A lo largo de gran parte de la Historia la mujer ha estado mediatizada por los hombres y por la sociedad, tan sólo en algunos periodos históricos  han alcanzado la igualdad con el hombre, e históricamente también ha perdido la igualdad real; en la actualidad muchas mujeres están en el trabajo y en el salario discriminadas.

En este artículo exponemos someramente una pequeña evolución de la desigualdad y el periodo en el que alcanzaron su máxima cuota de igualdad, en la sociedad machista por naturaleza. Todos los historiadores modernos apuntan que el máximo periodo de conseguir la igualdad fue la II República.

En este sentido, desde la Restauración la mujer fue adquiriendo más protagonismo en la sociedad pero, al ser ésta muy conservadora, éste protagonismo se ceñía casi exclusivamente al mundo familiar. La educación que recibía la preparaba para ser una buena madre y una fiel esposa, por tanto ese protagonismo estaba en función del hombre.

Así las niñas de las clases acomodadas recibían, en sus colegios, clases de piano, francés, urbanidad y poco más, todo ello para convertirse en distinguidas esposas.

Por otra parte, las niñas de las clases bajas, también eran educadas para ser buenas madres y fieles esposas pero además debían ser buenas administradoras, saber guisar y coser y si vivían en el mundo rural conocer las actividades agrícolas y trabajar en ellas,

Como vemos, la sociedad conservadora siempre ha permitido algún avance a las mujeres según las necesidades de la clase social a la que perteneciera para beneficio del varón.

Sin embargo, ésta situación fue cambiando paulatinamente, siempre con el recelo de la sociedad muy conservadora y la mujer se fue integrando en la vida social y política del país.

Por otro lado, la sociedad femenina de la mediana burguesía empieza a colaborar con la empresa familiar y necesita tener estudios que le permita llevar sus quehaceres con éxito, así algunas estudian bachillerato y carreras de grado medio y son pocas las que se atreven a ir a la Universidad, las primeras que lo hicieron, acudieron a ella disfrazadas de hombre, como si estudiar una carrera universitaria fuera un delito. Las de las clases populares, que eran la mayoría, cuando trabajaban fuera de casa lo hacían en el servicio doméstico y como modistillas, en los trabajos más duros.

Con el final de la I Guerra Mundial, el feminismo europeo entra en España, sobre todo el eco de que en el reino Unido en 1927 podían votar en igualdad de condiciones que el hombre. La moda tanto francesa como americana hace furor en los “felices años veinte”, se va incorporando paulatinamente el uso del ferrocarril , el automóvil, la radio el fútbol y el cine etc. donde se difunde un modelo de mujer al que la sociedad española no estaba acostumbrada y algunas muy atrevidas son capaces de imitar, pero no con el beneplácito machista a las que se les tildaba de de mujeres no fiables.

Con la llegada de la II República, es cuando este cambio se hace más profundo; la Constitución del 31 en su artículo 36 extendió el voto a las mujeres en igualdad con los hombres.

Por tanto, con esta medida y otras que le acompañaron, el papel de la mujer dejó de ser un sujeto pasivo en la sociedad para tener voz propia y ser sujeto de su propio destino independiente de sus parientes masculinos. 

El número de alumnas se duplicó en todas las enseñanzas, incluso en la universitaria.

Las nuevas leyes republicanas también fomentaron la incorporación de la mujer en la sociedad, se admitió el divorcio, se despenalizó el adulterio femenino, se normalizó el empleo de la mujer en la función pública, se admitió en las carreras de Registradores y Notarios y podían desempeñar la actividad de la abogacía en igualdad con los hombres y en cualquier otra actividad relacionada con la actividad pública, eso si, quedó relegada de las actividades militares.

Es importante indicar que, en 1933 había en las Cortes seis mujeres pero era en los partidos catalanistas y vascos donde la mujer logró mayor cuota de poder, en las filas femeninas del PNV se contaban hasta 20.000 afiliadas.

Con todos sus derechos civiles muchas mujeres ocuparon importantes cargos públicos, así fueron diputadas, Victoria Kent, Clara Campoamor (artífice del derecho de la mujer a votar, tras muchos debates en el Parlamento) y Margarita Nelken. Destacables mujeres, también fueron la ministra de Sanidad Federica Montseny y Dolores Ibárruri “ Pasionaria” fue una líder indiscutible en el Partido Comunista.

En el mundo intelectual destacaron; Rosa Chacel, Carmen Conde y María Zambrano, entre otras. En el mundo del deporte, Lilí Álvarez llegó a la final del torneo de tenis de Wimblendon.

Con el “golpe de Estado” de Franco y  la guerra civil todo esto se apagó y la mujer volvió a su papel anterior a la II República, deberíamos esperar muchos años para que la mujer se integrará definitivamente en la sociedad en igualdad con el hombre.

De acuerdo con Corre la Voz, el siglo XX español está marcado por un complejo proceso de inestabilidad política: dos repúblicas, una guerra civil, una larguísima dictadura, la transición a la democracia y la vuelta de la monarquía.

