Foto: Agustín Millán.

La catedral madrileña de la Almudena acogerá los restos del dictador. A pesar que el derecho Canónico (promulgado por el Vaticano), establece que sólo podrán ser sepultados en templos católicos el Papa o los cardenales. 43 años después, y a pesar del Cardenal Tarancón quien paralizó las obras de la catedral en los albores de la dictadura, los restos del dictador y su familia, -o ya reposan- o reposarán entre el columbário, debajo del altar. La cripta se convertirá en un lugar de peregrinación fascista, para beneficio de la iglesia.

Según cuentas varias vecinas de Madrid, la cripta en los años cincuenta, cuando aún no existía la actual catedral, contaba con una capilla a modo de panteón con dos vidrieras, una dedicada al dictador Franco con uniforme y otra a su esposa Carmen Polo. No hemos podido comprobar cuando, la familia Franco se hizo con la sepultura en la que reposan los restos de su hija y su yerno, el marqués de Villaverde.

En 1983 el Patronato de la Almudena, puso a la venta no sólo las capillas, sino también 60 sepulturas de la cripta de la catedral, a precios de entre el millón y los tres millones de pesetas de la época. Las capillas fueron cuasi regaladas, a órdenes religiosas conservadoras como el Opus Dei, al que pertenecen insignes miembros de los gobiernos del Partido Popular y de la cúpula del partido. Allí tiene su capilla, su fundador Escrivá de Balaguer.

Seguirá colaborando con el régimen 43 años después. “No tenemos inconveniente en acogerle”

También han adquirido una capilla los neocatecumenales, movimiento de carácter neoconservador fundado por el español Kiko Argüello, quien al finales de los años noventa decoró con unas pinturas copiadas de una iglesia dominicana, el altar mayor a mayor gloria del cardenal Rouco, que el año pasado insultó al papa Francisco.

El traslado de los huesos del dictador Franco, Del Valle de los Caídos, cuenta con el apoyo del Arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, sucesor de Rouco Varela. La normativa vaticana, estableció en 1983, época en que se vendieron la mayoría de las tumbas vacías, que aún no pertenecían a la nobleza madrileña, que “no deben enterrarse cadáveres en las iglesias, a no ser que se trate del Romano Pontífice, de sus propios cardenales u obispos diocesanos, incluso eméritos”, dice el canon 1242 del Código de Derecho Canónico, en el apartado quinto dedicado a los cementerios, a las iglesias y “templos y lugares sagrados”.

Esta prohibición surgió tras los debates del Concilio Vaticano II y “la iglesia de los pobres, en un intento por desterrar los privilegios funerarios de unos pocos, pero que en la España posfranquista se incumplió y se sigue ignorando en la actualidad, perpetuando los privilegios medievales.

“El templo dispone de sarcófagos y columbarios para que las personas puedan depositar los restos de los difuntos. La adquisición de ellos cumple varios fines, siendo el más importante, que los difuntos descansen dentro de un templo en el que diariamente se pide por ellos en la Sagrada Eucaristía. La segunda finalidad es colaborar en las obras de la cripta y de la Catedral de la Archidiócesis de Madrid”, afirman fuentes de la Iglesia madrileña, heredera del despótico Rouco Varela, que intentó y sigue intentado, que la Almudena sea a su imagen y semejanza.

El arzobispo de Madrid, el cardenal Carlos Osoro, ha manifestado que no puede oponerse a que los restos del dictador Franco, sean enterrados en la cripta de la catedral de la Almudena”, subrayado que la Iglesia “acoge a todas las personas“. Recordándonos con esa frase los paseos bajo palio del dictador.

“No tenemos inconveniente en acoger a nadie. La Iglesia ha sabido acoger siempre a todas las personas”, ha afirmado. Preguntado por la intención de la familia de llevar los restos del dictador a la catedral de La Almudena, en el centro histórico de Madrid, desde el Valle de los Caídos.

Muchos intereses económicos hay en esta intención del traslado, tras las polémicas inmatriculaciones, y los lucrativos ingresos que generan templos que deberían ser públicos.

Osorio ha recordado que la familia tiene una propiedad en la cripta y ha especificado que la cripta es una parroquia y no la catedral, (sigue siendo un lugar de culto en el que no está permitido enterramientos de personas seglares). “Hay una propiedad de Franco y, naturalmente, como cualquier cristiano, tiene derecho a poder enterrarse donde ellos crean conveniente“, En cualquier caso, “no es un problema del Arzobispo ni de la Iglesia”.

Preguntado por la posibilidad de que su entierro en este lugar convierta la Catedral en un lugar de ‘peregrinaje’ para visitar los restos de Franco, ha insistido en que eso es una cuestión entre el Gobierno y la familia. “Es una cuestión que deben resolver el Gobierno y la familia”, ha concluido el arzobispado madrileño.

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