Homosexual, rumano, gitano, ateo y vagabundo. Lagarder Danciu, el activista sin techo de 35 años que el pasado martes irrumpió en un acto de campaña del Gobierno, al que asistía el presidente Mariano Rajoy, al grito de “el Partido Popular es la mafia”, reúne todas las cualidades para ser considerado por la derecha como su enemigo público número uno.

Los agentes de seguridad redujeron e inmovilizaron a Danciu tras forcejear con él, pero su grito de indignación, con el que trataba de llamar la atención de la opinión pública ante la dramática situación que viven 50.000 desahuciados y sin techo en toda España (5.000 solo en Madrid), se escuchó en todo el mundo.

“Lo que más me impresionó mientras los escoltas me detenían y me tiraban al suelo, más que las risas de los ministros del Gobierno, fue la cara de torpeza de Rajoy”, asegura. Profesor de Sociología y Trabajo Social, a Lagarder Danciu le gusta definirse como un “empleado del pueblo”, un periodista que un buen día decidió dejarlo todo, abandonar su vida cómoda y ordenada como profesor y traductor de la policía para retratar de cerca a los que sufren, para vivir junto a ellos y documentar sus tragedias personales.

Provisto de un simple teléfono móvil, ese que por las noches tiene que guardarse en los calzoncillos para que no se lo roben, el activista va subiendo a las redes sociales, día tras día, fotos e historias de gente anónima, fantasmas, invisibles a los que nadie ve ni escucha ya, personas que sin su cámara y sin sus textos quedarían en el olvido para siempre.

“En la calle está muriendo gente de cáncer terminal, gente a la que este Gobierno ha abandonado. Esto para mí son asesinatos institucionales. Por eso me he propuesto documentarlo todo, para que quede constancia de los nombres y apellidos de estas personas en la memoria histórica”. Danciu va de acá para allá, de ciudad en ciudad, con una mochila al hombro que siempre le acaban robando, haciendo su particular ruta por la pobreza de España, que es mucha y variada.

Un día en Sevilla, otro en Barcelona, y el pasado fin de semana plantando cara a los ultraderechistas que recorrieron las calles de Madrid. “¿Qué si tengo miedo a que los nazis vengan a por mí? No se puede vivir con miedo, lo que tenga que pasar pasará”. El entrevistador mantiene una intensa hora de charla con Lagarder y cuando termina la conversación siente una especie de síndrome de Estocolmo porque ha tenido la ocasión de escuchar a un espíritu libre, racial, indómito, un mesías de los marginados que predica en el desierto ruidoso de las redes sociales. “Si Pablo Iglesias llega a presidente algún día y acaba convirtiéndose en un Rajoy, allí estaré yo para decírselo, por supuesto”.

Hoy hablamos con Lagarder Danciu, el periodista de los sin techo, el empleado del pueblo, el hombre que le dijo las verdades del barquero, a la cara, a Mariano Rajoy.


Entonces el PP es una mafia…

Lo es por la corrupción institucionalizada. Estamos ya hartos de que la Justicia, todos los estamentos, incluso los organismos internacionales, digan que esta corrupción es asfixiante y con tanta impunidad. Controlan el Consejo General del Poder Judicial, donde el PP tiene la mayoría. Es una corrupción institucionalizada lo que hay y peligra la ya frágil democracia de este país.

Pero la mafia mata y aquí de momento no hay muertos…

Bueno, hay muchos tipos de mafia. Y a muchos que estamos en el activismo serían capaces de matarnos. Aún no hemos llegado a esos extremos pero la mafia tiene muchas connotaciones, la violencia se manifiesta de muchas formas. Un ejemplo es el problema de los sin techo, cada vez hay más personas en la calle. La corrupción nos roba el dinero y lo evaden para no pagar impuestos, de forma que ese dinero no llega a las personas que lo necesitan para sobrevivir. Todo eso también mata.

¿En qué momento decidiste reventar el acto de campaña del PP? ¿Lo planeaste con tiempo?

