Abogado penalista y profesor universitario, defensor de los derechos de los presos, consiguió con Zaragoza en Común la alcaldía de la capital aragonesa. Pedro Santisteve es quizás el gran desconocido de los alcaldes “del cambio”. Tras cerca de año y medio en el cargo, insiste en cuestionar la representación de los partidos.

 


 

Empezó su reciente discurso sobre el estado de la ciudad explicando cómo es posible “un proceso de transformación social”. Explíquemelo.

Lo que me preocupaba en ese discurso era situar la ciudad como se están asentando hoy las ciudades del cambio y del municipalismo en la órbita internacional. Se trata de asumir los dos problemas obviamente relevantes, que son el cambio climático y la desigualdad. Y demostrar a aquellos que nos cuestionan que tenemos un modelo de ciudad consistente, coherente y por el que hemos estado trabajando desde el principio.

 

Cambio climático, desigualdad… ¿y dinero?

Hemos llegado a la institución y nos hemos encontrado un gran problema de caja. No había ni para pagar el agua. Hemos estado saneando las cuentas durante este año, hemos mejorado los servicios públicos, hemos ahorrado 3 millones de euros en energía y electricidad con políticas de ahorro, como el cambio de potencia. Se trata de cuidar las cosas de la ciudad como quien cuida su casa.

No había ni para pagar el agua

¿Con qué armas cuentan los ayuntamientos?

El problema es que las instituciones no han sido planeadas para atender la emergencia social. Hemos llegado a unos ayuntamientos en los que hay unos condicionantes normativos brutales desde el punto de vista de la financiación y la legislación. Hay una limitación de las instituciones que desestabiliza el marco competencial entre ayuntamientos y entes autonómicos. La capacidad de transformación de la institución es muy limitada.

 

Usted defiende la idea de lo local, de la ciudad, como fuente de soluciones a las que no llegaría lo global o lo general.

La gente vive tiempos de incertidumbre radical, en los que no se sabe hacia dónde vamos ni qué será nuestras vidas, del estado de derecho ni de nada. En las ciudades, quien asume una responsabilidad política tiene que contribuir a generar un clima de cuidados y atenciones a la gente, que ha llegado a una situación de grave vulnerabilidad. Y no hablo sólo de pobreza, también hablo de discapacidad, problemas de edad, de ser joven o mujer sola…

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Le he oído hablar de una “Zaragoza cuidadora”.

En tiempos tan inciertos, la ciudad es una segunda piel. Debemos ofrecer un marco en el que la gente se sienta más tranquila y más segura. Eso se consigue a base de reforzar nuestros lazos comunitarios. Se trata de contravenir esa corriente mercantilista que nos aísla a unos de otros y en la que se confía como solución mágica. Nuestra alternativa es trabajar la comunidad, generar lazos de convivencia y potenciar la cuestión social frente al desmembramiento que ha provocado la crisis.

 

Las mayores críticas le están viniendo por invertir en lo social y no en infraestructuras.

A eso nos referimos al hablar de modelo de ciudad. Lo estamos viendo en los plenos. Existen unas sinergias generadas por el urbanismo, la especulación y los grandes intereses de la oligarquía zaragozana, acostumbrada a una especie de derecho de pernada sobre los intereses públicos. Nosotros pensamos que hay que poner a las personas en el centro del quehacer político y tratar el urbanismo de las pequeñas cosas, de la convivencia y la vida en los barrios: el comercio local, la limpieza, el arreglo de baldosas, los problemas de movilidad…

hay que poner a las personas en el centro del quehacer político

Ha aumentado el presupuesto para acción social un 15 por ciento.

Sí, lo hemos elevado a 100 millones de euros, e incluso hay una partida para necesidad urgente. Hemos mantenido y aumentado ese presupuesto. Lo que queremos con ese saneamiento de las arcas públicas es invertir en una dinámica de empleo a través de una actuación en los barrios con políticas de inclusión, promoción del comercio local, políticas de proximidad, empleo.

 

¿Tiene pocas armas el ayuntamiento para temas de empleo?

Claro, es el gran tema pendiente de los ayuntamientos desde que, en la Transición, el poder se repartió entre la administración central y las comunidades autónomas. Los ayuntamientos quedaron ninguneados. Nos encontramos en continuos enfrentamientos entre ayuntamientos y comunidades autónomas. Eso afecta a temas tales como el transporte, el agua, los residuos…

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¿Lo cual resta efectividad?

