Hace 83 años atrás decía Enrique Santos Discépolo en su tango Cambalache que ‘vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos’ y pese a que pasó tanto tiempo, los argentinos no logramos ‘dar vuelta la tortilla’ como pedía aquella canción de ‘El Hormiguero’.

Esta vez quien ratifica la plena vigencia de Cambalache es la votación en la Cámara de Diputados de la Nación sobre la pertinencia o no de aplicar lo normado en el artículo 66 de la Constitución Nacional argentina sobre la habilitación moral de uno de sus miembros para seguir perteneciendo al cuerpo.

En el debate parlamentario el oficialismo esgrimía que el Diputado en cuestión, el ex Ministro peronista y ‘dueño’ de la obra pública y su caja durante 12 años Julio De Vido, carecía de dichas cualidades morales y en consecuencia debía ser apartado de la Cámara Baja, atento a las más de 100 causas judiciales, 26 imputaciones y 5 procesamientos, en las cuales se encuentra involucrado. En contraposición, la mayor parte del peronismo, con aliados circunstanciales como el bloque del Frente de Izquierda, salió en su defensa y se opuso a su exclusión. Lo central del debate giró en torno a la capacidad de la Cámara de Diputados de apartar a uno de sus miembros sin condena previa, lo cual a los ojos del peronismo era un error y en el caso del oficialismo era el camino a seguir, puesto que no se debatía la culpabilidad jurídica sino la responsabilidad política.

Mas lo paradójico es que años atrás, cuando la misma Cámara, incluso con algunos de los mismos integrantes debatió el ingreso a la misma del represor Luis Patti, su pliego fue rechazado por las denuncias que obraban en su contra, pese a que al momento del debate no pesaba sobre él condena alguna. En aquella oportunidad los papeles estaban invertidos, era el peronismo quien cuestionaba la capacidad moral de Patti para ser miembro de la Cámara de Diputados y parte del actual oficialismo quien lo rechazaba por la falta de condena.

Es decir que las posturas son recurrentes cuando se debate el ingreso o la permanencia de un ciudadano en el Congreso argentino, lo que varía es quien se encarga de ocupar cada rol en el debate.

Y como si esto fuera poco, el peronismo que cuestiona la falta de sentencia judicial para apartar a De Vido, apaña y es cómplice de la permanencia en el Senado de la Nación del ex presidente peronista Carlos Menem, quien tiene en su contra dos condenas, una de 7 años de prisión por el tráfico de armas agravado a Croacia y Ecuador y otra de 4 años y 6 meses de cárcel por malversación de fondos públicos. Hay que reconocer en favor del peronismo que son coherentes, en ambas Cámaras, hace tiempo atrás y hoy, cuando los delincuentes son útiles a sus intereses, miran para otro lado y apañan a sus compañeros de bancada, en una suerte de omertà peronista en donde nadie saca los pies del plato y se privilegia la ley del silencio ante que la justicia. Lo expuso claramente el cuestionado De Vido al afirmar que ‘soy responsable de todo lo que hicimos en estos años, con los presidentes que me designaron, con los gobernadores e intendentes que me acompañaron y con muchos de ustedes’, en una clara alusión que cualquier acusación que se levantara contra él, se levantaba también contra cualquiera de sus ocasionales compañeros de rutas, que en 12 años fueron muchos.

Hoy el peronismo funciona como una confederación dedicada a la protección y el ejercicio autónomo de la ley (justicia vigilante) entre los propios, que coincide con la definición que la Fiscalía Especializada en Criminalidad Organizada del Perú describe en el sujeto de su accionar.  Y para ello se valen del argumento que sea necesario, en general, la mentira. Dijo De Vido que ‘nunca me ampare en fueros’, sin embargo poco más de un año atrás, en junio de 2016, en el marco de una causa por enriquecimiento ilícito, De Vido solicitó, a través de su abogado defensor, que se deje sin efecto una medida de allanamiento en su contra por ser diputado, puesto que ‘los inmuebles en cuestión [los que detallaba la orden de allanamiento] pertenecen a Julio De Vido, quien se desempeña como diputado nacional. En consecuencia, y conforme a lo dispuesto en el artículo primero, último párrafo, de la ley 25320, solicito que se deje sin efecto la medida ordenada’.

Pero la cuestión es que, como decíamos más arriba, no están a un lado los buenos y al otro los malos, sino que está todo entreverado. El silencio y la complicidad se exhiben cuando el acusado es uno de los propios y se condenan cuando el señalado es de los ajenos.

Se hace imperiosa entonces una limpieza dirigencial que haga a un lado del camino, y si es necesario, porque se comprueba la comisión de un delito, adentro de la cárcel, a aquellos que pretenden hacernos creer que todos somos lo mismo porque ellos son lo mismo. Que ya no es como escribiera Discepolín, ‘¡No pienses más, sentate a un lao, que a nadie importa si naciste honrao! Es lo mismo el que labura noche y día como un buey que el que vive de los otros, que el que mata o el que cura o está fuera de la ley’, que esta vez la realidad es otra, que no todos somos lo mismo, y que los buenos somos más que los malos y tenemos más fuerza.

Que no hay omertà que valga, que la ley que impera no es la del silencio, y que quien las hace las paga. Sólo entonces se podrá construir el país en serio que todos proclaman y reclaman pero pocos ayudan a construir realmente.

 

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