Bueno, yo soy una persona espontánea, creo mucho en la espontaneidad, en la creatividad y el espectáculo. No me planteé nada de antemano, simplemente voy buscando los actos de los políticos allí donde se celebran para, como decía Diógenes de Sinope, morder a los corruptos. Voy tras ellos y cuando encuentro el momento oportuno lo hago. Te cuento un secreto: a veces la gente me pregunta si cuando estoy delante de políticos de tan alto estamento no me impresionan. Y yo les digo: pues cuando veo a Rajoy me lo imagino en el váter cagando, como uno más, y así me relajo.

Es una técnica más… ¿y temías que pudieran hacerte daño los guardaespaldas, la policía?

No, es que cuando vives en la calle, cuando te lo han quitado todo, se ven la cosas muy diferentes. Yo siento algo que no había sentido hasta hace bien poco, y es que he perdido el miedo, ya no tienes miedo a que te maten, ya no te importan las consecuencias, solo te importa que estás como en medio del mar a punto de ahogarte. Entonces lo único que intentas con desesperación es salvar  la vida. Y en ese intento por salvarte ya no tienes miedo a nada porque te posee esa resiliencia, esa inteligencia que te hace verlo todo muy claro, y pierdes el miedo a decir realmente lo que sientes. Creo que eso que yo siento es lo mismo que sienten miles de ciudadanos de este país. Por eso mucha gente se ha sentido identificada con mi acto del martes contra los políticos del PP. He recibido miles de mensajes que me decían: gracias Lagarder por haberle dicho a Rajoy algo que los demás siempre hemos querido decirle. Antes de hacer el acto me preguntaba; ¿y qué le digo yo a Rajoy? Porque sabía que me iban a reducir en un instante, que quizá no iba a tener tiempo para decir nada. Entonces pensé: tienen que ser dos o tres palabras que definan a ese partido. Y pensé: “PP mafia corrupción”.

Bueno, no has inventado nada, algún juez que otro también ha dicho que ese partido montó una trama organizada, aunque no parece que eso sirva de mucho…

Efectivamente…

Entonces te tiran al suelo, te reducen, te tratan como a un terrorista peligroso… ¿qué sientes?

Yo sabía a lo que me exponía porque allí, en el Parque del Retiro, había muchísima seguridad, agentes con armas para protegernos de ese terrorismo esquizofrénico, que en realidad es una falsa alarma de terrorismo porque los terroristas son ellos, los que están matando a diario a tanta gente sin hogar, a los sin techo, a los que no tienen trabajo ni comida. Ellos sabían a lo que me exponía yo, y además llevaba una mochila negra en la espalda. Era consciente de que me podían confundir con un terrorista y que me podían disparar, pero si me disparaban probablemente lo hicieran a las piernas, a los tobillos. Eso lo sé porque he trabajado con la policía como traductor y conozco un poco el protocolo policial. Para inmovilizar a una persona lo primero que hacen es dispararle a las piernas. De manera que lo hice pensando que podían dispararme ahí.

Habrás visto el vídeo de tu detención, las caras de Cospedal, de Pablo Casado… Realmente se están riendo de ti al ver cómo te detienen…

Ellos viven en otra dimensión, se creen impunes. Pero fíjate que cuando me estaban reduciendo lo que más me impactó no fueron las sonrisas de los políticos, fue la cara de Rajoy, una cara de idiota, de torpe, de una persona con mucho miedo. Cuando grité “PP mafia” vi debilidad en su rostro, torpeza. Después, cuando caminaba por el parque, me decía a mí mismo: dios mío, qué presidente tenemos. Y luego, para inmovilizarme, no nos olvidemos, estaba el comisario Marhuenda. Fue espectacular. He visto el vídeo y no he podido parar de reírme con lágrimas en los ojos. ¿Por qué? Porque aquello parecía el circo romano, con el emperador en la grada y los animales en el centro. Yo gritando, la seguridad detrás de mí, cayéndome pero manteniéndome en pie, fue espectacular…

¿Temes que quieran ir a por ti a partir de ahora? Detenerte, llevarte a juicio, meterte en la cárcel…