Cuando hablamos de racionalizar la administración local, también tiene que ponerse las pilas el Gobierno autonómico. Estamos intentando mejorar nuestras “no relaciones” con ellos. Hemos intensificado los contactos y ofrecido la posibilidad de un gran pacto entre instituciones en el que no sólo hablemos de la ley de capitalidad, sino también del pago de los 40 millones de la deuda, del tranvía, los impuestos y todos los temas pendientes. Antes de llegar nosotros, Ayuntamiento y Gobierno autonómico han estado siempre tirándose los trastos, aun siendo del mismo partido. Esa situación no conduce a nada. Tenemos que trabajar coordinadamente los temas comunes, tan importantes.

 

Los economistas coinciden en que la crisis va a más. El papel de lo local parece básico. ¿Se puede conseguir un “todos a una” contra la pobreza, por lo social?

La dificultad es toda la herencia del bipartidismo, el vaciamiento de los derechos constitucionales y el daño que han hecho todas las políticas neoliberales basadas en la atomización de la sociedad y en separar a unos de otros. Hay que enfrentar estos retos y apelar a que la gente luche por su vida y su dignidad. Y además por su futuro, el de sus hijos y el de las generaciones venideras. Eso pasa por luchar contra el cambio climático y la desigualdad, combatir la pobreza energética y apostar por energías renovables, pero también por la renovación de la flota de autobuses por eléctricos, la producción de energía en las azoteas…

 

En el fondo, usted habla de recuperar el movimiento asociativo que se dinamitó en los años 80 y principios de los 90.

Quien tiene que cubrir ese espacio es la ciudadanía, porque la representación política necesitará tiempo para recomponerse. Los partidos necesitan su tiempo para retomar ese espíritu de ser intermediarios entre la base social y la representación política. Eso ha fallado radicalmente durante el régimen de la Transición, es una herencia que arrastramos desde el siglo XIX. Esto debe cambiar. Mucho más en esta época de grandes avances en la comunicación.

 

Piense en Zaragoza dentro de, por ejemplo, cuatro años. ¿Es ejemplo de…?

De una ciudad que quiere ocupar su espacio en el ámbito europeo con proyectos de cambio y de transformación. Y hacia dentro, una ciudad que se encuentre más fusionada, un vecindario más unido que busque soluciones a los problemas que afectan a su vida cotidiana, y un nivel de representación política que transmita que se ha atendido las demandas de necesidades básicas. Y con unos servicios públicos de calidad.

 

¿Cuál es el punto más difícil en ese momento por solventar, su caballo de batalla?

Fácil no hay nada. La eficiencia energética es quizás lo más duro. Queremos apostar por energías renovables que han sido prácticamente clausuradas. Hay que suprimir el combustible fósil, y para eso hay que tender la mano de nuevo y promocionar el autoconsumo y la autoproducción.

 

Usted que está convencido, ¿se pondría en rebeldía para llevar a cabo aquello que defiende?

A mí me entran ganas. Estamos hablando a veces de impuestos muy injustos, como los de aguas, donde el Gobierno de Aragón aplica una política plenamente recaudatoria, obviando que los zaragozanos hemos pagado más de 300 millones en depuradoras sin apoyo europeo ni del estado, ocultando la pésima gestión llevada a cabo por el Instituto Aragonés del Agua, que requiere una auditoría que le ha sido exigida desde hace mucho tiempo. No sólo Zaragoza, hay implicados pueblos del Pirineo que están pagando cánones de agua cuando no tienen depuradoras o las tienen sobredimensionadas. Hay métodos más económicos, como los filtros verdes.

los zaragozanos hemos pagado más de 300 millones en depuradoras sin apoyo europeo ni del estado

Defina el gobierno actual de la ciudad.

Somos ciudadanos que hemos desembocado en el ámbito de la representación política por un compromiso ético, que queremos cercanía con los ciudadanos y que vamos a intentar por todos los medios no ser asimilados por la mecánica que ha funcionado en las administraciones hasta ahora. Nuestro compromiso es mantener la lucha por la dignidad de la ciudadanía y que nuestra ciudad, Zaragoza, tenga motivos para sentirse orgullosa de sí misma.

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