Hoy es uno de esos días en que las portadas de la prensa en papel han envejecido antes de llegar a los kioscos. Los medios digitales ganan la batalla informativa, una vez más. Y es que ayer despertamos con la noticia de que ha muerto Fidel Castro, a los 90 años.

Los titulares de hoy lo definirán como el último revolucionario, el último superviviente de la guerra fría, o como uno de los políticos más astutos del siglo XX. Sobrevivió a 11 presidentes de Estados Unidos y a más de 600 intentos de asesinato. Sin ganarle realmente la batalla al capitalismo –ha muerto un black friday, paradojas de la vida– de algún modo Fidel se salió con la suya. Su mayor victoria tal vez se concretó en que gentes de distinto pelaje ideológico coincidieran en la condena del bloqueo a Cuba.

Sus detractores lo señalarán como un dictador comunista abominable. Habrá palabras gruesas para deshonrar su memoria; palabras que, incluso, vendrán de boca de quienes sólo hace unos días pedían un profundo respeto ante la muerte de Rita Barberá. Un respeto para los muertos, decían. Pero Fidel pareciera ser otra cosa…

En cualquier caso, el legado político de ambos no puede ser, ni de lejos, comparable.

Sus defensores reconocerán el sistema sanitario que ha llevado médicos cubanos por todo el mundo, o el sistema educativo de la isla. Desde el asalto de los 84 revolucionarios de Sierra Maestra, Cuba dejó de ser el patio trasero de Estados Unidos, y desde entonces se extendió mundialmente la idea de David contra Goliat. Una pequeña isla Caribeña se convirtió así en el epicentro de las tensiones geopolíticas de aquel largo periodo que se denominó la Guerra Fría; la crisis de los misiles y las alianzas con la Unión Soviética representan en el ideario común sus momentos clave.

Sin embargo, los años sesenta quedan ya muy lejos. La caída de la URSS obligó a la isla a subsistir con economía de guerra en tiempos de paz. Llegó la crisis de los balseros y las primeras condenas al régimen de Castro por parte de quienes habían defendido su causa. Finalmente en 2006, por un problema estomacal, Fidel decidió retirarse de la primera línea y dejó el poder en manos de su hermano Raúl.  

Como figura polémica hasta el final de sus días, a Fidel se le juzgará por su legado histórico. Por eso me quedo con aquella frase que pronunció al ser juzgado por los asaltos a los cuarteles de Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Aquella fue su primera acción contra el régimen de Batista, cuando Fidel tenía apenas 27 años. Era un 16 de octubre del año 1953. Lo condenaron a dos años de cárcel. Cuando quedó en libertad emigró a México y allí conoció a Ernesto “Che” Guevara. El resto es historia.

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