Actualmente se tiene aceptado que el consumo de sal debe ser reducido al mínimo porque es perjudicial para la salud. Pero, a lo largo de la historia, esta percepción negativa no siempre ha sido así y, dado que el empleo de sal garantizaba la conservación de alimentos y la elaboración de una gran variedad de platos, el consumo estaba muy por encima de lo actualmente recomendado. No obstante, su empleo no solo estuvo vinculada a la necesaria alimentación, sino que también fueron descubiertas sus calidades curativas o paliativas para con ciertas enfermedades. En ese sentido, a lo largo del presente artículo, vamos a realizar un breve repaso a las aplicaciones históricas y presentes de la sal en la salud humana.

 

Las propiedades médicas

El ser humano, como otros tantos seres vivos, es dependiente del consumo de sal común para la realización de un gran número de funciones en el organismo (transmitir impulsos nerviosos, relajación muscular, regular los fluidos del cuerpo y cantidad de agua). De esta forma, su déficit acarrearía una serie de dolencias que van desde dolores de cabeza, calambres y diarreas, hasta causar, si ésta carencia persiste, la muerte.

Pero además de ser un elemento esencial de forma directa para la vida humana, también lo es de forma indirecta para el tratamiento de daños y enfermedades. La función curativa de la sal común está determinada por sus propiedades intrínsecas anti-inflamatorias, antisépticas, antibacterianas y expectorantes.

Resulta obvio que los primeros tratamientos de la sal a nivel médico tuviese una clara relación con la primitiva experiencia práctica doméstica. De hecho, de la observación de cómo la sal permitía conservar alimentos de procesos de degradación que lo llevaría hasta la putrefacción, sería fácil relacionarlo con la beneficiosa aplicación que tendría sobre las heridas, quemaduras o llagas de nuestra piel.

Posteriormente, eruditos en la materia como los clásicos Columela o Plinio, serían los encargados de registrar en sus obras gran parte del saber médico, incluyendo en él las aplicaciones de la sal para la salud. De hecho, los tratados médicos más antiguos nos hablan de las enfermedades existentes, de cómo intervenirlas y las diferentes aplicaciones que la sal tiene para erradicar o paliar las respectivas dolencias.

La Escuela Médica de Salerno fue todo un referente en la Europa medieval. Fuente. Pinterest.

 

Los históricos usos terapéuticos

En esas viejas obras de medicina, como el llamado papiro Ebers, nos han permitido conocer con exactitud las aplicaciones más remotas de la sal. Desde entonces y, dado que sus autores conocían las beneficiosas propiedades de la sal, los criterios médicos en torno a ésta se mantienen con escasas modificaciones hasta finales de siglo XIX.

En ese sentido, existe unanimidad a la hora de emplear la sal para la elaboración de ungüentos, supositorios o su aplicación directa para tratar problemas relacionados con el aparato digestivo (dientes, encías, lengua, cólicos, parásitos); la piel (picaduras, mordeduras, quemaduras, úlceras, pústulas, verrugas, carcinomas, sabañones, psoriasis); la vista (infecciones y cataratas); problemas respiratorios (tos crónica y asma); o aplicada como analgésico para fiebres, migrañas, dolores de espalda, luxaciones, amígdala, tumores y garganta; así como el tratamiento específico de enfermedades como la disentería, la epilepsia, la sífilis, el bocio y la gota.

De esta forma, y dada la gran variedad de usos y aplicaciones, la sal no podía faltar en ningún hogar, laboratorio o botiquín médico si lo que se deseaba era alcanzar cierto grado de salud y bienestar.

La multinacional ESCO elabora y comerciliza sal farmacéutica para laboratorios de toda Europa. Fuente. ESCO.

 

Las aplicaciones actuales

Hoy en día, la sal sigue estando muy presente en nuestra salud a través de la industria farmacéutica que, como ya nos podríamos imaginar, es una de las históricas demandantes de cloruro de sodio (obtenido del lavado de la sal común en las modernas instalaciones salinas). Estas grandes y poderosas multinacionales llevan a cabo diferentes tipos de procesados con los que obtienen productos y compuestos que son empleados en centros sanitarios o dispensados en farmacias.

A demás de ser empleada de forma indirecta a través de productos y medicamentos, desde la década de los noventa del siglo pasado –aunque en Suiza ya se experimentó en los cincuenta– la sal industrial pasó a convertirse en un vehículo para combatir enfermedades como el bocio, cretinismo y las caries. Dado que es un condimento universal, la OMS, UNICEF junto con las autoridades sanitarias de diferentes Estados, tuvieron a bien llevar a cabo la yodación y fluoración de la sal.

Otro tipo de tratamiento en el que se emplea la sal es la haloterapia. Su uso no es tan reciente como nos pudiésemos pensar, lo que pasa es que desde la revalorización de las pequeñas salinas artesanales, unido a la proliferación de estas técnicas en centros de belleza, han popularizado su uso. Este tipo de tratamiento está indicado para enfermedades respiratorias y de la piel, así como alergias y dolores de articulaciones.

Piscinas en Salinas de Chiclana y Salinar de Naval. Fuente. ABC y Salinar del Naval.

 

Por tanto, la sal también sana

Los problemas de salud asociados al consumo de sal común es un fenómeno que se corresponde con la dieta de la sociedad moderna y la globalización alimentaria. Los productos procesados que adquirimos en las grandes superficies llevan incorporados ingentes cantidades de sal industrial (que no es sal común). De manera que es el consumo diario de estos productos lo que nos provoca, por ejemplo, la alteración de la presión arterial.

La solución a estos problemas de salud ha consistido en aconsejarnos que debemos reducir nuestro consumo de sal (artificial), en vez de señalar como culpables a los alimentos procesados e instarnos a llevar una alimentación sana y natural que incorpore, con moderación y cuando deseemos, sal artesanal.

Esa misma sal artesanal que, como hemos visto y aunque nos pueda resultar sorpresivo, también servía para sanar y generar bienestar en nuestros antepasados.

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