Nadie sabe muy bien cómo llegó la confusión. Si llegó antes o después de la crisis económica. Si apareció de pronto o sigilosamente. Si llegó por la derecha o por la izquierda. O por arriba o ¿quizás desde abajo? Lo que está claro es que cuando el independentismo se alzó, la confusión ya había arraigado profundamente en toda la sociedad. Los medios de comunicación colaboraron en sembrar el desconcierto, y aún lo hacen, con esa ambigüedad y claroscuros a los que nos tienen acostumbrados. Y también es evidente a quién le favorece esta gran confusión que reina en el país hoy en día.

El desconcierto empezó a hacerse visible cuando se oyó aquello de: “todos los políticos son iguales”. Entendimos lo de las puertas giratorias, las mentiras de las campañas electorales y la sumisión a los poderes económicos. Hubo algunas quejas importantes, pero se reprimieron cayendo en el silencio del olvido.

Pero la gran confusión, el gran lío, ocurrió cuando apareció aquello de: “Yo no soy ni de izquierdas ni de derechas”. “Los partidos nuevos” se dijo. “Démosles una oportunidad”, “la nueva generación de políticos”, “las nuevas formas de hacer política”.

Y así, nos encontramos con taxistas que hacen mil horas extra, cajeras de supermercado con eternos contratos temporales, maestros con sueldos efímeros y muchos más que votan a la derecha. ¿Cómo puede ser? “Está pasado de moda”, – dicen – “esto de la derecha y la izquierda”.

 

Recordemos que las políticas de izquierdas:

  • Quieren garantizar la misma calidad de vida para todos los habitantes mediante la igualdad social y económica;
  • Para ello, están a favor de establecer impuestos para sostener los servicios públicos (:) como hospitales, escuelas, infraestructuras (trenes, buses, etc), electricidad, agua, cuerpos de seguridad y servicios de emergencias, etc. (…)
  • Persiguen distribuir la riqueza entre la sociedad de la manera más equilibrada posible. (Distribución de la riqueza…)
  • Ejemplos: escuelas públicas, Seguridad Social, Salario Mínimo, prestación de desempleo, subsidios en períodos de maternidad o enfermedad,   ayudas para alquiler de vivienda habitual, etc.

 

De manera alternativa, las políticas de derechas:

  • Apuestan por el individualismo,
  • Persiguen la igualdad de oportunidades para que cada ciudadano consiga luchar por su propia calidad de vida o de su familia, pero sin garantizar la igualdad de condiciones, con lo que la lucha por la vida es desigual e injusta.
  • No están a favor de impuestos, reduciéndolos para no invertir en servicios sociales,
  • No están a favor de instituciones públicas de cobertura social (a parte del ejército)
  • Ejemplos: escuelas privadas, austeridad, hipotecas, autopistas privadas, etc.

El gran punto de desacuerdo entre las políticas de izquierdas y las de derechas es el concepto de libertad y el rol que el estado ha de desempeñar. Para la derecha, el estado debe existir en su mínima expresión para que así, el individuo sea libre de él. Para la izquierda, el estado debe garantizar la libertad de los individuos en todos sus aspectos, aplicando, si es necesario, políticas de discriminación positiva con el fin de favorecer a la clase social más marginada.

Un ejemplo muy claro es el de las armas en USA: la derecha  defiende que cualquiera puede llevar un arma, mientras que la izquierda reivindica la libertad de ir tranquilamente sin tener que temer que los otros lleven armas.

En resumen, a la derecha le molesta el estado, porque coarta a las grandes corporaciones para moverse por sus anchas en la selva económica. Y la izquierda desea un estado fuerte que defienda y proteja a la mayoría de la población de estas corporaciones. La derecha persigue mejorar la sociedad desde arriba y la izquierda desde abajo. Además en España la derecha tiene en la monarquía, una gran aliada para defender su jerarquía. La monarquía: una estructura caduca con un alto coste y que se esfuerza cada día para continuar con su inmovilismo.

