La Real Academia de la Lengua Española define la agorafobia como miedo a los espacios abiertos, lo que se aleja de la realidad cuando analizamos el trastorno desde la Psicología. Este tipo de definiciones han colaborado a crear un imaginario amplio sobre este trastorno.

La Agorafobia es una patología perteneciente a los trastornos de ansiedad. De hecho, no se diagnostica como tal. El diagnóstico que se da, en estos casos, es el de Trastorno de Ansiedad con Agorafobia.

Ello implica que el paciente tiene la sintomatología típica de la ansiedad patológica – porque hay que recordar que la ansiedad es una emoción normal en el ser humano y que nos ayuda a identificar las situaciones de peligro – y, por tanto, presenta elevación de la tasa cardiaca, respiración agitada o entrecortada, tensión alta, ahogos, mareo, temblores, sudoración… y, todos estos síntomas, se dan en “espacios abiertos”. Pero, en este punto, hay que tener en cuenta qué es lo que el paciente considera que es un espacio abierto; así, una persona puede considerar que el peligro existe al salir de su habitación y otra cuando sale de su barrio, estando en ambos casos ante ansiedad con agorafobia.

¿A qué tienen miedo realmente?

Como se ha comentado, no es real que las personas con agorafobia tengan miedo a los “espacios abiertos” o con aglomeraciones de gente (habría que hacer un diagnóstico diferencial con la Fobia Social).

No es real que las personas con agorafobia tengan miedo a los “espacios abiertos”

Para entender a qué tienen miedo tenemos que viajar al pasado de la persona y, normalmente, vamos a encontrar que han experimentado – ya sea en ellos mismos o viendo cómo le ocurre a otra persona (aprendizaje vicario) – una crisis de angustia o ataque de pánico.

Éste se presenta con los mismos síntomas que la ansiedad pero a niveles muy altos, generando en la persona un malestar muy grande y acompañándose de la idea de que es algo incontrolable y de que puede morir.

Una vez superado el ataque de pánico, la persona comienza a desarrollar una serie de pensamientos patológicos relacionados con el mismo. Piensan que van a volverse locos, que tendrán un ataque al corazón, que van a morir, que nadie podrá ayudarlos, que van a sufrir… Si esto ocurre en más de una ocasión, la gravedad aumenta. Tienen miedo al miedo.

Teniendo en cuenta esto, hay que decir que las personas con agorafobia, en realidad, tienen miedo a los ataques de pánico y que estos se produzcan en situaciones en las que no tienen el control. Para ellos, esta pérdida de control se da en espacios abiertos, donde no dominan lo que les rodea, donde podrían no encontrar la ayuda que necesitan.

Tienen miedo al miedo

Es decir, a un agorafóbico no le da miedo el centro comercial o el parque, le da miedo que pueda tener un ataque de pánico en dicho contexto, en el cual no tiene las herramientas necesarias para superarlo.

Esto les lleva a aislarse, en cierta manera, y quedarse en los sitios donde se sienten seguros, en los que sí disponen de los medios para controlar su ansiedad.

Con el tiempo, acaban apareciendo otras emociones tóxicas relacionadas con lo que les pasa. Sienten vergüenza por no ser capaces de hacer frente a lo que ocurre, por lo que puedan pensar los demás de su conducta; se sienten desprotegidos, sin control de lo que les rodea; aparecen sentimientos de culpa, se sienten inferiores; baja su autoestima, tienen problemas de concentración y atención,… Todo ello colabora en que el problema se mantenga, se agrave y se vaya generalizando a más situaciones.

En muchas ocasiones, vamos a encontrarnos con que sí son capaces de enfrentarse a esos espacios abiertos pero, para ello, tienen que llevar consigo un kit que les da seguridad y que, normalmente, está compuesto de ansiolíticos, inhaladores, medicamentos para el control de la tensión arterial o algún utensilio que les de seguridad. Son incapaces de salir de casa sin este kit y sólo con plantearles la idea de hacerlo comienzan a aparecer la sintomatología ansiosa.

Iniciar el tratamiento del Trastorno de Ansiedad con Agorafobia va a implicar, siempre, una doble aproximación. Por una parte, se debe llevar a cabo un tratamiento farmacológico que ayude a reducir los síntomas de ansiedad asociados a los pensamientos irracionales del paciente. Por otra parte,  con la psicoterapia, se irán dando estrategias para ir enfrentándose, de forma progresiva, a las situaciones que generan ansiedad y reestructurando los pensamientos que aparecen ante la situación ansiógena.

Conforme la sintomatología física vaya desapareciendo, se irá reduciendo la cantidad de medicación.

El imaginario popular ha restado importancia a este trastorno y le ha dado un toque cómico. Sin embargo, es una patología altamente incapacitante y, en muchas ocasiones, hay que comenzar los tratamientos en el propio domicilio del paciente. Por ello, es muy importante que estas personas cuenten con un entorno de apoyo y de comprensión, que pueda brindarle la seguridad que necesita para iniciar el tratamiento.

Y recordad, el diagnóstico lo tienen que hacer profesionales. No te autodiagnostiques: la poquita agorafobia no existe.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

2 Comentarios

  1. Muy interesante, sí. Recomiendo la película “Tomás está enamorado”, aborda el tema de una forma muy original.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

17 + 12 =