Según la RAE la definición de mujer y varón se conceptualiza de la siguiente manera: persona del sexo femenino/masculino que ya ha llegado a la edad adulta y que tiene las cualidades consideradas femeninas/masculinas por excelencia.

Pero la concepción de género va mucho más allá de la de sexo. Ser de sexo femenino o masculino habla acerca de los órganos reproductores y cuestiones hormonales. Ser mujer y varón es un constructo cultural que tiene como característica definitoria lo biológico, pero no la única.

Debemos cuestionarnos nuestras construcciones culturales de masculinidad y feminidad, pues atraviesan los estereotipos de la reproducción.

Sin duda hacemos algo más que nacer, reproducirnos y morir, pero esos hitos vitales también los vivimos.

Tradicionalmente la representación ideológica y simbólica de lo que es ser padre o madre tiene sus raíces en las condiciones materiales que definen la propia vida reproductiva:

  • Los dones de la mujer como cercana a la naturaleza se basan en la capacidad de gestar, parir y criar. Si no gestas no posees los dones de mujer- o se poseen de manera parcial: medio mujer-.
  • El varón posee el don de la productividad, la incapacidad para producir de manera biológica supone una reducción de la virilidad- menos hombre-.

¿Qué ocurre cuando un varón y/o una mujer no pueden reproducirse (sean los motivos que sean: infertilidad y/o parejas del mismo sexo)? Los padres y las madres son sometidos a terapias de reproducción asistida para obtener hijas e hijos biológicos.

Debemos someter a una mirada crítica este “efecto pantalla” de la representación tradicional sobre qué es ser mujer y varón pues retroalimenta culturalmente el concepto de madre y padre, haciendo que los cuerpos de los futuros padres y madres sean sometidos a tratamientos que rozan el encarnizamiento por el simple hecho de tener hijos biológicos.

Y volvemos a la pregunta ¿Qué es ser madre o padre? Simplemente lo biológico no define el rol pues sí existen diferencias entre ser madre/padre biológica y ser madre/padre adoptiva: es el hecho de la crianza y el cuidado lo que define el rol de madre/padre.

Cuidar es un acto voluntario en el que una persona capaz decide de manera voluntaria cuidar a otra persona que requiere de sus cuidados por diferentes motivos, en este caso cuidados derivados del proceso de desarrollo vital de la infancia a la adultez.

Por lo que en lo que al cuidado se refiere todo es adopción, lo que diferencia es a quien cuidamos, si a un niño o niña con carga genética nuestra o no. La intención de perpetuar carga genética hace referencia a lo meramente primitivo y a cuestiones fe: construir una familia “como Dios manda”.

¿Es correcto someter al cuerpo simplemente para perpetuar carga biológica? Entiendo que todo el mundo tiene derecho a tener hijas e hijos, lo que debemos cuestionarnos es si estos tienen que ser biológicos cueste lo que cueste.

Debemos, por responsabilidad social, construir conceptos de mater y paternidad adaptativos a las situaciones de dificultad o imposibilidad en la reproducción y ocupar otros espacios del cuidado, pues debemos re-producirnos como sociedad y como pueblo. En este punto muchas de vosotras y vosotros seguramente estéis pensando en las trabas del estado para la adopción de niñas y niños, he ahí la clave: El Estado.

La adopción debería ser una opción (que no “alternativa de segunda”) para cualquier persona que pudiendo tener hijos biológicos o no y ya sea de manera individual, en pareja heterosexual u homosexual toma la decisión de adoptar.

Las leyes y las políticas del Estado codifican la realidad. Siendo sujetos de acción colectiva el acogimiento es una responsabilidad política y social. Todas las personas somos responsables de nuestros hijas e hijos ya sean biológicos o no. En este sentido podemos afirmar que para cualquier Estado la existencia de niñas y niños que no se encuentren al menos en acogimiento familiar supone un fracaso como sociedad.

La media actual de años que una persona debe esperar en España para adoptar se sitúa entre 4 años y una década.

Teniendo en cuenta que según el Código Civil la edad en la que los criterios de inclusión permiten adoptar se sitúa en 40 años de diferencia entre adoptantes y adoptados (en Andalucía o Aragón 42 años y en País Vasco y Castilla la Mancha 44 años), muchos futuros padres y madres quedan en la pipeta de excluidos mientras ha durado su proceso de siembra en la lista de espera. No es de extrañar que se opte por la adopción internacional.

Según el INE en 2011 se produjeron en España 775 adopciones nacionales y 2.573 internacionales- 987 de origen Asiático, 833 de origen Europeo, 537 procedentes de África y 225 de América-.

Pero las personas que optan por adoptar niñas y niños extranjeros para intentar puentear las “magnificas” listas de espera españolas se encuentran con un doble problema: El negocio de la adopción y los procesos adoptivos fracasados.

Las ECAI o Entidades Colaboradoras de Adopción Internacional son organizaciones privadas sin “ánimo de lucro” que cobran con autorización de los Estados en los que ejercen una serie de tarifas por sus servicios, haciendo de los menores una mera mercancía en una transacción comercial:

Procedencia Tiempo de espera Coste total
Etiopia y Latinoamérica 8-30 meses 7.000 euros
China 15 meses 10.000 euros
Rusia 8- 20 meses 15.000-30.000 euros

 

Si la adopción internacional claramente es un negocio, la reproducción asistida tampoco se queda atrás. En el 2015 según datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad el número de centros públicos en España que realizan Técnicas de Reproducción Asistida (TRA) se sitúa en 94 centros, mientras que los recursos privados rondan cifras entre los 253 y los 282 centros.

El capital económico que gira en torno a la reproducción asistida es multimillonario y no accesible públicamente (no existe registro público de datos económicos respecto a las TRA) pero la estimación del precio por paciente y tratamiento se sitúa entre 1.000 y 10.000 euros. Hagan cuentas…

¿Por qué el Estado no genera estrategias de adopción eficaces y efectivas? Como ya hemos podido analizar, sin duda la masa económica que mueve la reproducción asistida (principalmente en el ámbito de la asistencia sanitaria privada) puede ser un aliciente para el Estado para mantener la situación tal cual está: con padres y madres sin serlo y con hijas e hijos sin ser cuidados. En este sentido podemos afirmar que vivimos en un estado que mira más por los intereses privados que por la salud, el bienestar y la justicia del pueblo.

Es por el ello que debemos exigir como medida clave que debe estar implícita en cualquier programa político de cualquier partido que opte a ejercer gobierno y al Estado propiamente dicho, la descomercialización de la reproducción humana y el desarrollo de medidas de emergencia respecto a la adopción.

Porque es la re-producción del pueblo y nuestro futuro.

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1 Comentario

  1. Magnífico artículo Carolina. En España, para la adopción, el mayor problema son las políticas y la falta de información y educación al respecto. Por desgracia, se ha dejado de lado el bienestar de los niños y niñas y de los adoptantes, en favor del PIB.

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