“Leemos mal el mundo, y decimos luego que nos engaña” escribía hace ya algunas décadas el escritor y filosofo Rabindranath Tagore. Hoy vivimos en un planeta que ha cambiado de manera profunda enfrentándonos a nuevos retos y desafíos de importante calado frente a los que nuestra mejor aportación posible no es otra que la formación y preparación de las generaciones que como nativas digitales hoy toman las aulas de nuestros colegios, institutos y universidades para prepararse para un futuro que ya es presente en forma de una cuarta revolución industrial y tecnológica que ha roto los esquemas de lo que hasta ahora conocíamos.

La robótica, la nanotecnología, la digitalización del mundo, la gestión de la demografía implosiva que llevara al 70% de la población del mundo a vivir en metrópolis y ciudades , la economía verde o la comunión entre inteligencia artificial y humanidad en forma de un nuevo transhumanismo que superara el concepto de homo sapiens en este siglo son sólo algunos de los nuevos motores que darán forma a la configuración de un nuevo mundo ante el cual, quienes nos precedan en forma de Generación Millenian o Z deberán dar respuestas . Y para ello, la educación del presente se muestra como el pilar fundamental sobre la que nuestra sociedad deberá construir el éxito del futuro.

Y es aquí, en donde el sistema educativo de nuestro país aflora con todas sus carencias en forma de informes Pisa que no señalan, la falta de capacidad de nuestros docentes o alumnos sino la errónea lectura del mundo como decía Tagore que hoy hacen quienes desde los poderes públicos llevan a cabo una lectura errónea que no nos permite adaptar la educación del presente al mundo actual. Encontramos así el primer error en donde nuestro sistema de enseñanza asienta su incapacidad de conexión con un alumnado apasionado por un mundo digital y en permanente cambio, con una generación de jóvenes que entienden en la conexión global con el mundo su forma de interacción y de aprendizaje , un mundo que con su entrada en el sistema educativo se ve cortocircuitado de repente con un modelo que sin apenas cambios en 150 años intenta comunicar y transmitir una enseñanza con instrumentos del siglo XIX o XX y no con los códigos de conexión del Siglo XXI. Surge aquí por lo tanto el primer reto de la educación en nuestro país, un reto que tiene que ver con la necesidad de gestionar la diversidad de un mundo globalizado buscando la comunión entre tecnología y aprendizaje con esa necesaria simbiosis entre entretenimiento y conocimiento que haga posible que la pasión con la que nuestros jóvenes interactúan hoy en búsqueda de información se conecte con la mentorización y tutelaje de los docentes que entendiendo los códigos de este nuevo mundo den con las teclas necesarias de la partitura de la educación del siglo XXI.

Pero junto con este primer análisis, otros deben de señalarse como necesarios en la construcción de un nuevo modelo educativo por el que España debe apostar de manera directa , así la innovación disruptiva en los conocimientos de impartición de la educación de nuestro país debe ser el otro de los elementos que acompañe nuestro análisis. Una disrupción está que debe ir acompañada de la incorporación de nuevas enseñanzas complementarias y transversales a las ordinarias, conocimientos basados en la potenciación de la creatividad y no en su castración (como señalan de manera permanente expertos en educación como Ken Robinson) la inteligencia emocional como desarrollo del autoestima y confianza, la comunicación y la tecnología unida a la necesaria incorporación de la robótica y la programación como ese nuevo idioma imprescindible en este tiempo, un idioma que unido al conocimiento ya dado por hecho del ingles configuren los lenguajes a los que nuestros jóvenes deberán estar adaptados de manera cotidiana.

Y todo ello, con el corolario del necesario repensamiento de la estructura educativa desde el inicio, esa estructura que hoy y fruto de las exigencias de un mercado laboral injusto y en donde la conciliación laboral y familiar es un mito, obliga a la entrada en guarderías a niños y niñas desde edades muy tempranas, algo que en gran parte afecta al desarrollo de su seguridad y personalidad , esa que se configura hasta los 3 años y que será fundamental en las siguientes etapas de desarrollo escolar y personal. Pero junto a ello, también se presenta como fundamental analizar la necesidad de entrada en primaria de niños con edades de apenas tres años cuando tal vez y siguiendo los modelos de éxito en este campo como el alemán, holandés o el de los países nórdicos la apuesta por otros modelos de entrada al sistema educativo a partir de 5 o 6 años supondrían una mejor capacidad para responder a las metodologías regladas de una estructura como la escolar. Siendo sustituida la fase actual de 3 a 5 años con otras formulas como las propuestas por pedagogías como la Waldorf que apuesta por la creatividad, la inteligencia emocional o la participación de los padres en comunicación con los docentes en los primeros pasos de los niños y niñas en su primer acercamiento al mundo como seres más independientes.

Pero no sólo la estructura educativa debería ser repensada desde el inicio, sino también en lo que a las etapas secundarias o universitarias se refiere, apostando con la conexión de la enseñanza con un mundo actual en donde los nuevos campos de conocimiento que mueven el mundo se escriben en campos de la innovación, la digitalización, la ingeniería, la robótica, la ingeniería, la economía circular y verde o los nuevos motores económicos de las industrias de la digitalización y las transciencias que mueven ya el mundo . Es hacía aquí donde nuestro modelo educativo debería orientar las brújulas de los itinerarios formativos hoy en muchas ocasiones disconexos con el mercado laboral y el mundo global que hoy vivimos.

En definitiva, hoy enfrentamos el reto de educar a las generaciones del presente para que lideren un mundo en cambio respondiendo a los retos de un futuro que sólo podemos percibir entre la bruma pero sin acabar de ver con nitidez. Este es el reto de quienes desde los poderes públicos y la responsabilidad política tienen que acertar en el desafío de construir un pacto de estado de educación sobre el que fijar los pilares del progreso de un país como España en donde la educación debe dejar de ser balón de partido de las cuitas políticas para convertirse en una cuestión de estado, no por menos nos jugamos el todo o nada y el tiempo se agota.

 

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