La Rey Juan Carlos merece ser conocida y reconocida únicamente por el gran trabajo de innovación, estudio e investigación realizado por toda la comunidad universitaria. Sin embargo, indignación, decepción, vergüenza… Son muchos los sentimientos que han pasado por la cabeza de los estudiantes de la madrileña Universidad Rey Juan Carlos durante estas últimas semanas.

Hace solo un año, el anterior rector, Fernando Suárez, tuvo que dimitir por plagiar su tesis cuando, para más inri, la universidad estaba implantando un sistema anti plagio para los trabajos que el alumnado entregábamos. Una vez que parecía que las aguas se habían calmado, descubrimos que una alumna aventajada había comenzado el máster de Derecho Público del Estado Autonómico en 2012, había suspendido dos asignaturas que mágicamente aprobó en 2014 cuando fue a por el título y un minuto después de ello fue capaz de presentar su trabajo consiguiendo un notable. Una locura.

Esta alumna aventajada era Cristina Cifuentes, que compaginaba por entonces su labor como delegada de Gobierno en Madrid con el estudio de un máster de carácter presencial.

Las versiones de Cifuentes para justificar este milagro académico han sido muy variadas, pero las distintas informaciones publicadas por los medios de comunicación dejan claro que en ningún caso hizo ese máster. Todo ello es indignante, y muy doloroso que también con su actitud esté haciendo tanto daño a la universidad pública. En especial, a la URJC, donde un pequeño grupo de profesores se ha convertido en una auténtica trama corrupta para regalar formación académica a una política, provocando que la reputación de la universidad haya sido duramente agraviada.

La gestión del rector Javier Ramos ha sido negativa para la universidad desde su primera comparecencia tras el estallido del escándalo. No ha sabido gestionar la crisis, dejando en entredicho la credibilidad de la universidad. Desde un primer momento tomó por buena la versión del director del máster y mintió al decir que había hablado con las tres profesoras que supuestamente habían conformado el tribunal del trabajo final de Cifuentes. Posteriormente, dos de las profesoras del tribunal han negado haber firmado el acta y el director del máster ha cambiado su versión para salir airoso.

La autocrítica es muy necesaria para que la vida universitaria de la URJC pueda recuperar la normalidad. Ramos se ha dirigido a la comunidad universitaria mediante un escrito en el que ensalza la “actuación rigurosa y eficiente” del gobierno de la universidad, sin reconocer que han dado palos de ciego desde el primer momento. Probablemente no tenga ningún tipo de implicación en este caso, ya que solo lleva un año como rector, pero su incapacidad para estar a la altura de las circunstancias le obliga a presentar su dimisión y la convocatoria de unas nuevas elecciones. 

El alumnado de la Rey Juan Carlos no nos merecemos que nuestros títulos puedan infravalorarse porque los organizadores de un único máster hayan actuado fraudulentamente en favor de sus intereses privados. Somos la segunda universidad de Madrid y no somos la universidad de ningún partido o ideología, solo de la ciudadanía que paga impuestos y quiere unos centros de formación e investigación de primer nivel. 

Es hora de que la URJC esté dirigida por personas cuyo único afán sea la educación de sus estudiantes para contribuir al desarrollo de la sociedad. Tenemos grandes catedráticos que han dirigido instituciones muy importantes en este país con gran eficacia y profesionalidad.

Los alumnos, el personal y la inmensa mayoría de los profesores realizan su trabajo con un alto nivel de dedicación y honestidad. Esto mismo debe trasladarse al gobierno de la universidad. Es necesario observar y rectificar los errores que se han cometido, poniendo los mecanismos de control y trasparencia necesarios para que no se vuelvan a repetir. La Rey Juan Carlos merece ser conocida y reconocida únicamente por el gran trabajo de innovación, estudio e investigación que realiza su comunidad universitaria.

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1 Comentario

  1. ¿Se merece esto cualquier universidad? ¿Y sus alumnos? Para mí, es mucho más mercedora de crítica la actuación de la cúipula universitaria, que cualquier otra cosa. Que Cristina Cifuentes no hizo el máster, estaba claro desde el primer dia. Que es una farsante, también. Pero que presente un documento con tres firmas falsas es grave. Dos de ellas son firmas falsificadas, lo cual se corresponde con la naturaleza del documento: falso. Pero la tercera, la firma auténtica (y eso es lo grave), está estampada en un documento falso. Y quien firmó, lo sabia. Y por tanto la firma auténtica estampada en un documento falso es FALSA. Es preciso y urgente que “alguien” tome cartas en el asunto y que no le tiemble la mano a la hora de poner orden. Es preciso que se erradique el cáncer de la corrupción que asola la URJC y recupere la confianza. Yo, si fuese alumno de la URJC, estaría denunciando a la universidad, reclamando el importe de la matrícula, y demandando por daños y perjuicios. Aunque claro está, que si es ciertoi que el rector de la URJC durante el supuesto fraude de Cifuentes fué asesor de Aznar, de la Corona y hoy es presidente del Comité de Expertos del Valle de los Caídos y Magistrado del Tribuinal Constitucional a propuesta del PP…

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