Ese es el problema porque yo soy un perfil de activista intachable, que no ha cometido ninguna ilegalidad, ningún delito, que no ha tenido problemas con la Justicia. Solo soy un ciudadano cabreado que perteneció a la clase media de esta ciudad, de este país, y que de repente se vio despojado de sus derechos. Ahora asumo que estoy en la clase social más baja y trato de hacer visible lo que nos está pasando. ¿Que si temo que haya represalias? Claro, el acto de ayer tuvo muchísima repercusión mediática, así que en el próximo acto tendré que disfrazarme…

Porque habrá un siguiente acto…

Claro, por supuesto, voy a seguir. Hay que hacer mucho ruido para despertar las conciencias…

Hace unos días boicoteaste un acto de Podemos, pero allí sin embargo te aplaudieron…

Yo me considero un simpatizante de la izquierda, eso está claro, porque para mí ser de izquierdas es defender los derechos humanos. Por eso, con quien más exigente soy es con Podemos, porque de ahí se supone que saldrán nuestros futuros gobernantes, y ojalá sea así…  Pero por otra parte exijo, y creo que hay que tener una voz crítica hacia este partido, especialmente para que no caigamos en la misma trampa. Fue un acto como otro cualquiera. Cuando ves a la gente de Vallecas y al propio Pablo Iglesias aplaudiendo y diciéndote que tienes la razón como activista, eso te templa un poco (ríe).

Estuviste a punto de ser candidato con Podemos-Sevilla, ¿qué pasó? ¿es que viste la auténtica cara de la política?

No, pero eso es una invención de la prensa de derechas. Quisieron hacer ver a la opinión pública que yo era un candidato de Podemos y es verdad que en su momento, cuando surgió este partido, muchísima gente nos sentimos identificados con él, porque el movimiento era totalmente asambleario y participé de aquello. Pero cuando he visto que no coincide con mi forma de entender un partido político, horizontal no vertical, donde todo el mundo pueda participar, pues me he apartado. Pero la derecha ya se ha quedado con esto y cada vez que voy a reventar un acto siempre dicen: ahí está el que viene de Podemos. Yo creo que el titular de ayer era ¿qué hacía ese activista allí? ¿cómo una persona puede llegar cara a cara con Rajoy con toda la seguridad que lleva el presidente de un país? Ese debería ser el debate, cómo un sin techo consigue romper la seguridad del hombre mejor protegido de España, el presidente de un país. Yo hubiera podido ser un terrorista y disparar contra él, ese tiene que ser el debate, porque aquí han fallado las fuerzas de seguridad. Yo me he buscado el hueco, he entrado, me he metido por un agujero en la seguridad y tampoco me ha resultado difícil. Y ese debería ser el debate en la televisión. ¿Cómo un sin techo llega a estar cara a cara con Rajoy? O en esos servicios de seguridad son todos una panda de enchufados incompetentes o no se entiende. Moncloa tendría que tomar medidas porque es lamentable. Por eso me reía yo mismo, por haber llegado con esa facilidad hasta el presidente del Gobierno.

¿Pero qué te disuadió de continuar con Podemos?

Hombre, es que en Andalucía, donde yo estaba en ese momento, hay que conocer la situación. Allí estaba Sergio Pascual, un cofrade, un trepa con mentalidad de derechas, y Teresa Rodríguez, que tiene montado su cortijo anticapitalista, es decir, los que vienen con el debate ya preparado y rompen con la espontaneidad de las asambleas. No soporto eso. Son como muy sectarios. Yo no encasillo a la gente en derechas, izquierdas, yo creo que las asambleas deben ser las escuelas que nunca tuvimos. Cuando yo estaba en Podemos apostaba por una asamblea abierta donde todo el mundo pudiera participar. Pero esta gente venía siempre con el discurso bien madurado para manipular las asambleas y por eso llegaron donde llegaron.

El pensamiento único…

Claro, claro… Pero es que además me aparté porque yo les preparé el programa con respecto a los sin techo y el padrón municipal, y todo eso les importaba un pepino. Las personas sin techo, muchas no están empadronadas, y una persona que no está empadronada no tiene derechos. Entonces te cansas y te vas. Me fui porque no encontraba mi espacio ni la posibilidad de cambiar las cosas en mi barrio, en mi ciudad.

