Cuatro soldados estadounidenses murieron la semana pasada en la región del Níger. Estos miembros del Ejército norteamericano se encontraban en África dentro del despliegue de tropas realizado para luchar contra el terrorismo internacional. Sin embargo, esta guerra en la que están inmersos los estadounidenses es desconocida para el pueblo y para el resto del mundo, además de estar recibiendo muy poca atención por parte de los responsables de las tomas de decisiones en Washington. A pesar de esto, la presencia norteamericana en el Sahel y otras regiones africanas se ha incrementado hasta llegar a los 1.500 efectivos, el triple que en Siria, por ejemplo, según las cifras del Pentágono.

Este envío de tropas a países como Sudán del Sur, Níger, Camerún, República Centroafricana o Uganda es otro ejemplo de cómo la administración de Donald Trump se olvida de su principio «American First» y envía tropas a países lejanos. Lo peor de todo es que no existe una estrategia ni una misión clara en el continente africano. Incluso se sospecha que ni siquiera las operaciones estén supervisadas por el Congreso.

Sin embargo, la muerte de los cuatro soldados de la semana pasada ha puesto en el centro de atención operaciones militares en el extranjero que apenas reciben atención, al contrario de lo ocurrido en Afganistán o Irak, por citar las últimas grandes operaciones militares estadounidenses.

Un importante número de los efectivos norteamericanos se encuentra en Níger porque ahí es donde se han refugiado diferentes grupos de yihadistas que, además del reclutamiento que hacen en sus zonas, reciben el apoyo de efectivos de Oriente Medio, del Magreb e, incluso, de Europa. Según datos del Pentágono, en el desértico país hay desplegados 800 efectivos, tanto Marines como Navy Seal o Boinas Verdes. Sin embargo, desde la administración se incide en que la mayoría pertenecen a las Fuerzas Aéreas que se encargan de vuelos de reconocimiento tanto tripulados como no tripulados. Hay que recordar que durante la administración de Barack Obama se desplegaron 100 efectivos en Níger. En cuatro años se ha multiplicado esa presencia por 8.

También se ha incrementado el número de tropas en otros países. Todo puede tener relación con los informes de los servicios de inteligencia que determinaban un serio incremento de la amenaza islamista en la región del Sahel. El verdadero problema es que Estados Unidos está en guerra abierta contra estos grupos y lo que en un principio era asesoramiento para los ejércitos locales ya se ha convertido en tropas combatientes, lo que ha incrementado el peligro para los soldados, algo que pasa totalmente desapercibido tanto para la administración de Trump como para el propio pueblo estadounidense.

El temor entre los expertos y analistas militares está en que la administración de Trump carece de una estrategia clara para la región del Sahel porque se podrían implementar otras herramientas, como la ayuda económica o incrementar la colaboración con los países.

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