Un humorista realiza un chiste, un gesto cómico con la bandera española, (que no deja de ser un trozo de tela coloreado, al igual que todas las banderas) y se revolucionan cientos de miles de ciudadanos y la indignación alcanza cuotas infranqueables en las redes sociales. Y sin embargo, hechos y situaciones verdaderamente caóticas, inhumanas y de relevancia transcendental en lo económico y social, quedan en el vacío de la dejadez. A lo sumo, una mirada furtiva al texto o una conversación de barra de bar.

Todos los días, queda constatado con mayor claridad el entramado de corrupción política y la malversación de fondos públicos que han llevado a cabo políticos y empresarios que se han movido por las bambalinas del poder, y no hay revolución alguna de dedos sobre el teclado del móvil o del ordenador para criminalizar. Tampoco las hay en la desigualdad creciente, promovida por los acuerdos entre los poderosos, la Banca y grandes empresas, que en una u otra manera, solo surten sus necesidades y siguen proponiendo la esclavitud para el ciudadano. Sin látigos ni cadenas, edulcorada con profecías, pero esclavitud en toda su definición. Tampoco parece de relevancia alguna, o no es lo suficientemente digno de revolucionar las redes sociales, los cientos de miles de ciudadanos que han sido violados en su infancia por miembros de la Iglesia. Ni tampoco la osadía y el narcisismo de la élite eclesiástica para hacer la vista gorda y lanzar balones fuera.

Quizás, deberíamos comenzar a pensar que una bandera (un trozo de tela coloreado) no debería regir nuestra patria. La patria no tendría que ser el fanatismo irrisorio y el orgullo amenazador, tendría que ser lo humano. Nuestra patria debería estar regida por las personas que amamos y nos aman, por las luchas a las que nos enfrentamos todos los días, por el paisaje que nos levanta cada mañana, por los buenos días que nos arrebatan una sonrisa. Nuestra patria debería ser la crítica al desalmado, sea poder político, religión o empresa. Nuestra patria tendría que ser la comunión de toda comunidad para atentar y señalar toda violencia física o moral a alguno de sus miembros.

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Escritor. En el 2003 publica el entrevero literario “El dilema de la vida insinúa una alarma infinita”, donde excomulga la muerte a través de relatos cortos y poemas, todas las muertes, la muerte del instante, la del cuerpo y la de la mente. Dos años más tarde, en 2005, sale a la luz su primera novela, “El albur de los átomos”. En ella arrastra al lector a un mundo irracional de casualidades y coincidencias a través de sus personajes, donde la duda increpa y aturde sobre si en verdad somos dueños de los instantes de nuestra vida, o los acontecimientos poco a poco van mudando nuestro lugar hasta procurarnos otro. En 2011 publica su segunda novela, “Historia de una fotografía”, donde viaja al interior del ser humano, se sumerge y explora los espacios físicos y morales a lo largo de un relato dividido en tres bloques. El hombre es el enemigo del propio hombre, y la vida la única posibilidad, todo se articula en base a esta idea. A partir de estas fechas comienza a colaborar con artículos de opinión en diferentes periódicos y revistas, en algunos casos de manera esporádica y en otros de forma periódica. “Vieja melodía del mundo”, es su tercera novela, publicada en 2013, y traza a través de la hecatombe de sucesos que van originándose en los miembros de una familia a lo largo de mediados y finales del siglo XX, la ruindad del ser humano. La envidia y los celos son una discapacidad intelectual de nuestra especie, indica el autor en una entrevista concedida a Onda Radio Madrid. “La ciudad de Aletheia” es su nuevo proyecto literario, en el cual ha trabajado en los últimos cuatro años. Una novela que reflexiona sobre la actualidad social, sobre la condición humana y sobre el actual asentamiento de la especie humana: la ciudad. Todo ello narrado a través de la realidad que atropella a los personajes.

2 Comentarios

  1. La patria, que asco vender tu alma a la historia alterada. Seguir al pabellón que otros han impuesto. Mi país cuenta una historia de 3000 ańos y España solo 400, y de mucho asco gobernado y dirigido por dinastías extranjeras o elites corruptas que siguieron las políticas que otros extranjeros crearon. En la actualidad gobiernan de forma alternativa partidos creados por gallegos, antes, un gallego tonto de apenas un metro os tuvo cogidos de los huevos 40 años, y la única dinastía real hispana fue la casa de Trastámara, que literalmente significa detrás del Tambre. De que carallo presumen, parvos. Lean ls historia y luego consideren que también fuimos el primer reino medieval de Europa.

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