¿Entonces quieres decir que hay una rama de Podemos que no refleja el espíritu del movimiento ciudadano?

Se lo he explicado a mucha gente. Podemos es un partido pero la base es débil porque es una base donde todo está vinculado a un líder que luego pone a su gente. Esta gente obedecerá al líder y así en un futuro, dentro de veinte años, vamos a tener el mismo problema que tenemos ahora con los partidos. Por eso yo creo en otro tipo de política, más horizontal, donde haya líderes que vayan rotando, no una cara, porque ahora se acaba Pablo Iglesias y qué hacemos… ¿Se muere el partido?

Ya eres un activista experto en “reventar” actos de campaña. ¿Eso es lo único que nos queda a los ciudadanos, reventar mítines, el derecho a la pataleta?

Hombre, en esta situación de impunidad absoluta por parte de los partidos políticos alejados de la realidad de la calle yo, como activista, lo único que me queda es esto: protestar, gritar, hacerme ver. Hemos hecho un montón de cosas, recogidas de firmas para personas sin techo en Sevilla, estuvimos 127 días en una plaza mientras la izquierda no hacía nada, más que emocionarse con los santos que pasaban en Semana Santa, y con la Macarena, eso dicho por el líder de Izquierda Unida en Sevilla, Daniel González Rojas, que se emocionaba mucho cuando pasaba la Virgen de la Macarena. Y yo le preguntaba, pero bueno, señor, por todos los diablos… ¿por qué no se emociona de la misma manera con los sin techo despojados de sus derechos? Hay una esquizofrenia brutal en la izquierda de este país. Yo hago un trabajo exclusivo para ver si podemos construir otro tipo de izquierda, una izquierda cuya bandera sean los derechos humanos. Estoy hasta los cojones de ir a manifestaciones y ver a todo el mundo defendiendo banderas, cada uno con su bandera, pero nadie con los derechos humanos. Aquí estamos obsesionados con la bandera. ¡No señor! Nuestra bandera mental tiene que ser la bandera de los derechos humanos, que nadie esté privado de sus derechos. Pero tenemos una izquierda muy afectada, de salón, esos ratoncitos que siempre han estado leyendo mucho, que vienen de familia acomodada. Necesitamos gente de izquierdas que venga de abajo, que haya sufrido, que haya vivido en los barrios, que entienda esa inteligencia del pueblo. No la tenemos. Pablo Iglesias es otro ratoncito inteligente, hay que reconocérselo, pero de calle poco. De Errejón ya ni hablamos o de Monedero… Y de Bescansa, la miro y veo a uno de derechas, como Cospedal.

El sábado pasado plantaste cara a la manifestación neonazi de Madrid. Alguien como tú, que se define como gay, rumano, gitano, ateo, vagabundo y okupa, es presa fácil para los fascistas. ¿No tienes miedo de que vayan a por ti en medio de la noche?

Yo por la noche lo que intento es buscarme un sitio escondido, pero es que vivir con miedo es un sinvivir. Si tiene que pasar algo pasará, y me parece despreciar el presente vivir pensando que me puede pasar algo, lo cual es absurdo. No pienso, actúo, vivo. Si me pasa algo me pasará y ya está pero tampoco podemos quedarnos callados. Aquí hay que reprocharle a la izquierda qué es lo que hizo cuando Concha Dancausa no prohibió la manifestación neofascista en las calles de Madrid y al día siguiente, en la web oficial de la Delegación del Gobierno, colgaron una foto de la marcha. Eso en un país democrático esa señora dimite inmediatamente e incluso la Justicia la imputaría. Así que el PP es un partido fascista.

¿Pero qué puede hacer un hombre solo contra el fascismo? ¿Puede cambiar el mundo realmente?

