En Nueva York huele a basura, a ratas y a cucarachas, a película porno en una habitación cuyo inquilino paga semanalmente; huele a vagabundos y prostitutas. Pero sobre todo Nueva York apesta a literatura, a historias ocultas en estaciones de metro y restaurantes de comida rápida.

El lector que nunca haya pisado la Gran Manzana podrá descubrir sus entresijos gracias a Vivir en Nueva York: 43 flashes sucios y una historia pornográfica (Haz Milagros Ediciones), recopilación de cuentos que transporta a la grasienta y codiciada urbe. Y quien la conozca o viva en ella difícilmente podrá evitar esbozar una sonrisa cómplice.

Lo primero que seduce es la misteriosa identidad de su autor: Frederic Traum, al que rodea un halo de atracción difícil de evitar. El estilo narrativo, frases directas y punzantes como la propia ciudad, resulta convincente desde el primer relato o capítulo; pues…

No se trata de un libro de cuentos independientes y sin relación entre ellos. La mayoría de sus historias acaban dibujando al propio Frederic Traum, creando así una estructura de novela. Además del perverso telón de fondo que supone Nueva York, siempre presente en los escritos, existe una atmósfera gris y polvorienta reconocible en cada página.

No se puede catalogar como libro de cuentos al uso, tampoco como novela convencional. Vivir en Nueva York es una experiencia más allá de lo literario que impregna al lector con la actitud de Traum. Su carácter provocador y quizás violento, también sus obsesiones y la brutalidad que desprende cada acción descrita en el libro.

La obra fue presentada el lunes 18 de diciembre en el Café Libertad 8, Madrid, ciudad cada vez más parecida a Nueva York. El acto lo protagonizó la actriz Marta Hernanz, invadida por el espíritu del propio Traum, que firmó los ejemplares al terminar el acto.

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