Una de las amenazas más importantes que sufre España son las drogas. Tanto para la salud y el bienestar de millones de españoles que ven como sus vidas están afectadas directa o indirectamente, como para la seguridad de nuestra sociedad y nuestras instituciones, que pueden verse gravemente comprometidas por las cantidades ingentes de dinero proveniente de un narcotráfico que todo lo contamina.

Hace unos días, en todos los medios de comunicación se destacaba la noticia de que unos veinte encapuchados habían entrado en un hospital de La Línea. Y tras forcejear con los policías, que custodiaban al presunto cabecilla de una red de tráfico de drogas de la zona, lo habían liberado.

La información, más propia de una película o de una serie de narcos que de un país como España, muestra a las claras la necesidad de erradicar ya está lacra que con dinero, mucho dinero fácil, se está apoderando de numerosas zonas de algunas ciudades, aprovechando la situación de exclusión social de amplias capas de la población.

En paralelo a estos hechos, se presentaba, por parte del gobierno de España, la Estrategia Nacional sobre Adicciones 2017-2024. Un documento participativo y de consenso, que plantea como objetivos generales: disminuir los daños asociados al consumo de sustancias con potencial adictivo y los ocasionados por las adicciones comportamentales; disminuir la presencia y el consumo de sustancias con potencial adictivo y las adicciones comportamentales; y retrasar la edad de inicio a las adicciones.

Objetivos significativos e importantes, que necesitan de la complicidad de toda la sociedad. Pero sobre todo, de la acción de un gobierno de España que, en estos momentos, se encuentra sin presupuestos y paralizado por la situación interna que se está viviendo en un Partido Popular acorralado por la corrupción.

Hay que ser contundentes. No son posibles ni aconsejables las demoras en esta cuestión. Un tercio de la población española ha consumido alguna droga ilegal en su vida. Alrededor de 9,8 millones de españoles de entre 15 y 64 años han consumido cannabis al menos una vez en su vida. 2,6 millones han probado la cocaína. 1,08 millones alguna nueva sustancia psicoactiva. Y, 65.322 adultos son usuarios de alto riesgo de opiáceos.

Pero, más grave aún es que, según los datos de EDADES 2015-16, las drogas que más se consumen entre la población de 15 a 64 años, son legales: el alcohol (77,6 por ciento; 9,3 por ciento a diario) y el tabaco (40,2 por ciento; 30,8 por ciento a diario) seguidas por los hipnosedantes, con y sin receta (12 por ciento; 6 por ciento a diario).

No puede verse como normal algo que no lo es. Por este motivo, hay que combatir el consumo de drogas ilegales. Y especialmente, las dos que más se utilizan: el cannabis, consumido por el 9,5 por ciento de la población y por un 2,1 por ciento a diario, y la cocaína, por un 2 por ciento. Estas cifran, más elevadas que en otros países de la UE, ocultan el problema que están padeciendo muchas personas, especialmente adolescentes y adultos hasta mediana edad (15 a 34 años y principalmente varones), que es donde se concentra en gran medida el consumo de drogas.

No es normal la precocidad con que se inicia el consumo de drogas. Primero, las legales, con el tabaco a los 16,4 años y el alcohol a los 16,6 años. Y después, las ilegales, con el cannabis a los 18,3 años. Pero, donde el porcentaje de consumidores de cannabis entre los menores de 15-17 años (12,6 por ciento) es mayor que entre los mayores de 35 años (5,5 por ciento).

No es normal que el policonsumo esté cada vez más extendido. Y en un 90 por ciento de los casos traiga aparejado un consumo de riesgo de alcohol y cannabis.

No es normal que en paralelo al aumento del consumo, disminuye del 82,4 al 79,8 por ciento la población que considera una conducta de riesgo el consumo de cannabis.

No es normal que aunque siguen siendo mayoría quienes consideran que no ayuda a resolver el problema, aumentan del 33,1 por ciento al 37,4 por ciento los encuestados que piensan que es importante la legalización del cannabis.

No es normal la falta de medios de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado para combatir a los narcos. Como tampoco lo es algunas actuaciones llevadas a cabo por la judicatura que han llevado a la calle a algunos de estos delincuentes, que han vuelto a reincidir.

Estamos a tiempo de impedir que lágrimas de droga inunden nuestras calles. Estamos a tiempo…

 

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