No, no puede, lo que yo pretendo es que la gente rompa con el miedo y visibilizar el problema. Yo cuando actúo sigo a unos referentes y también yo puedo convertirme en un referente para muchos españoles que dicen: cojones, si esa persona puede, por qué yo no. Esa es la idea, que la gente tenga referentes, porque no los tenemos y eso es un problema. Cuando el ciudadano tiene esos referentes pueden cambiar muchas cosas, ya no es cosa de una persona sola. ¿Qué referentes tenemos hoy en día? El fútbol, la violencia en el cine, el consumismo. Llevo años sin mirar la tele, todo es consumismo absurdo. Por favor… Y así estamos, cada día ciudadanos más idiotizados. Eso es lo que a mí me preocupa de verdad. La educación empieza desde la escuela, he trabajado como docente y he visto esa escuela perversa que deja de trabajar la igualdad, que deja de enseñar a los chavales. El papel de la escuela es enseñar a los chavales cómo deben de afrontar los conflictos de la vida y el colegio ha dejado de enseñar todas estas cosas. La escuela enseña contenido para memorizar, para sacar una nota y ya está, pero el individuo no interioriza, no trabaja valores, no adquiere conocimientos. Mi activismo va muy vinculado a esto, la herramienta fundamental para lograr el cambio es la educación. Yo, si soy así, es por mis profesores y profesoras que me enseñaron que la igualdad de oportunidades es posible cuando se quiere. En Rumanía fui a una institución de acogida, era huérfano, sin padres, y mi maestra tenía una frase que siempre decía: Nadie se queda atrás. Y así fue. Al que más atención dedicaba mi maestra era a mí, que estaba en desventaja social en esa clase.

¿Cómo terminaste en España?

Pues llegué en busca de la libertad, sobre todo buscando mi identidad sexual y cultural. Soy gay, gitano, y tenía ganas de hacer ese cambio en mi vida. Era consciente de que en Rumanía no podía expresarme, decir públicamente que era gay, así que decidí viajar. Y tampoco me propuse España o Portugal. Como decía Galeano, hay que viajar sin destino porque el caminar es la utopía misma. Siempre hay que caminar en la vida y cuando caminas sin destino te encuentras con esa espontaneidad, con esa experiencia que te hace fuerte y sigues caminando. Llegué a España y afortunadamente pude trabajar mi identidad cultural, sexual, y hoy en día soy un activista por esos derechos, por minorías étnicas como son los gitanos. He denunciado a una oenegé gitana en manos del Opus Dei, de la Iglesia, que ha robado miles de millones de euros. Y por eso está mi pueblo maltratado en la situación en que está. Recientemente, un juzgado de Sevilla investigó a Unión Romaní, del exlíder socialista Juan de Dios Ramírez Heredia, por fraude de subvenciones y falsedad documental, y he luchado cinco años en este caso…

Eres graduado en Trabajo Social, licenciado en Sociología, profesor, pero decidiste dejar tu vida cómoda y tu empleo, vivir en la calle. Fue una opción personal ¿por qué?

Sí, fue una opción, pero en parte fui coherente conmigo mismo. Mucha gente dice: pertenezco a la clase media pero soy pobre. Yo fui coherente conmigo mismo, me pregunté: ¿pero para qué fingir que pertenezco a esa sociedad que me ha despojado de mis derechos? Mi lugar está en este lado de la barricada y ahí es donde lucho, aportando mi inteligencia. Yo creo que cada uno de nosotros somos recursos humanos, pero no en el sentido económico, sino que podemos poner esa inteligencia al servicio de esa barricada a la que pertenezco. Me costó mucho trabajo reconocer que yo era un sin techo, un pobre, y eso es cuestión de coherencia de cada uno. Uno va con tarjeta de crédito y se compra ropa de marca y ya se cree que es de clase media. Sin embargo es un pobre, un esclavo que le paga el traje a esta gente.

Esa es una ficción que tenemos muchos en este país…

Es una cuestión de coherencia, de decir: yo soy así. Cuando uno reconoce lo que es empieza a trabajar en ese espacio donde se identifica. Eso también te da mucha fuerza porque realmente empiezas a luchar por lo que realmente eres. ¿Me entiendes?

