Cuando parecía que no iban a entrar los Alfonso Guerra mitineros de turno en estas cruciales elecciones, mira por dónde aparece el más inesperado, ni más ni menos que el mismísimo Felipe González haciendo las veces de su eterno número dos aunque le pese, Alfonso Guerra, la cabeza pensante de un socialismo que ha hecho saltar todas las alarmas tras el debate televisivo del pasado 7 de diciembre.

Sea por intereses cruzados entre los distintos partidos en liza, sea por una actuación demasiado teledirigida por sus asesores de comunicación o simplemente por una absoluta falta de empatía con el tradicional votante socialista, lo único en lo que coinciden una amplia mayoría de opinantes y ciudadanos al respecto es que Pedro Sánchez fue el gran perdedor del debate a cuatro. ¡Alarma total en Ferraz!

Apenas bastaron unas horas para que Felipe González se enfundase de nuevo su chupa de cuero y su jersey de lana antes de subir presuroso al atril y despertar los fantasmas cual Guerra en sus mejores momentos de puño en alto y colmillo afilado. “No me resigno ni quiero que os resignéis; este es un gran partido que a veces ha pasado por dificultades”, dijo el amigo y asesor del multimillonario mexicano Carlos Slim durante un mitin en la localidad madrileña de Vicálvaro (Madrid) para intentar levantar el ánimo y la intención de voto en las filas socialistas.

Tras relativizar el acierto de las encuestas electorales recordando que a él le daban una contundente derrota ante Aznar en 1996 y sólo se quedó a un punto del PP, quiso aupar el ánimo mortecino de un PSOE al que desde Podemos y PP le dan ya por vencido y con pase definitivo a la reserva. “Una cosa es la opinión pública y otra la publicada”, dice González, buen conocedor de cómo se cuecen las encuestas demoscópicas de distinto pelaje, ya sean las encargadas por grandes grupos de comunicación o las que se cocinan en los trasteros del Estado para salvar los muebles del gobierno de turno.

A partir de ahí, el expresidente desenfundó su habitual verbo fácil, pero también es cierto que ya se le notan demasiado los años y el cansancio acumulado, y hasta el aburrimiento que le provoca subirse al autobús electoral como hasta hace dos días le pasaba idénticamente al sentarse en aquel consejo de administración de gran multinacional.

Mira si los tiempos han cambiado que ya ni siquiera carga las tintas contra su bestia negra de siempre, el PP. Esta vez, el monstruo luce coleta sujeta con gomilla y viste camisa de saldo de gran superficie comercial. “No os fieis de nadie que cobre por asesorar a un Gobierno como el de Venezuela”, dijo en alusión directa a Podemos.

“Los que hablan aquí de las puertas giratorias se han olvidado de Venezuela y lo que cobraban por asesorar a ese Gobierno… ¡Nos quieren dar lecciones de principios los dirigentes de nuevos partidos que han asesorado a Gobiernos como el de Venezuela que han llevado a su país al desastre!”, añadió el expresidente español, plenamente consciente de que las hemerotecas están llenas de periódicos escritos negro sobre blanco.

Felipe González fue amigo íntimo del expresidente venezolano Carlos Andrés Pérez, condenado por corrupción y fallecido en 2010 en su exilio dorado de Miami, al que dedicó un sentido obituario

Y estas hemerotecas recuerdan que Felipe González fue amigo íntimo del expresidente venezolano Carlos Andrés Pérez, condenado por corrupción y fallecido en 2010 en su exilio dorado de Miami, al que dedicó un sentido obituario que comenzaba así: “Ha muerto como un desterrado sin dejar de mirar a su tierra, Venezuela, a la que dedicó su vida, sus esfuerzos, su pasión. Por ninguna razón merecía ese destino, incluyendo el procesamiento que lo sacó de su segunda presidencia de la República”. Y sentenciaba a continuación por si no había quedado claro: “Carlos Andrés Pérez ha sido mi amigo durante casi cuatro décadas”.

Cabe recordar que el gobierno de Felipe González ofreció al entonces presidente venezolano una ayuda de 600 millones de dólares para contrarrestar las severas medidas económicas que había impuesto Pérez en el país caribeño a instancias del FMI. Todo ello después de que en febrero de 1989 muriesen reprimidos por las fuerzas de seguridad del Estado unos 3.000 venezolanos (a día de hoy aún no se saben cuántas personas fueron asesinadas en aquellos disturbios) que protestaban por la situación de hambre y miseria que atravesaba el país. Fue el llamado Caracazo. Felipe González no tardó más de dos días en regar con millones de dólares a un régimen que aún tenía las calles manchadas de sangre tras haber reprimido de forma inmisericorde a su propio pueblo.

Felipe González no tardó más de dos días en regar con millones de dólares a un régimen que aún tenía las calles manchadas de sangre tras haber reprimido de forma inmisericorde a su propio pueblo.

Hoy, un cuarto de siglo después de aquellos tristes hechos, González se enarbola a sí mismo como defensor de los derechos humanos para reclamar al régimen de Nicolás Maduro la puesta en libertad de varios representantes de la oposición encarcelados.

La historia tiene esas cosas, todo queda escrito y registrado. Y Felipe González qué duda cabe que es más historia que presente. Pedro Sánchez aún no sabemos si será futuro o pasado. La solución, el 20-D.

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