A la derecha le interesa mantener el “status quo”, es decir, mantener las cosas como están: el poder en sus manos y sus bolsillos llenos. Son conservadores y rechazan los cambios. Si implantan algún cambio es para acaparar aún más poder y riqueza. La política de izquierdas quiere subvertir el estado de las cosas y conseguir para la mayoría de nosotros mejores servicios públicos y calidad de vida. Esto es así desde el invento de la política y lo continuará siendo. No es una moda, es la definición de sus filosofías.

Algunos partidos dicen que ocupan “el centro”, pero la verdad es que no existe una política de centro, aunque lo repitan  cada vez más políticos sin cesar. Uno se compromete con una filosofía o con la otra, aunque pueden existir algunas concesiones: un partido de centro-derecha puede aceptar algunos impuestos para ayudar a los más desfavorecidos. Asimismo, un partido de centro-izquierda puede aceptar la existencia de individuos o corporaciones excesivamente ricos y poderosos pero con mayores impuestos para ellos.

Está claro que si un partido dice que es de derechas no le sale a cuenta cuando se acercan las elecciones. Por eso ya ningún partido se auto-confiesa de derechas. Cabe decir que algunos que dicen ser de izquierdas en realidad son de derechas. Y a los que son de izquierdas se les ha tachado de radicales. De ahí la confusión, porque llega un momento que ya no sabemos a quién votamos y quién puede defendernos. Llamemos las cosas por su nombre: cuando un partido de derechas proclama que subirá el salario mínimo es populismo y lo promete para, en contrapartida, anular los subsidios y a la vez aumentar más el caos conceptual y conseguir más votos.

Para salir de esta gran confusión, en la que algunos nos tienen aturdidos, es aconsejable, a la hora de votar, tener en mente los valores de la izquierda y la derecha. Pocos partidos cumplirán sus promesas electorales, pero su esencia resurge en tiempos de crisis, como los que vivimos ahora.

Un ejemplo más reciente lo tenemos en la abolición de la sanidad universal. Hasta ahora los ‘sin papeles’ podían ser atendidos legalmente en los hospitales públicos, pero el gobierno de España ha interpuesto un recurso de inconstitucionalidad en contra de una ley autonómica que garantizaba su acceso a inmigrantes no residentes. El gobierno de España, pues, nos ha mostrado una vez más su política de derechas y la Comunidad Autónoma en cuestión, su política de izquierdas. Los profesionales sanitarios públicos ya han dicho que desobedecerán.

 

Como ésta, se se encuentran unas cuantas leyes autonómicas de izquierdas tumbadas por el tribunal constitucional:

  • Ley de pobreza energética
  • Impuestos a los bancos
  • Impuestos a las centrales nucleares
  • Tasa de operadores de internet
  • Impuestos a los pisos vacíos
  • Ley de igualdad efectiva entre hombres y mujeres
  • Ley de prohibición de grandes superficies fuera de ciudades
  • Ley de emergencia habitacional, o contra los desahucios

Estamos hablando de Catalunya y sus más de 40 leyes tumbadas por el Tribunal Constitucional.

Una República con una Constitución que surja de la gente es la quintaesencia de una política social de izquierdas. De ahí la furibunda reacción de la derecha: el club del 155. Un club del que forma parte un partido que años atrás algunos identificaban como izquierda española y que se ha ido derechizando cada vez más hasta perder por completo la palabra “izquierda”. Muchos partidos españoles que decían defender estas políticas más progresistas han acabado, o bien apoyando las políticas de los partidos más  rancios o bien “desapareciendo” de la actividad política diaria del momento.

Al desbarajuste derecha-izquierda se le ha sumado, pues, el eje nacionalista. Y a la derecha ya le interesa este embrollo que lleva años cultivando. Pero no nos confundamos más: el fondo de la cuestión no es la independencia, sino las políticas de izquierda o de derecha. Los catalanes quieren aplicar políticas sociales de izquierdas y el gobierno de Madrid usa el Tribunal Constitucional para imponer el status-quo de la derecha. Y hace más de diez años que  la derecha juega con los tribunales para salirse con la suya en contra del Parlament de Catalunya, saltándose la separación de poderes que cualquier democracia debería defender a todos los niveles.

