Desde los últimos Juegos Olímpicos, las deportistas españolas están demostrando que son capaces de hacerlo incluso mejor que sus colegas varones. Cobran menos, luchan más, la carrera por llegar casi a lo más alto se hace del todo cuesta arriba sin luz y taquígrado, sin sponsor, pero llegan.

Prueba de ello es Mireia Belmonte que logró ayer el oro en los 200m mariposa, su segunda medalla en los mundiales de Natación de Budapest, tras marcar un tiempo de 2 minutos 5,26 segundos. La nadadora española, de 26 años, cuatro veces medallista olímpica, ha batido a la húngara Katinka Hosszu, que nadaba ante su público y solo ha podido ser bronce (2m 5,39s). La plata ha sido para la alemana Franziska Hentke (2m 6,02s).

Pero la historia de la lucha de las mujeres deportistas se remonta a los Juegos de 1924. En aquellos años,  Lili Álvarez y Rosa Torras tuvieron que recurrir a la ayuda popular. Un «manifiesto dirigido al país» sensibilizó a las clases altas de España, cuyos fondos contribuyeron de manera decisiva al aumento de la participación nacional en los Juegos de ese verano en París, los primeros en los que hubo representación femenina de nuestro país.

Entonces, ni Álvarez ni Torras sabían de su papel de pioneras. Eran simples mujeres haciendo lo que mejor sabían: jugar al tenis y representar a su país. Ninguna logró triunfar en París, pero su ejemplo perduró al paso de los años.

De manera intermitente, la mujer se fue incorporando a la práctica deportiva, haciendo su presencia más asidua con el paso de los años. Aunque no fue hasta Roma 1960 cuando se hizo regular su inclusión en el equipo olímpico, a partir de ahí su ascenso ha sido imparable hasta convertirse en el epicentro del deporte nacional. En Londres, el 70 por ciento de las medallas españoles llevaron el sello femenino, algo impensable cuando las dos tenistas disputaron aquellos Juegos en París.

La semana anterior fue La tenista  Garbiñe Muguruza quien se convertió en la segunda española en conquistar el título de Wimbledon tras derrotar a Venus Williams. Algo tan simbólico como importante.

Ahí están las futbolistas de club como el Athletic o el Atlético de Madrid. Las campeonas del Baloncesto Avenida, y deportistas queridas y valoradas, pero en absoluto remuneradas ni apoyas como sus compañeros del sexo masculino, como Carolina Marín, de Bamintón, Genma Menugal   y Ona Carbonell, en natación sincronizada, Alba Torrens o Teresa Pereal, con respecto a deportista paralímpica con todos los honores y medallas.

Para la historia tenemos a ciclistas como Dori Ruano, excampeona del mundo en pista, que junto a la ya también retirada Joane Somarriba, consiguieron poner en el mapa a España en el ciclismo femenino. Y así, mujeres que nunca lo tuvieron fácil, que también fue más rápido el olvido y para quien las instituciones nunca tienen solución.

Eso sí, algunas de ellas, han sido utilizadas por los partidos políticos, especialmente el PP, aunque en algunos casos, también el PSOE, para tratar de mejorar la imagen de los partidos. Poco tiempo han durado la mayoría de ellas en este ámbito.

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Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre y Directora de Comunicación de HoffmannWorld y Catalina Hoffmann. Asesora a personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

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