Foto de Carmelo Lattassa.

Sencillo, directo y sin concesiones a la parafernalia. Así es y así se expresa este chileno nacido en la inhumana pampa salitrera (Talca, 1950), en la que trabajó como obrero antes de dedicarse de pleno al mundo de la literatura, en verso y en prosa. Sin importar género narrativo. Por eso ahora sorprende con esta novela policiaca, La muerte es una vieja historia, primera parte de la trilogía policial que continúa con La muerte tiene olor a pachulí. Sus protagonistas, un detective dedicado a resolver infidelidades reconvertido en investigador de crímenes y una joven religiosa como ayudante, no dejarán indiferente a nadie.


 

 

 

¿Por qué ahora una novela policiaca en su carrera?

¿Por qué no? Yo escribo lo que me sale de las tripas. Y esta trilogía me salió de allí mismo.

 

El título se lo pide prestado a Turguéniev, y de Chandler elige una reflexión sobre las claves para hacer de las novelas policíacas un género entretenido que no caiga en el aburrimiento a modo de introducción de su novela. Muerte y entretenimiento. ¿Ahí empieza todo en la novela de misterio?

Para mí la novela misma es un misterio (novela negra, blanca, gris). Lo que yo busco, más que atrapar al malo, es atrapar al lector, bueno o malo. Y para eso le pongo mucha tinca al lenguaje, al tono, al estilo.

 

El argumento no puede ser más provocador: un violador con olor a muerto acecha a las mujeres en un cementerio de Antofagasta, al norte de Chile. ¿No ha sido su intención ser provocador?

Nunca he buscado ser provocador, creo que el arte es provocador.

 

Y qué decir de Tira Gutiérrez, el protagonista, detective exminero experto en infidelidades que tiene como ayudante a una joven religiosa. Otra provocación, supongo.

Ídem.

 

¿Sigue denostado el género negro en la narrativa o ha encontrado en los últimos años el crédito perdido entre los gurús de la literatura?

No tengo idea. No leo novelas policiales. Apenas me leí El largo adiós de Chandler. Y una recopilación de sus cartas, que es donde saqué el epígrafe.

 

Preguntarle por el cóctel perfecto para escribir una notable novela de misterio es quizá hacerlo sobre el santo grial. ¿Se atreve a ofrecerme al menos tres ingredientes para la pócima mágica?

  1. Escribir lo que salga de las tripas.
  2. Como te salga de las tripas.
  3. A la hora que te salga de las tripas.

 

¿De qué salud goza la literatura latinoamericana en la actualidad? ¿ha entrado en una etapa mesetaria o, al contrario, cree que hay nuevos y valiosos valores aún por despuntar?

Creo que la salud de la literatura hispanoamericana se mantiene “estable en su gravedad”. Aún no han salido obras con el resplandor de las novelas de las décadas 60 y 70. Todavía no aparece, por ejemplo, algo con el resplandor de Pedro Páramo, La casa verde, Cien años de soledad, Rayuela, Paradiso y algunos otros etc.

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La muerte es una vieja historia Hernán Rivera Letelier / Alfaguara 200 páginas 18,90 €

 

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