Y luchando por los derechos de las personas sin hogar, en la calle, habrás visto muchas injusticias en todo este tiempo…

En los últimos cinco años he estado con lo de la oenegé gitana, y en los últimos dos años con las personas sin hogar. En España hay cincuenta mil personas sin techo, cinco mil solo en Madrid, y en ese tiempo de viajar de ciudad en ciudad he constatado la externalización, la privatización de los servicios sociales, que es brutal allí donde han gobernado PP y PSOE. Lo han externalizado con contratos millonarios y estos partidos se lo han dado a las empresas privadas. Como bien entenderás una empresa lo que busca es beneficio y cuando logra ese beneficio y exprime tanto la pasta, la calidad de los servicios es muy mala, no busca la integración, la salida de esa persona de la calle. Eso me parece algo criminal y hay que evidenciarlo. Hay que exigir que los servicios sociales sean de nuevo de gestión pública, que sean de responsabilidad exclusiva de los ayuntamientos, no de las empresas.

O sea, que se sigue haciendo negocio con la pobreza…

Totalmente. Si quieres te doy nombres de oenegés: Cruz Roja, Cáritas, Asispa, Grupo 5, Fundación Secretariado Gitano, Accent, un montón de organizaciones que viven de esto. ¿Tú sabes los directivos de estas oenegés qué sueldos tienen? Porque yo hablo con los trabajadores, a los que les dan 700 u 800 euros, explotados que dicen que sus jefes, los directivos, están cobrando cinco y seis mil euros al mes. El concepto de la oenegé se ha perdido en lo que se refiere a la idea de sin ánimo de lucro, es decir, son organizaciones que no ganan dinero con su labor, que trabajan al servicio de la sociedad. Las oenegés que tenemos hoy en día se han convertido en empresas, empresas de marketing…

¿Qué piensas de Manuela Carmena, está haciendo lo posible para acabar con las bolsas de pobreza en Madrid?

Hay cosas que le reprocho y cosas que la entiendo. Manuela cuando entra en el ayuntamiento se encuentra con unos contratos blindados, porque el PP ha blindado los contratos. Ahora Manuela Carmena está en el ayuntamiento en minoría, le han hecho una encerrona, y lo que yo no entiendo es por qué no ha roto con esta red clientelar de empresas que se están lucrando con la pobreza. Por qué no ha echado al director del Grupo 5, el director del Samur Social, la puerta de entrada de los sin techo a los recursos sociales de la ciudad, un hombre que estuvo veinte años con el PP. Manuela Carmena ya lleva un año de alcaldesa. Para los sin techo es fundamental que desaparezca este director, que el Samur dé un cambio, que lo lleva la empresa Grupo 5. Ya lo he dicho en algunos medios, yo le preguntaría a Carmena por qué sigue el director del Samur Social ocupando ese cargo cuando estuvo tanto tiempo con el Partido Popular. Es el responsable de la criminalización de la pobreza. Por qué hay gente con cáncer terminal en la calle, por qué hay listas de espera interminables, albergues carcelarios que solo dan techo al treinta por ciento de los sin techo, unas mil personas, cuando aún quedan cuatro mil personas en la calle. Solicitas una plaza y te ponen en la lista de espera, a este señor le importa un pepino que tengas cáncer, que estés enfermo en la calle, te ponen en la lista y te llaman dentro de tres o cuatro meses. Mucha gente ha muerto en la calle esperando entrar en esa lista para conseguir un techo solo durante unos días. Es alucinante, esto no tiene ningún sentido…

Y muchos desahuciados que se han suicidado en España, ¿estamos informando como debemos los medios de comunicación o eso ya no es noticia?

