Desde hace unos años se habla en Argentina de la grieta que divide a los defensores y a los detractores de las políticas implementadas por el gobierno peronista de Cristina Fernández. Así, se fueron agrupando a uno y otro lado, sectores que analizaban la realidad de manera dicotómica y cualquier opinión diferente a la propia se veía como una agresión al pensamiento propio. No había lugar a opiniones que no fueran estas dos y cualquier atisbo por fuera de esas opciones era rápidamente asimilado a uno de los dos sectores.

Así, desde estas perspectivas se analizó (y aún se analiza) cualquier hecho político que sucede en el país. Por ejemplo, si la Justicia avanza en la investigación de hechos de corrupción, los peronistas dirán que es una persecución contra sus líderes y quienes no lo son dirán que se trata de un acto de justicia. Pero no sólo aquí se notan las diferencias sino que es más profundo, porque todo se analiza desde el prejuicio, y en lugar de tener visiones diferentes, se acusa al diferente de pretender ajustar los hechos a su pensamiento, sin aceptar que se critica en el otro lo que uno mismo hace.

El último hecho en el que se puede ver con claridad esta situación es la aparición de un cuerpo en el río Chubut, que según la información con que contamos, parece ser el cuerpo de Santiago Maldonado, desaparecido tras una protesta reprimida por las fuerzas de seguridad en el sur del país más de 80 días atrás.

Inicialmente, mientras Santiago estaba desaparecido (técnicamente lo está aún, aunque su hermano a anunció que el cuerpo hallado corresponde a su hermano) se asociaba el reclamo por su aparición con posturas pro kirchneristas y anti gobierno, mientras que el silencio te convertía en represor. En realidad no era ni una cosa ni la otra, puesto que lo que debía movilizar a la ciudadanía era una cuestión humanitaria, o como reflejaba una imagen que por estos días se viralizó en Argentina, ‘si no te interesa que hicieron con un desaparecido no tenemos diferencias políticas, tenemos diferencias morales, éticas y humanas.’ Y lo que debió haber sido un reclamo común a toda la ciudadanía, no fue así y de hecho fue aun peor tras la aparición del cuerpo, donde quedó de manifiesto la peor grieta, la grieta de valores.

El tiempo transcurrido entre la desaparición de Maldonado y la aparición de este cuerpo, 78 días, y el lugar en donde aparece, que según reflejan la mayoría de las crónicas había sido rastrillado en al menos una oportunidad, dio lugar a un sinnúmeros de elucubraciones que iban desde que Gendarmería Nacional lo había secuestrado y tras matarlo plantó el cadáver dentro de la reserva mapuche donde se encontró, a que Maldonado había muerto, los mapuches habían retenido su cadáver y ahora lo plantaron donde apareció. Es decir, todos desconfían de todo, y en extremo es lo enunciado por el hermano de Maldonado quien afirmó que estuvo 7 horas junto al cadáver tras su hallazgo porque no confiaba en lo que podía suceder.

Cuando Sergio Maldonado, hermano de Santiago, anunció al periodismo que el cuerpo hallado era el de Santiago afirmó que ‘A partir de ahora esto no quita que el responsable es Gendarmería, por lo cual nosotros seguimos investigando para que se sepa la verdad y tener justicia’, incluso antes de la investigación judicial sobre las causas de muerte de su hermano y las circunstancias en que esta se dió. Este tipo de declaraciones, entendibles desde el dolor que vive el hermano, no lo son de quienes quieren sacar provecho de este hecho, puesto que aún no hay certezas concluyentes de dicha responsabilidad.

Y todo realizado en un escenario de cuestionamiento a la normativa vigente y la propia existencia del Estado, puesto que el Pu Lof Cushamen, el territorio donde asienta la comunidad mapuche, es considerado por este pueblo originario como territorio sagrado y en su ámbito no se aplica la ley argentina, puesto que son ellos quienes deciden arbitrariamente quien puede acceder y quien no al Pu Lof, para aplicar la ley vigente.

Como se ve la peor grieta argentina es la de los valores, sobre qué valores se defienden, y tener la confianza en que quien está a nuestro lado también los va a defender.

Valores como la justicia, decencia, honestidad y el buen hacer están hoy en duda para muchos argentinos. Sin poder generar consensos en torno a estas cuestiones, mal se podrá avanzar en otros acuerdos.

La grieta sigue dividiendo a los argentinos, pero es una grieta más amplia y más profunda que la que se menciona, es una grieta moral que si no logramos solucionarlo Argentina no podrá tener un buen futuro.

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