Las brechas democráticas, la corrupción no como excrecencia sino como savia del sistema, la consolidación de una obscena desigualdad, la espada de Damocles de la exclusión y la pobreza sobre las mayorías sociales, la demolición del mundo del trabajo, el desproporcionado poder de las élites económicas y financieras, conforman un escenario sin credibilidad para la ciudadanía que no encuentra en las permanentes agresiones que recibe instrumentos de autodefensa en un régimen de poder cada vez más deslegitimado por la mayoría cívica. Ello conduce a una falta de representación que para Aranguren cristaliza por una carencia de contenidos sustantivos que provoca la desmoralización colectiva. Cuando falta contenido, no hay convicciones, el sentimiento no tiene donde adherirse y falla también.  Ortega, por su parte, afirma que la moral no es un añadido del ser humano, sino su mismo quehacer para construir la propia vida. Rajoy tiene auténtico pavor a la política en su sentido ideológico y navega simplificando.  En una burda procrastinación, afirma que la corrupción que rebosa por todos los cornijales del Partido Popular, la manipulación de la justicia y las tensiones territoriales son “chismes”, nada importante en el lodazal de la vida pública en una destrucción controlada del concepto ético de la política como instrumento de convivencia.

Emmanuel Macron planteaba, como vía para regenerar la vitalidad del acto político la recuperación de la ideología: “El discurso político no puede ser solo un discurso técnico que encadena medidas. Es una visión de la sociedad y de su transformación. Solo el debate ideológico puede reponer la cuestión de las finalidades”. Por eso hasta ahora a Rajoy le ha resultado tan cómodo el PSOE que estaba bajando al peor de los infiernos que imaginó Dante, el preparado para los tibios, de quienes dice que la los cieca vita è tanto bassa/che’invidiosi son d’ogn’altra sorte. A los tibios nadie los quiere, son despreciados por el cielo y el infierno. Una Partido Socialista que no hallaba comodidad como genus dicendi, como forma de expresión, en ninguno de los ámbitos del debate político. Sin modelo ideológico, sólo pretendía ser un matiz de una agenda que transita por territorios ajenos a su propia sociología  en un intento impropio por comprender la “lógica” del sistema para apremiar objetivos sociológicos inexistentes, como el centro político, abandonando a una sociedad civil que tiene la necesidad de reaccionar y participar en procesos políticos de redistribución de los recursos sociales mediante  un discurso político claro, de ideas básicas en torno a cómo organizar la sociedad y enfrentarse a acontecimientos históricos muy adversos.

Por ello, el verdadero acto de censura a Rajoy lo han llevado a cabo las bases del PSOE cuya voz se ha manifestado con meridiana claridad en las últimas primarias, demandando la fortaleza ideológica y la centralidad de los valores del Partido Socialista como herramientas imprescindibles para la regeneración democrática del país, y la urgente reforma del Estado que termine con la oligarquización y el caciquismo de la vida pública española. Es decir, constituirse en una auténtica alternativa a las políticas de lodazal y anticívicas de la derecha. La expresión de la voluntad democrática de las bases del Partido Socialista ha sido clara y contundente y por tanto no admite malentendidos ni reductos personales. Es una exigencia de una auténtica redistribución del poder que devuelva la centralidad a la ciudadanía y una profundización democrática que  cauterice la toxicidad que las políticas del Partido Popular representa en la sociedad española.

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2 Comentarios

  1. … comnparto en buena parte el artículo, si bien estimo, una ves más, que la labor de los partidos políticos está llamando a su fin; la democracia, ,basada en la cooperación, el beneficio general de la sociedad… y la libertad, necesaitan de un salto cualitativo hacia adelante y hacia arriba. Pero ya, ya veremos. Saludos.

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