De nuevo el pulso electoral se toma en la España cainita del eterno y tu más, en el país de la cuerda y el nudo, del disenso y la miopía en vena en el ADN de la nueva casta de políticos y políticas que pululan por televisiones, mítines y hemiciclos bendecidos por la nueva religión del marketing político y la telegenia adulterada.  Atrás queda ya la bendita heterodoxia de la mirada larga y el estadismo a favor del interés general, hoy ya ensombrecido por las maquinarias electorales de los partidos político, en su mayoría autenticas ETT de trabajo temporal para las masas de fieles redes clientelares en busca y captura de su medramiento particular aún a costa de todos y de todo. Lejos queda en su mayoría la ocupación en muchos espacios de la política por los mejores y las mejores, sustituidos hoy por los más capaces y picaros en esa especie de suerte de partida de póker y calculadora en ristre en que se ha convertido la política española, hoy aquelarre perfecto capaz de funcionar como apisonadora del talento político de generaciones enteras que entendían la política como una herramienta y no como un fin en sí mismo.  En definitiva, poco importa ya la política en mayúsculas y de trazo amplio en un mundo en donde el Arte del político, del líder o lideresa se configura en torno a un fondo de cinco centímetros con maquillaje perfecto engalanado de populismo para convencer a las masas con promesas de espacios comunes y  realidades difusas.

En esta la suerte que hoy corremos la ciudadanía de la España del Siglo XXI  esa que se levanta a las ocho de la mañana para levantar aun país y observar como  los hemiciclos y no los cielos han sido asaltados en gran parte por la estulticia y la mediocridad de nuevos liderazgos con viejas osamentas, nuevos políticos y políticas sin cintura ni capacidad de transformar la realidad de un país en donde su paciencia a veces infinita se pone  a prueba a golpe de insulto a la inteligencia colectiva.

Hoy España de nuevo encara nuevas citas electorales que en el País Vasco y en Galicia no vendrán más que a poner en el dibujo electoral nuevas fichas de una partida en donde de nuevo las cartas de la partida se repartirán para unos pocos, una partida en donde el interés personal aflorará frente al general  de una ciudadanía harta y cansada de sufrir los rigores de una crisis que ha transformado la realidad de una España en donde vivir y sobrevivir es la aventura a la que miles de familias se enfrentan en su particular carrera del mes a mes, esas en las que el fallo se paga con un embargo, un desahucio o una notificación de corte de luz, esa España en donde la clase media se ha difuminado a golpe de brechas salariales y de condiciones de vida que cada más marcan más las diferencias entre estratos de población. Esa España que hoy esta hastiada de la política de los cinco centímetros.

En definitiva, el próximo 26 de Septiembre cuando la noche electoral de los resultados de las elecciones vascas y catalanas un nuevo capítulo se pondrá sobre la mesa en lo que a la configuración del gobierno de España se refiere. Un episodio que vendrá a determinar la convocatoria o no de la que serían las terceras elecciones generales en nuestro país en menos de un año. Habrá que ver entonces la generosidad de quienes con su incapacidad han permitido llegar a este extremo y la responsabilidad de quien ha sido incapaz de sumar mayorías aún con los resultados electorales a su favor de dar un paso atrás.

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