El cara a cara definitivo, o más bien el único que mantendrán los dos partidos tradicionales en liza para ganar las elecciones generales de este 20-D, servirá para ver hasta qué punto aguanta el tipo el bipartidismo que hasta ahora ha imperado inapelablemente en la democracia española desde su reinstauración tras la muerte del dictador, hace ya 40 años. Otro encuentro, bastante más novedoso, fresco y dinámico, lo protagonizaron recientemente los candidatos de las dos principales formaciones emergentes –Albert Rivera por Ciudadanos y Pablo Iglesias por Podemos– en la Universidad Carlos III de Madrid.

Si Pedro Sánchez, candidato del hasta ahora principal partido de la oposición, sí ha participado en otros enfrentamientos electorales (como el debate a cuatro del grupo Atresmedia con la presencia de la sustituta del candidato del PP, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, con Albert Rivera y Pablo Iglesias como compañeros de escenario), Mariano Rajoy ha decidido dosificar sus esfuerzos a instancias de sus asesores y es este cara a cara organizado por la Academia de la Televisión el único que protagonizará en toda la campaña, al margen de alguna que otra aparición televisiva, como la del programa de Bertín Osborne o comentando un partido de fútbol en la radio junto a su hijo. Que sus sonadas ausencias de los grandes encuentros entre líderes sea un acierto o un fallo clamoroso de estrategia de sus asesores lo sabremos solo el 20-D.

Que sus sonadas ausencias de los grandes encuentros entre líderes sea un acierto o un fallo clamoroso de estrategia de sus asesores lo sabremos solo el 20-D

Este sexto mano a mano de la democracia sentará a Rajoy y Sánchez en una mesa que solo separará a los candidatos de PP y PSOE por 1,7 metros de distancia. Entre los tres presentes suman 167 años, repartidos entre los 64 del moderador, Manuel Campo Vidal, los 60 del presidente Rajoy y los 43 del candidato socialista. Experiencia del moderador y del candidato a la reelección frente a la bisoñez y juventud del líder socialista.

Campo Vidal ha monopolizado prácticamente todos los cara a cara de la democracia. Así, en 1993 se sentó entre dos adversarios irreconciliables como han sido Felipe González y José María Aznar (ninguno de los tres peinaban aún canas), en 2008 moderó el debate entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy y en 2011 marcó los tiempos a Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba.

Este cara a cara no tendrá nada que ver con los novedosos formatos de los debates vistos en esta campaña electoral. Su encorsetamiento y control exhaustivo por parte de los contendientes lo alejará presumiblemente de la libertad y dinamismo demostrados en los debates llevados a cabo en la universidad, en el digital de El País y en el encuentro televisivo de Atresmedia. Pese a todo, desde la Academia de la Televisión se ha intentado romper la dinámica de anteriores cara a cara.

Este encuentro durará unos cien minutos con dos cortes publicitarios solicitados: uno antes del comienzo y otro en torno a la mitad del programa. Tampoco tendrá bloques cerrados como en otras ocasiones, aunque sí habrá preguntas introductorias que sirvan para presentar los diferentes temas. Campo Vidal ha explicado también que habrá una intervención inicial de cada candidato y otra para cerrar el debate y ha agregado que no habrá una medición de los tiempo “tan tasada” como ha habido en ocasiones anteriores. “Vamos a intentar que más o menos hablen el mismo tiempo”, explicaba el moderador. Las interrupciones esta vez sí están permitidas, pero con “cortesía parlamentaria”, añade el experimentado presentador.

Ni Rajoy ni Sánchez podrán acceder a ningún tipo de información del exterior durante el cara a cara, a excepción de las indicaciones que sus asesores les den durante la pausa publicitaria del programa.

Las cartas del cara a cara han llegado marcadas desde un primer momento. Pocas sorpresas se esperan para un encuentro en el que todas las encuestas dan como ganador de las elecciones al PP pero con un fuerte retroceso respecto a 2011 y dejan al PSOE con el interrogante de seguir otra legislatura como principal partido de la oposición o incluso caer al tercer puesto tras Ciudadanos. En ningún caso se acercan los socialistas ni por asomo para asustar al PP, que le saca cuatro punto como mínimo según los últimos sondeos. Por tanto, el ‘efecto Pedro Sánchez’, totalmente neutralizado y Susana Díaz esperando su momento desde Andalucía.

22437712097_6f9e84d14e_zEn el debate a dos el candidato popular resaltará la falta de experiencia del líder socialista para acometer una tarea tan delicada como la de llevar las riendas de un país con casi 50 millones de habitantes y una tasa de paro del 25%, sobre todo después de la negación de la crisis del expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero. En este sentido, Sánchez subrayará, una vez más, la brutal política de recortes económicos y de derechos sociolaborales puesta en marcha por el ejecutivo de Rajoy en los últimos cuatro años.

El tema de la corrupción se presenta peliagudo. Es el gran asunto en el que con más facilidad podrán caer ambos contendientes en el temido “y tú más”, algo que al electorado en general le echa para atrás sin duda. Pero televisivamente será el de más enjundia. La corrupción, que hasta hoy mismo está emponzoñando el día a día de la actualidad política, es, tras el paro, el segundo gran problema de este país para los españoles, según el CIS. Por ello, quien con mejor pie entre en este asunto mejor parado saldrá del enfrentamiento. Pero algo que no perdonaría el ciudadano español bajo ningún concepto es que hubiese una especie de ‘pacto entre caballeros’ y se obviara por completo. Ni tanto ni tan calvo.

Tampoco querrán ambos líderes que los potenciales votantes vean que uno y otro forman parte de un proyecto con más similitudes que diferencias, a excepción de grandes temas de Estado como el pacto contra el terrorismo internacional. De un modo u otro, tanto Rajoy como Sánchez intentarán desmantelar el latiguillo de la “vieja política” que les han endosado las nuevas formaciones emergentes. Está lo suficientemente claro que ambos intentarán poner en valor el bipartidismo en contra de evidenciar sus grandes defectos, como desde las pasadas elecciones europeas de 2014 los resultados electorales han ido subrayando en mayor o menor medida.

A modo de resumen: la clave del debate estará en saber en qué minuto aparece la palabra “Bárcenas” y cuándo la palabra “ERE”. A partir de ahí, todo lo demás serán propuestas, las menos, y palabras, muchas palabras, probablemente demasiadas.

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