Después de años de intentos frustrados de negociación con el gobierno central español, la sociedad catalana ha llegado a la conclusión que la única manera que tiene de poder aplicar democráticamente sus políticas es construir y hacer crecer un nuevo país, lejos del Tribunal Constitucional, y fuera, así, del alcance de la derecha española. Y de este modo poder tratar bilateralmente con otros estados y ser capaces de ejercer la solidaridad con los refugiados. Solidaridad que ha demostrado tantas veces: con el Prestige, los incendios en Galicia, el AVE de Múrcia, recogidas de alimentos, maratones solidarias, etc. Y a la población española le interesa la República catalana porque le indica el camino que el confusionismo inducido por la derecha no le deja vislumbrar.

El alucinamiento banderil nos desconcierta y el circo judicial nos alborota, pero es evidente que a la mayoría de la sociedad le interesan las políticas de izquierdas. Y también es manifiesto que ni el gobierno español actual ni los que se vislumbran en un futuro no muy lejano no piensan aplicar ni aplicarán estas políticas.

A base de golpes, Catalunya ha despertado de esta gran confusión derecha-izquierda.

Cuando España despierte, Catalunya habrá marcado ya la senda a seguir.

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3 Comentarios

  1. El alcalde de Barcelona, Xavier Trias, ha señalado que no se puede mantener una situación en la que el Govern de la Generalitat ajusta sus cuentas mientras el Gobierno central impulsa infraestructuras que son «una catástrofe» como el paso del AVE por Extremadura, y no se invierta en obras estratégicas en la ciudad de Barcelona, como mejorar la salida de mercancías desde el puerto.
    Trias ha asegurado en una entrevista a Catalunya Informació recogida por Europa Press que la relación económica entre el estado central y Cataluña es insostenible y ha apuntado que si la circunstancia se mantiene, generará una «situación de indignación global».
    Un sr puede viajar 900 kms desde Sevilla hasta Barcelona en poco mas de 5 horas, Otro sr puede viajar desde Badajoz, en la Lusitania profunda hasta Madrid, en 6 horas 51 minutos, hasta hace poco, Ahora desde apenas un mes solo tarda 5 horas y media porque a los de la Lusitania Oriental, los de Madrish, les han puesto un Talgo Convencional
    Su artículo es supremacista, e insolidario, solo tiene que escuchar a gentes como Frias, o a los miles de catalanes, de padres de fuera de Cataluña, que son independentistas porque Cataluña nos ha dado el pan que comemos, pues no sres independentistas, el pan que comen se lo han dado “Todas las personas que consumen productos catalanes Comanse ud la Seat y que les aproveche,

  2. Quien o enes hayan escrito esto no hace falta que digan donde están confundidos, porque es en la izquierda.
    Si el TC se tira las leyes catalanas, pues que se hubieran leido mejor la Constitución antes de votarla abrumadoramente, como hicieron en el 78.
    La mayoría de los casos que atiende el TC se deben a conflictos de competencias entre el Estado y las CCAA, porque muchas veces las CCAA legislan en tema que no les competen, es decir, se meten donde no deben, como si no tuvieran suficiente tomate con las competencias que tienen transferidas. No es que el TC tenga manía a Cataluña, es que posiblemente Cataluña quiere legislar fuera de sus competencias, es decir en las que tiene aún el Estado, que cada vez son menos.
    Vamos a ver, qué tiene que ver la República de la que habla este Sr., que por supuesto es la releche, con la eficacia en el gobernar. En Europa hay unas cuantas Monarquias y no por que lo sean van a ser peores que las Repúblicas. Por qué una república de izquierdas? Que vamos a ser como la URSS? La República será de izquierdas o de derechas o de quien gane las elecciones. Me temo que aqui se está ligando República con izquierdas, y con falta de democracia, lo cual hace un flaco favfor a la República.

    • El problema no es del texto de la CE si ko de la interpretación q los Magistrados del TC reslizan del texto cuyas últimas sentencias tienen un claro sesgo regresivo y una visión ultraconservadora!

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