· Pedro Sánchez abona el terreno para la gran coalición.


En mi anterior artículo «¿Sí?» reflexioné sobre el peligro que tenía, en la situación política actual y tras la lamentable gestión de la política de pactos en la anterior legislatura por parte de Pedro Sánchez, plantear la campaña electoral como si fuera un referéndum frente al resto. Los acontecimientos acaecidos en esta semana me llevan a plantearme si Pedro Sánchez, su equipo de campaña, los miembros «pedristas» de su Ejecutiva y la «clá» de militantes que de buena fe confunden el aplaudir todo lo que haga el secretario general con la lealtad, tienen una clara voluntad de suicidio o es que no dan para más. Hagamos un breve repaso a lo acontecido a lo largo de esta semana:

El debate

Pedro Sánchez tenía una oportunidad maravillosa de aprovechar el debate a cuatro para presentar a los españoles el programa electoral del Partido Socialista, un buen programa que se queda corto en algunas cosas pero que en su conjunto es muy completo. Sin embargo, se presentó ante los ciudadanos con aire de mártir queriendo dar a entender que era víctima de esos chicos tan malos que son Podemos. La constante repetición de la coletilla de que ciertas medidas que anunciaba ya podían estar puestas en marcha si «Pablo Manuel Iglesias no hubiese votado «no» a su investidura» hizo que muchos nos sintiéramos decepcionados. En un debate de este tipo, con la polarización del voto que hay y con el alto volumen de indecisos hay, que presentarse ante los españoles con aire ganador, dando por hecho que el proyecto que se encabeza es mejor que el de los demás. Pedro Sánchez hizo lo contrario. Estaba clara la intención del socialista de intentar con esta actitud perdedora, y nada presidenciable, dar pena a los electores e intentar rascar votos a los muchos socialistas que ya no confían ni en el proyecto de este PSOE ni, por supuesto, en este candidato. Además, en este planteamiento de culpar a Iglesias hay un poco de trampa porque Sánchez oculta que Podemos no votó «No» al PSOE sino que lo hizo al Pacto de la Vergüenza de los socialistas con la franquicia del Tea Party en España.

Otro error gravísimo que cometió con esta actitud fue entrar en el juego de la polarización que han querido introducir en la campaña tanto el PP como Podemos. Elegir como adversarios a Rajoy y a Iglesias hizo muchos ciudadanos vieran a estos dos políticos como los verdaderamente presidenciables y a Sánchez como el «macho gamma» que quiere medrar en la manada. Tampoco ayudó mucho que apenas se enfrentara con su «socio» Rivera tras el «Pacto de la Vergüenza». Parecía como si hubiera un pacto de no-agresión entre ambos, lo que dio la sensación de que tanto PSOE como C’s comparten muchas cosas. Si ese acuerdo absurdo ya fue una de las causas principales del bloqueo y de la convocatoria electoral del 26J, que ni Rivera ni Sánchez se atacaran en exceso dio la confirmación a muchos votantes, tanto conservadores como progresistas, que su voto será más útil si lo dan al PP o a Podemos que a Ciudadanos o al PSOE.

Finalmente, Pedro Sánchez volvió a cometer uno de sus errores más comunes: la utilización de la primera persona del singular al presentar sus propuestas en vez de hacer lo que hicieron sus contrincantes que usaban constantemente la del plural. Ese repetir el «yo» en vez del «nosotros» le da una imagen de ególatra y de personalización total de un proyecto que no está compuesto por él solo que a mucha gente no le gusta y, por tanto, aleja a votantes que siempre han depositado su confianza en el PSOE pero que aún están dudando de si seguir siendo fieles a los socialistas o entregársela a otras opciones.

La negativa a pactar con Podemos

En el PSOE se está produciendo una situación de inadaptación al escenario político que se ha ido generando en España a causa de la crisis económica y de sus consecuencias que les está llevando al absurdo más absoluto. Parece que no se han enterado de que la aparición de Podemos, con todos sus defectos, ha dividido aún más el voto de izquierda y que ahora ya no son el partido hegemónico del progresismo. Cuando me refiero a hegemonía lo hago pensando en la situación anterior en que el siguiente partido de izquierdas se encontraba a cientos de escaños y a millones de votos de diferencia no en quedar por encima del otro por unos miles de votos y por una veintena de diputados. Esta inadaptación al nuevo escenario y la incapacidad de llegar a un acuerdo de gobierno con Podemos y sus confluencias ha hecho que el PSOE se haya presentado ante los españoles en esta campaña con la idea de un enfrentamiento directo con el partido de Pablo Manuel Iglesias. En el Partido Socialista hay mucho miedo a que la coalición Unidos Podemos les supere tanto en votos como en escaños y que se dé la sensación de iniciarse un proceso de «Pasokización» en nuestro país. Por eso han tenido la «genial» idea de enfrentarse en campo abierto con los de Iglesias y Garzón. No han entendido nada de lo que está ocurriendo y, por ende, están perdiendo intención de voto cada día que pasa.

