La fraseología define el pormenor de un tiempo histórico determinado, en un ámbito concreto y de los actores que los encarnan, así como la idoneidad de los hechos y los individuos con la magnitud de lo verdadero.  En tal sentido, Ortega y Gasset y Martin Heidegger ofrecen dos perspectivas de gran valor -la fraseología y la habladuría, respectivamente- para pensar el vínculo entre habla y política, al tiempo que la contraposición entre fraseología y sincerismo en Ortega ofrece una pista muy adecuada para cuestionar la difícil y extraña relación que lo social, lo político y la política -y, en último término, la verdad de la democracia-  mantienen con el decir la verdad.

Pronto se cumplirá un año de algunas frases que construyeron el daguerrotipo morboso del  proceso sufrido por el socialismo español cuyos claroscuros contenían el mismo vértigo autodestructivo que siente el suicida ante el abismo. Una mujer desconocida para la mayoría de los ciudadanos proclamó en la puerta de la sede de Ferraz: “En este momento la única autoridad que existe en el PSOE, soy yo.” Más tarde se supo que esa “única autoridad” era Verónica Pérez, mano derecha de Susana Díaz y secretaria general del PSOE provincial de Sevilla, enviada por la presidenta de la Junta de Andalucía para que, en su nombre, se hiciera cargo de todo el poder en el partido como si Díaz fuera el “Motor Inmóvil” aristotélico.

Afirma un personaje de Borges, que el ejecutor de una empresa atroz debe imaginar que ya la ha cumplido, debe imaginarse un porvenir que sea irrevocable como el pasado. En este caso, era un acto atroz porque se trataba de llevar la tensión hasta el quebrantamiento para conseguir un poder ajeno a los fines del partido, un poder de índole mesianista contrario a los valores de la organización y para que el futuro fuera irrevocable, Susana Díaz dio por hecho que el poder absoluto del PSOE era suyo y mandó a su espolique Verónica Pérez a que lo tomara para ella. Pretendía ser un acto ancilar y la escasa densidad de los personajes lo que produjo fue una malísima interpretación de una detestable ópera bufa. Como afirmó Manuel Azaña: “la malicia a algunos no les libra de ser tontos.” Y el esperpento político sólo había hecho empezar.

La otra frase definidora de esta peripecia sufrida por el Partido Socialista fue la pronunciada por la propia Susana Díaz en el transcurso del bochornoso coup de force del comité federal del 1 de octubre. Refiriéndose al secretario general Pedro Sánchez, espetó: “A este lo quiero muerto hoy.” Creyendo suyo todo el poder exigía la rendición incondicional como si tuviera la balanza trucada del galo Breno y gritara satisfecha “Vae Victis” (¡Ay, de los vencidos!). Convencida de que su dominio estaba hipostasiado, jaleada por la derecha y su contubernio mediático, apoyada por los recipiendarios de las puertas giratorias, y la red clientelar trufada de canonjías, pensando que la política es un ejercicio de procrastinación con el único objetivo del poder personal y que lo demás es irrelevante, actuó con el absolutismo de que el PSOE tenía que ser lo que ella quisiera que fuera y su avidez la que inspirara su programa político.

Sin embargo, como es sabido la militancia desautorizó democráticamente el modelo “susanista” político y de partido que, en realidad, se sustanciaba en ungir de un mesianismo incondicional a la presidenta de la Junta de Andalucía. Contradicho el poder que creía suyo por la mayoría de las bases, en el congreso federal posterior a las primarias el sector “susanista” de la delegación andaluza obvió los debates ideológicos y programáticos para disfrutar de la noche madrileña. El “susanismo” en su reducto del sur no está dispuesto a coser nada que antes él no haya descosido y que el órgano ejecutivo federal del partido actúe en su feudo como in partibus infidelium lo cual supone una grave transgresión a la unidad del socialismo. En estas circunstancias, no sería ocioso que se explicitara, si fuera posible, cuál es la aportación del “susanismo” al bagaje ideológico de la izquierda. La volubilidad de la sola lucha por el poder no es suficiente. Como escribió Azaña la política no está hecha para gente frívola.

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2 Comentarios

  1. Molina, te puede el rencor. Haber dejado de vivir del presupuesto público o del partido ha acabado contigo.

  2. qué pesados ya con la autoridad!
    quien la conoce sabe que se parte la cara currando por el socialistmo en toda la provincia los 7 dias de la semana las 24 horas.
    una frase desafortunada que sacais de contexto ya que se referia a esas 2 horas que estubo en la puerta de la sede y sin dejarla pasar.
    pesados con la misma frase una y otra vez. no teneis otra cosa que hacer o a otro a quien atacar? esto ya aburre

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