Hay suicidios por temas como los desahucios que los están tapando, pero imagínate el problema de los sin techo… Cuando empecé con mi ruta de la pobreza por España, desde Sevilla, Salamanca, Cádiz, Extremadura y ahora en Madrid, he detectado que muchas personas han muerto en la calle pero en los medios de comunicación hay un silencio total. Para mí estas personas que mueren en la calle son asesinatos institucionales porque mueren por desatención o por falta del deber de socorro de las administraciones públicas. Estamos recopilando información para hacer una especie de memoria histórica de las personas sin techo que están muriendo en la calle por culpa de las instituciones durante esta crisis. Ya te podría dar nombres y apellidos de cuarenta o cincuenta personas sin casa que conocía y que han fallecido mientras hacía la ruta de la pobreza. Me parece un crimen. Cada vez que detectamos una persona sin techo que ha muerto en la calle por frío o por desatención, recopilamos sus datos personales, su nombre, de dónde venía, cuántos años tenía, cuál era su historia, y enviamos un comunicado de prensa para que se conozca el caso. Si buscas en Google sobre los sin techo encontrarás bastante información porque llevo casi dos años trabajando en el tema. Cuando estaba de profesor, en mi portal había gente sin hogar durmiendo y me preguntaba: ¿cómo puede ser esto? Luego empecé a buscar en Google y lo único que me salía sobre los sin techo eran las notas de prensa y las campañas del ayuntamiento cuando llegaba el invierno. O sea, nada. Ahora, después de dos años, hay bastante información porque me he encargado de trasladar a los medios de comunicación lo que está pasando en la calle.

Cuéntame cómo es tu día a día en la calle con los sin techo… ¿Dónde te alojas, de qué vives?

Por la mañana me levanto temprano, o mejor, te levanta la policía porque te quiere hacer invisible constantemente, no quiere que los ciudadanos cuando se despiertan vean esta basura, esos bultos humanos tirados en las calles. La policía nos levanta a las ocho, ellos son el despertador de muchos sin techo. Después me lavo en los baños de los bares y luego a pedir. Hablas con las personas y muchos se ofrecen para ayudarte o para invitarte a desayunar. En Madrid me cuesta más porque la gente no me conoce tanto, pero en Sevilla no tenía problema para desayunar o comer porque me conocía todo el mundo y me invitaban, se ofrecían para lavarme la ropa en su casa, incluso. Todo esto me mantiene vivo en la lucha porque descubro en la calle la inteligencia del pueblo. Te paran, te preguntan, ¿qué necesitas? ¿te puedo lavar la ropa? ¿necesitas comer algo? ven a mi casa a ducharte… y todo eso es espectacular. Por eso me considero un empleado del pueblo. Ayer los de Intereconomía me preguntaban por qué no buscaba un trabajo y yo les respondía: pero vamos a ver, señor periodista, yo tengo trabajo, el problema suyo es que no puede comprender que se puede trabajar sin recibir un sueldo. Y les decía, soy un empleado del pueblo y estoy muy contento con este empleo, aunque no esté remunerado. Al final tuve que dejarlo porque era tan corto el señor periodista que no lo entendía.

¿Cómo te mueves por las redes sociales, llevas portátil, móvil?

Lo único que tengo es el móvil Iphone que tanto critican y que me lo compré cuando era maestro, pero es que en la calle te lo roban todo, te roban los zapatos, la mochila, he cambiado muchas veces de mochila porque te la roban. Luego lo cuento en las redes sociales, que me han quitado los zapatos, y rápidamente aparece un ciudadano para darme unos. Esa es la inseguridad de la calle, te lo roban todo. El móvil me lo tengo que guardar en los calzoncillos cuando duermo y me agarro a él porque es lo único que tengo.

¿Qué es lo más duro que has visto en la calle?

Me preocupa muchísimo la gente enferma que espera la muerte a la intemperie. Me siento muy responsable de ellos, escucho sus testimonios, les pregunto qué tal: y ellos me contestan, pues aquí, esperando a ver si me muero. Y eso es muy duro porque la vida en sí misma es un regalo y venimos aquí para vivir dignamente, no para que nos hagan la vida imposible. Y por eso hice el acto contra Rajoy, para que se acuerde de estas personas. Rajoy, esa noche, habrá dormido pensando en los sin techo, o al menos eso quiero creer. Se ha puesto en debate el tema y ese es mi objetivo, romper actos de este tipo porque es la única forma de que se pueda hablar de ello. Cuando escribo un comunicado a un medio de comunicación diciendo que hay cinco mil sin techo en Madrid no contesta nadie. Sin embargo, cuando hice lo de Rajoy todos los medios  me llamaron y hablaron de que un activista sin techo ha gritado que hay cinco mil personas que no tienen un hogar.

¿Qué le dirías al rey de España si te lo encontraras por la calle?

