecho universal, que defendemos el derecho a la autoderminación, que no es más que el poder decidir sobre el futuro de nuestro país, estado y sociedad.

Es poder decidir cómo queremos que sea nuestro estado. Un debate que no solo debería surgir de los sentimientos independentistas, o en Cataluña, sino que debería de incrustarse fuertemente en aquellos demócratas republicanos presentes en el Congreso de los Diputados.

Un modelo de estado, donde la democracia y la libertad de sus conciudadanos brillan por su ausencia, es un estado en decadencia. Y estoy seguro, que la izquierda española, también se está haciendo esta profunda reflexión. Es imposible pensar, al menos así lo considero yo, que PSOE y Podemos, puedan estar al lado y pensar igual que aquellos que usan las instituciones para beneficio de su interés partidista, de aquellos que no gobiernan, sino mandan a golpe de reales decretos de su majestad el Rey Felipe VI.

Está claro que el estado de España, está en decadencia. Ya no es un estado social, ni democrático y de derecho, si alguna vez lo fue. No es un estado social, porque no defiende los intereses justos e igualdades de sus conciudadanos, desde el momento en que es capaz de recurrir cualquier ley que signifique una mejora social para la ciudadanía, y si no, que se lo pregunten a Cataluña con las 46 leyes suspendidas por el TC, entre ellas muchas sociales.

Pero tampoco es democrático cuando no permite que, con todo su derecho, una parte del territorio estatal pueda decidir de forma pactada en referéndum su futuro. Y tampoco es un estado de derecho, porque en vez de proteger a sus ciudadanos, lo que hace es retorcer el ordenamiento jurídico para mantener a 9 personas en prisión preventiva injustamente y de forma desproporcionada. Cuando saben perfectamente, que los delitos que se quieren tipificar – rebelión y sedición-, no se dan, principalmente porque no los hubo y porque por mucho que quieran, el pacifismo nunca podrá ser violento.

Y dejando los aspectos soberanistas de Cataluña, este estado está en decadencia porque no quiere ser republicano. Entiendo perfectamente que la derecha española y sobre todo, la más radical, no lo sea porque vienen de donde vienen, de aquellos que no quieren desenterrar al caudillo, y en caso de hacerlo, convertirlo en santo en la catedral del reino. Pero Podemos y PSOE no pueden mirar hacia ese mismo lado, deben de ser valientes, y ver que la forma de monarquía parlamentaria, no solo está en desuso por ser retrograda y arcaica, sino porque choca brutalmente con los valores de justicia social, de igualdad y de fraternidad de un estado moderno.

Pero, como hombre de fe que me considero, creo que la izquierda española se está moviendo. Y celebro los numerosos encuentros y reuniones entre ambos gobiernos, el catalán y el español. Y celebro la visita de Iglesias a Junqueras, y celebro el plante del sector soberanista de los Comuns en Cataluña. Celebro que la izquierda española está empezando a reaccionar de lo que tantas veces desde Cataluña se le ha querido decir: No pueden ser cómplices de la represión ni del autoritarismo, han de ser cómplices de la construcción de la República. Y solo hay una forma de hacerlo, basada en el diálogo y en la negociación fraternal y de verdad, de cara a cara.

La política es dialogar, es consensuar, es negociar. A veces costará más, otras veces menos, y naturalmente que ante la situación de enorme complejidad en la que estamos inmersos la dificultad es mucho mayor.

Estos días se habla mucho de quién debe negociar y que se debe negociar. Hemos de partir de la premisa que para negociar debe haber un diálogo transparente, de tú a tú, sin tapujos, pero con ánimos de querer hablar, las palabras deben ser seguidas de hechos, y estos de gestos concretos. Y el diálogo solo puede ir acompañado de justicia.

Lo he dicho un montón de veces, y lo vuelvo a repetir, es mucho mejor tener un gobierno de Sánchez, que un gobierno de Casado, Rivera o de Vox. Es mucho mejor tener un presupuesto estatal del PSOE y Podemos, que no tener presupuesto o mantener el del PP. Pero también es mucho mejor para ese diálogo, que los gestos sean hacer justicia, y mover ficha a través de los instrumentos que tiene a su alcance el gobierno estatal, para que los juicios sean justos, para que la tipificación sea la correcta y para que al final, no haya condena, sino absolución. Porque este hecho querrá decir que la verdad de forma justa y transparente se habrá impuesto.

Hagamos del diálogo el mecanismo para avanzar en los anhelos de Cataluña y en la necesidad de transformación de España. Pero ha de ser sincero, abierto a la verdad, con gestos profundos, como aquel que explica el evangelio del incidente de Antioquía entre Pablo y Pedro, entre conflictos de los diferentes grupos de los primeros cristianos que no sabían escoger el camino, y supuso una lección tanto para Pedro como para Pablo. Porque solo el diálogo sincero, abierto a la verdad del Evangelio, pudo orientar el camino del cristianismo. Y solo el diálogo de verdad, sincero y real, que haga el gobierno de Sánchez con Cataluña será capaz de poder resolver el conflicto.

No hagamos brindis al sol, sino como alas al viento que quieren volar, hagamos que el viento sople en total libertad, porque solo así, habrá justicia e igualdad.

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Jurista, licenciado en Derecho y Geografía por la UAB, especialista en derecho administrativo y Seguridad pública. Posgraduado en liderazgo político y políticas sociales, y en medio ambiente. Cursos de doctorado en seguridad pública. Ha sido profesor de derecho de la UAB. Durante años fue concejal socialista de Sant Celoni donde fue teniente alcalde y otras responsabilidades (Seguridad ciudadana, juventud, Servicios generales, Recursos humanos y Economía, y también presidente del Consejo de Pueblo de la Batllòria), fundó las juventudes socialistas del municipio en 2003. Y formó parte de la candidatura de José Montilla por el PSC en las elecciones al Parlamento catalán de 2006. Dejó la militancia en el PSC en el 2014 para votar libremente en la consulta del 9 de noviembre. Actualmente forma parte del movimiento socialista de Avancem y militante d’Esquerra Repúblicana de Catalunya, ha formado parte de la candidatura de ERC al Congreso de los Diputados de 2015 y 2016. Es vicepresidente de Súmate. Nacido en Barcelona, hijo de andaluces y criado entre Cataluña y Granada. Sus valores: Pluralismo y diversidad, es suma de la dignidad.

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