El hecho de que dirigentes como Antonio Hernando hayan afirmado con rotundidad que con Podemos no hay nada que hacer demuestra una ineptitud supina, sobre todo cuando en todos los sondeos la opción favorita de los españoles para conformar gobierno es la coalición entre Unidos Podemos y el PSOE. Sin embargo, la estrategia que han planteado los «doctores Bacterio» de Ferraz va en contra incluso de las preferencias de los españoles: con Podemos no se pacta. Consecuencia: más votos para Iglesias. Las propias declaraciones de Pedro Sánchez o de Susana Díaz en las que dan por hecho que se prefiere la oposición a pactar con Iglesias si éste queda por delante de los socialistas hacen que cientos de miles de ciudadanos progresistas alucinen y busquen que su voto tenga más valor, es decir, que se lo darán a quien les asegure que no van a permitir que la derecha siga gobernando. La rotunda negativa al pacto con Podemos hace que las llamadas al voto útil de los socialistas se transforme en una papeleta para los morados.

Y habló Jordi Sevilla para enmerdarlo todo aún más…

A todo esto vino el tuit de Jordi Sevilla en el que afirmaba que «Para evitar terceras elecciones, si no hay mayorías, debería dejarse gobernar al candidato que consiga mayor apoyo parlamentario», es decir, que planteaba que no era descartable que el PSOE dejara gobernar al PP. Aunque el tuit no lo afirma claramente, si unimos su contenido a lo visto anteriormente sobre la negativa al pacto con Podemos, comprobamos que hay un importante sector del Partido Socialista que estaría dispuesto a cualquier cosa, incluso permitir gobernar a Rajoy, antes que apoyar a Iglesias para que éste sea presidente. Algo insólito, que un partido de izquierdas permita gobernar a la derecha con tal de que el otro partido progresista no llegue al poder.

¿Voluntad suicida o ineptitud?

Las consecuencias para el PSOE de toda esta estrategia de campaña van a ser terribles. Ya todo el mundo da por hecho que Podemos les superará tanto en votos como en escaños. Pedro Sánchez va a lograr algo que parecía imposible de conseguir: romper un nuevo suelo electoral y que se produzca el «sorpasso». Este hombre siempre se supera a sí mismo en lo que se refiere a conseguir fracasos y la estrategia que ha adoptado en la campaña de ataque frontal a Podemos porque en Ferraz afirman que de este modo se va a recuperar voto está ayudando de manera decisiva a que el primer secretario general elegido por la militancia supere holgadamente los niveles lamentables del fiasco del 20D.

La situación del Partido Socialista y la falta de reacción por la incidencia en la táctica de minusvalorar a Podemos denota o una ineptitud suprema o una evidente voluntad de suicidio político. Territorios donde ya se fracasó estrepitosamente en diciembre pueden convertirse en clavos del ataúd de Sánchez. Por ejemplo, el caso de Madrid es claro. El 20D la lista que encabezaba el propio Sánchez quedó en cuarto lugar con tan sólo 6 escaños, cuando en 2.008 se consiguieron 15 y en 2.011 10, dejando fuera del Congreso a referentes del socialismo español como Eduardo Madina. Sin embargo, el 26J todo indica que va a ser peor ya que, incluso peligran, los puestos 4 y 5 de la lista. ¿Por qué está ocurriendo esto en Madrid? ¿Es una consecuencia de la desmotivación de los socialistas madrileños tras ser testigos de cómo intervenían sin motivo su Federación colocando en la Ejecutiva Regional a afines a Sánchez? Los que vivimos en Madrid sabemos que mucho de esto hay. Sin embargo, Madrid no es el único territorio donde peligran escaños que irán a engrosar la bolsa de Unidos Podemos. Un caso significativo es el de Andalucía, donde los sondeos indican que hay prácticamente un empate técnico entre PP, PSOE y Unidos Podemos. Son muchos los escaños que gracias a la Ley D’Hont están bailando. La propia actitud de Susana Díaz de buscar en enfrentamiento frontal tampoco ayuda porque da la sensación de que está llevando su animadversión hacia Teresa Rodríguez (animadversión que tiene toda su lógica) al terreno electoral. ¿Sánchez también logrará que Andalucía deje de ser el granero de votos socialista? Este hombre, si hablamos de fracasos, es un genio y siempre se supera a sí mismo y es muy capaz de lograrlo.

Son tantos los factores que hacen que el PSOE vaya a tener, no ya el peor resultado de su historia, sino una debacle en toda regla, que debería hacer reflexionar a los «doctores Bacterio» de Ferraz, a esos presuntos lumbreras encargados de la estrategia electoral. Aún hay tiempo y en una semana de campaña se puede remontar pero el futuro pinta muy mal.

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