Uno de los mayores obstáculos para llevar adelante una empresa del tipo que sea (un proyecto, una iniciativa, una idea…) es la dificultad de sumar fuerzas en torno a ese proyecto para hacerlo, no solo posible, sino también viable. Una de las mayores dificultades para lograr sumar fuerzas es la negativa de algunas personas a perder cierto poder en su pequeño ámbito… aunque sea a cambio de, entre todos, dar forma a un proyecto más fuerte y robusto. Es como si dijeran algo así como “es un chiringuito pero es mi chiringuito”… y del mismo modo que hay quienes quieren disolverlos porque los consideran suyos hay quienes se niegan a sumar fuerzas con otros no vaya a ser que, en ese proceso, su chiringuito (o mejor, él mismo) tenga menos protagonismo. Incluso aunque tal chiringuito o el cargo que ocupa no corran peligro.

Durante estos últimos años en los que he tenido la maravillosa oportunidad de conocer mejor el país en el que vivo, he conocido a muchísimas personas muy valiosas con ideas muy semejantes incapaces de ponerse de acuerdo por simples egos y protagonismos absurdos; si quienes piensan parecido son incapaces de ponerse de acuerdo… como para esperar que quienes tienen posiciones antagónicas acerquen posturas, bien sea en la política o en la más común de nuestras actividades más prosaicas.

Del mismo modo, durante todo este tiempo, he conocido múltiples asociaciones, colectivos, plataformas o iniciativas con objetivos prácticamente idénticos… igualmente incapaces de subordinar sus organizaciones al logro de los objetivos por los que luchan, llegando incluso a competir entre ellos. Obviamente, la pluralidad es un valor en sí mismo y hay veces que permite o facilita el logro de determinados fines; otras veces, sin embargo, supone una pérdida enorme de energías y la imposibilidad de alcanzar ni uno solo de los objetivos que se persiguen. De hecho, hay dos dichos que explican perfectamente las razones por las cuales quienes tratan de impedir que esos propósitos se alcancen (¡los adversarios!) viven encantados con tanta atomización orgánica: su máxima es el “divide y vencerás” de toda la vida; la nuestra debería ser “la unión hace la fuerza”.

Lo dijo Albert Rivera antes, durante y después de aquellas negociaciones que nunca existieron: “quienes pensamos parecido, debemos estar juntos”. Comparto absolutamente tal idea… aunque quizás el problema, en su caso concreto, es que no todos los que se unieron pensaban parecido… razón por la cual no deja de sonar el teléfono. En todo caso, comparto esa filosofía y me comprometo a tratar de llevarla a efecto.

Si a alguien le importa un determinado problema y aspira a solucionarlo o si quiere alcanzar una determinada meta, hará lo indecible para lograrlo: incluso buscará aliados para hacer fácil el camino y más probable el éxito. Ni siquiera es probable que sea una cuestión de generosidad sino de inteligencia. No todo puede sumarse y hay veces que no se debe sumar depende con quién en absoluto… pero a veces sumar no sólo es la única posibilidad de éxito sino una gran posibilidad de éxito.

España tiene graves problemas y pueden solucionarse. Los que compartimos las medidas esenciales que deben ponerse en marcha para mejorar el lugar donde vivimos y el modo de desarrollar una determinada forma de entender el activismo político deberíamos unirnos. Porque la unión hace la fuerza, que más que un lema debería ser un compromiso diario.

 

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Nací el 11 de noviembre de 1974: tengo, por tanto, 42 años. Soy Diplomado en Ciencias Empresariales, Técnico en Gestión Fiscal y Técnico Especialista en Administración y Dirección de Empresas. Milité desde muy joven en diversos movimientos sociales que se enfrentaron al terrorismo de ETA, como Denon Arten-Paz y Reconciliación (durante los primeros años de los años 90) y Basta Ya (desde finales de los años 90). Milité posteriormente y durante unos tres años en el PSE, partido político que abandoné en 2006 al comprobar que dejaba de ser un partido nacional y de defender la igualdad y por su política en relación a ETA. Me afilié a UPYD el 29 de setiembre de 2007, el mismo día en que se presentó públicamente en Madrid. Desde el 1 de marzo de 2009 hasta el 20 de octubre de 2016 fui parlamentario vasco por UPYD. He estado en la Dirección de UPYD desde 2009 y soy exportavoz nacional del partido. Portavoz de la Plataforma Ahora

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