Que se presentase a unas elecciones democráticas a ver si el pueblo lo elige…

¿En algún momento has pensado en arrojar la toalla, en abandonar la lucha callejera?

Eso a diario, pero descubro en la calle la inteligencia del pueblo, que es quien me mantiene vivo, te dan ánimos, te ayudan, te dicen que se sienten identificados contigo.  Por eso, cuando la policía me pregunta si tengo trabajo, yo les digo que soy un empleado del pueblo. ¿Empleado del pueblo? ¿y eso qué es?, me preguntan extrañados. Y yo les respondo: usted es policía y trabaja para el Gobierno, pues yo trabajo para el pueblo, que también necesita trabajadores.

¿Te gustaría trabajar en algún medio de comunicación, no sé, en la Sexta por ejemplo?

Uf, qué pregunta, no sé, depende… Puedo decirte que una editorial muy importante de Barcelona me ha llamado porque quieren escribir un libro sobre mí. Me han puesto delante un contrato para que lo firme y yo les he dicho que ese libro, si lo escribimos, quiero que sea un libro con copyleft, que todo el pueblo tenga acceso al libro de forma gratuita. Se lo están pensando, y claro, la editorial lo que va buscando es el negocio.  Espero poder escribirlo este verano. El tema de la Sexta, claro que sí, aceptaría…

¿Con Jordi Évole?

Hombre, si me dices con Évole sin pensármelo, me iría con él.

¿Qué le dirías a un joven que quiera seguir tus pasos, dejarlo todo y hacerse activista como tú?

Que camine sin destino, que viaje y que sea contundente. Que luche sin miedo. Como decía Miguel Hernández, la juventud es la que empuja, es la que tiene la posibilidad de cambio, la que hace que vibre el instante. Yo apuesto mucho por la juventud, me preocupan los jóvenes porque muchos están anestesiados, adormecidos. Eso le diría a los activistas que empiezan: que sean contundentes y muy críticos con los partidos políticos y sobre todo que defiendan los derechos humanos, que estamos en una situación de emergencia social y no podemos tirar la toalla…

¿Vas a votar el 26J?

No puedo votar, pero tengo amigos que me dicen: voy yo por ti. No sé…

¿Pero alguien que lucha por los derechos del pueblo, cómo puede ser que aún no tenga ni siquiera el derecho al voto?

Pues ese es el problema de los sin techo, de los gitanos, de los que están debajo de los puentes… Como no estamos empadronados, a pesar de que hay una sentencia que obliga a los ayuntamientos a empadronar a las personas sin techo, pues no podemos. Alguien que se pone a pedir a la puerta de una iglesia, el ayuntamiento está obligado a empadronarlo in situ, en ese lugar, y a llevarle el correo, la correspondencia, allí. Esa es mi lucha, porque como traductor de los juzgados he visto que cuando hay una detención de alguien por no tener domicilio a efectos de notificación ¡es detenido hasta la celebración del juicio! Y a lo mejor es por nada, por robar una cartera o para comer, pero por no tener el domicilio se criminaliza al pobre intencionadamente. Pues eso, que no puedo votar y no votaré…

¿Pablo Iglesias es la solución?

No sé, mira lo que pasó en Grecia, Syriza ganó por mayoría, luego el referéndum con mayoría aplastante contra los recortes y se ha visto el poder de la troika. ¿Qué quiere decir eso? Que si Pablo Iglesias va a ganar lo van a coger por los huevos, no va a poder hacer nada, por mucho que él diga que sí, porque estamos estrangulados dentro de esta Unión Europea. Ahora mantiene un discurso de campaña pero me gustaría verlo cómo va a hacer frente a la troika. Podemos ha llegado adonde ha llegado, pero carece de músculo social. Para triunfar con sus decisiones en el Parlamento tiene que trabajarse el respaldo de la gente de la calle, y ese respaldo está aún muy débil.

¿Y si Iglesias algún día se convierte en un Rajoy más?

Pues ahí estará Lagarder, sin duda, para gritarle ¡mafia! Por supuesto, esa es la idea, que haya movimientos sociales y activistas independientes, porque eso fuerza a los políticos a cambiar las leyes y a escuchar al pueblo.

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