De todos estos cambios en el sistema político español del último siglo, la Segunda República (1931) fue un período intenso e interesante, en tanto que dio un impulso de progreso, cultura y libertad al Estado Español; truncado brutalmente por el levantamiento militar y la guerra civil. De este modo, la II República supuso, especialmente para las mujeres, un cambio liberalizador importante.

Historiadores modernos señalan que, hasta entonces las mujeres españolas habían tenido un papel pasivo y discriminado, su lugar en la sociedad era el de esposa y madre, dependiente siempre del hombre (padre o marido). En 1930 había unos 6 millones de familias de las cuales el 85% eran familias obreras y campesinas. En cinco millones de ellas, las mujeres realizaban exclusivamente las tareas domésticas. La incorporación de la mujer al mundo laboral estaba obstaculizada por la alta tasa de analfabetismo y a la falta de medios estructurales que facilitaran la incorporación al trabajo a las mujeres con hijos e hijas.

Respecto de la población activa femenina a comienzos de los años 30 era del 24%, del cual, el 80% eran mujeres solteras y viudas. Estas últimas, se veían obligadas a trabajar para sacar a la familia adelante al no haber ningún tipo de pensión de viudedad. Las casadas, para poder trabajar, necesitaban el permiso del marido, así como para trasladarse de su casa a otra población donde vivía su familia, no podían disponer libremente de su salario pudiendo el marido optar a él, incluso en los casos de separación judicial entre ambos cónyuges.

    Durante la II República, con la Constitución de 1931 y las leyes promulgadas posteriormente la situación de las mujeres comenzó a cambiar: se eliminaron privilegios reconocidos hasta ese momento exclusivamente a los hombres, se reguló el acceso de las mujeres a cargos públicos, se logró el derecho de voto a las españolas como hemos indicado más arriba por la lucha incansable de Clara Campoamor, se reconocieron derechos a la mujer en la familia y en el matrimonio (se reconoció el matrimonio civil, el derecho de las mujeres a tener la patria potestad de los hijos, se suprimió el delito de adulterio aplicado sólo a la mujer y se permitió legalmente el divorcio por mutuo acuerdo). Por otra parte, se obligó al Estado a regular el trabajo femenino y a proteger la maternidad (se prohibieron las cláusulas de despido por contraer matrimonio o por maternidad, se estableció el Seguro Obligatorio de Maternidad y se aprobó la equiparación salarial para ambos sexos).

En el ámbito de la educación, se permitieron las escuelas mixtas y la coeducación, se abolieron las asignaturas domésticas y religiosas y se crearon escuelas nocturnas para trabajadoras. Se redujo significativamente el analfabetismo femenino. En Cataluña, incluso, se llegó más lejos, y se permitió la dispensación de anticonceptivos, se despenalizó y legalizó el aborto, se decretó la abolición de la prostitución reglamentada y se prohibió contratar a mujeres en trabajos considerados como peligrosos o duros.

                                        

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Licenciado en Geografía e Historia (Sección Geografía) por la Universidad de Zaragoza. Agregado y Catedrático de Bachillerato. Desde 1982 imparte docencia como Profesor Tutor de Geografía en la Licenciatura y Grado de Historia, y en la Diplomatura de Turismo en el Centro Regional de Cartagena. Profesor Tutor telemático de Geografía en las mismas carreras. Sus líneas de investigación son Climatología, Medio Ambiente y Tercer Mundo. Entre sus libros figuran: “La estadística y las Representaciones gráficas aplicadas a la Geografía”, “La Comarca del Campo de Cartagena. Dependencia climática y Biodiversidad. Retos y Realidades”, “El Planeta tierra en peligro (Calentamiento Global, Cambio Climático, Soluciones)”. Colaborador de revistas científicas de Geografía en Universidades españolas y en el Instituto Geográfico Vasco, en las que constan algunos artículos como: “La región geográfica”; “Las temperaturas del Campo de Cartagena 1940-1980”; “Aspectos de la Degradación del Medio Ambiente: su influencia en el clima”; “Aproximación al estudio de las corrientes oceánicas y su influencia en el clima. El fenómeno de la corriente de El Niño”; “Aproximación al estudio del Subdesarrollo, Globalización, pobreza y hambre en el mundo”; “Consideraciones en torno al impacto medioambiental de las Fuentes de Energía”; “El arte de conocer el tiempo”; “Precipitación, aridez, sequía y desertificación de la Comarca del Campo de Cartagena”. Ponente y coordinador de varios cursos organizados por el Centro Regional de la UNED de Cartagena. Ponente en el II Congreso sobre Etnoarqueología del Agua en el Campo de Cartagena con el artículo “Precipitaciones, sequía y agua del trasvase en el Campo de Cartagena”. Perteneció como miembro electo al Claustro del Centro Regional de la UNED en Cartagena. Dedicado a la docencia y a la investigación geográfica.

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