El Olvido sólo es posible porque hay un Recuerdo. Existen los pueblos que cultivan las fuentes del Recuerdo en contra de los que lo hacen sepultando la Memoria.

En la localidad de Trélissac han dedicado una calle como resistente, deportado y transmisor de Memoria, a los 92 años de Vicente García Riestra. Este asturiano fue deportado al campo de concentración de Buchenwald por pertenecer a la Resistencia antinazi en la Francia ocupada. El asturiano se lamenta de que España haya ignorado y olvidado a quienes, como él, lucharon contra el fascismo en Europa. En todos estos años este hombre ha difundido lo que le tocó vivir. Especialmente en colegios. Sabe muy bien que la peor de las derrotas es el olvido. La desmemoria hace que personas y sociedades repitan errores, promuevan a pervertidos o instauren regímenes que emulen a los peores totalitarismos de la historia. España no reconoce y homenajea a los españoles que pasaron por la Resistencia contra el nazismo. Ni siquiera le restituyeron la nacionalidad. Esto comprende tanto a los gobiernos del PP como a los del PSOE.

La memoria es una herramienta democrática. Permite corregir a los apóstoles de la postverdad. A esa historia de diseño que se difunde desde los púlpitos y bancadas parlamentarias. Permitir que se salgan con la suya es una complicidad inaceptable que no puede ejercerse impunemente. Las declaraciones públicas y las actuaciones consecuentes, no se compadecen con los más elementales principios de coherencia. Desde todo el coro mediático se afanan en interpretar que lo que ven nuestros ojos y percibe nuestro bolsillo no es más que un error. La verdad está en las portadas de los periódicos con subsidios gubernamentales o cadenas de televisión y radio que responden a intereses empresariales diferentes de la ética periodística.

Pero, la realidad sigue siendo terca. Las víctimas del accidente del Metro de Valencia o del tren Alvia, en su desesperación, quieren creer en gobiernos que han construido servidumbres derivadas de los acuerdos de la Transición, esas cadenas de lealtades que siguen colisionando con la esencia democrática que consiste en respetar las reglas del juego. Las incumplen sistemáticamente. Por eso desean el olvido.

El incumplimiento de la ley de la Memoria Histórica, al vaciarla de los recursos necesarios para que sea efectiva, es una metáfora de lo que afirmo. El propio parlamento deja al descubierto su inutilidad al ser infructuosas las consecuencias de una proposición no de ley que simplemente insta al Ejecutivo. El Gobierno no está obligado a cumplirla. Con el voto a favor de Unidos Podemos y de Ciudadanos, y la abstención del PP y ERC, el PSOE sacó adelante esta iniciativa que, como muchas desde el retorno de Sánchez, puede quedarse en un gesto simbólico. Cuando vimos a un Pedro Sánchez vencido y desanimado confesarle a Jordi Evole las verdaderas razones de su extraña alianza con Ciudadanos y, ahora, recuperado de esa travesía del desierto, reiterar su discurso previo al golpe de la Gestora, es que tenemos un problema de memoria.

Desde el poder juegan a que olvidemos. Saben que la memoria colectiva es frágil. Los servidores mediáticos del sorayato se afanan en ello. Esa es la técnica Rajoy. Resistir que ya pasará. Mientras, a los españoles se nos va la vida. Recordemos a Benjamin Franklin: “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo.”

Los españoles tienen en sus manos su propio futuro… si desertan a ello… es que se merecen lo que les ocurra entonces… Ejercer la democracia es luchar contra el olvido:

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