En cierta ocasión Boris Pérez recibió una oferta interesante de un laboratorio. No conocía a la empresa y le sorprendió que las condiciones que incluía el contrato eran muy buenas. Demasiado buenas para un investigador que, como él en ese momento, estaba comenzando. Unas cláusulas más propias de un investigador consagrado que hubiera obtenido un Premio Nobel.

No encontró referencias de la empresa pero la oferta era muy tentadora. No iba a encontrar nada mejor. Decidió firmar el contrato. Sin embargo, cuando iba a estampar su firma y cerrar el contrato, recordó algo que le contó su buen amigo Pepe López y que se puede resumir como “esto es mucha leche para un tonto”. Se trata de una historia antigua que transcurre en un cortijo hace muchos años en una época de carestía y escasez.

A la hora de la merienda, la señora del cortijo le daba a cada uno de sus hijos un tazón de leche. En aquella época sólo había leche para los que podían pagarla y era difícil de conseguir en ese lugar. En uno de los tazones la señora vio que había una mosca, la quitó pero no le quiso dar de beber a su hijo de esa leche. Con el tazón no sabía qué hacer. En ese momento se cruzó el hijo de uno de los trabajadores del cortijo, que tenía fama de ser un poco tonto. Le llamó y le dio el tazón de leche. El chico se puso contento. No tenía oportunidad de beber leche. Miró al tazón y le asaltó la duda. Dijo: “esto es mucha leche para un tonto”.

Aplicó la historia a su contrato y no firmó. Agradeció a la empresa su ofrecimiento pero él todavía no era un investigador de ese nivel. Le ofrecían mucha leche y él no quería ser el tonto. Con el tiempo se encontró con un compañero que sí firmó aquel contrato. Le preguntó qué tal le iba y su colega respondió que fue una pesadilla. La empresa no cumplía ninguna de las condiciones firmadas y le exigía un trabajo que no podía hacer por falta de medios. Tuvo que ir a juicio y perdió mucho tiempo y dinero en lograr que se cancelara el contrato. Boris lo lamentó por su compañero. También pensó que él mismo se podía haber visto así, y se salvó gracias a su amigo Pepe.

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Profesor Titular de Universidad de la Universidad de Cádiz, en el Departamento de Estadística e Investigación Operativa, adscrito a la Facultad de Ciencias del Trabajo. Ha sido Vicerrector de Alumnos de la Universidad de Cádiz (desde el año 2003 hasta el 2013) y Vicerrector de Responsabilidad Social y Servicios Universitarios de la Universidad de Cádiz (desde 2013 hasta 2015). Durante estos doce años, ininterrumpidamente, ha tenido entre sus competencias el Área de Deportes de la Universidad de Cádiz. Ha promovido la creación del Aula Universitaria de Fútbol de la Universidad de Cádiz, y en estos momentos ocupa el cargo de Director del Aula de Fútbol. Tiene el título de Entrenador Nacional de Fútbol con Licencia UEFA-PRO. Ha entrenado en las categorías Infantil y Cadete del Cádiz C.F. desde el año 2010 hasta la actualidad. Además, en el Cádiz C.F. ocupa el cargo de Coordinador de Delegados y Auxiliares de Fútbol Base desde el año 2014.

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