El Periodismo español vuelve a quedar en entredicho tras el balance de más de 500 días en los que Diana Quer ha estado desaparecida. Hoy, el día en que la familia despide en la intimidad a la malograda joven, podría ser un buen momento para analizar el mezquino tratamiento de los medidos de comunicación que condenaron a una familia que ha vivido una gran tragedia.

Hoy por la mañana se celebra el sepelio por Diana Quer. La familia ha pedido respeto y poder hacerlo en la intimidad. Ojalá la Prensa se lo permita.

La familia de Diana Quer la despide 507 días después de su desaparición. Un largo y trágico proceso que ha terminado de la peor forma posible -al confirmarse y encontrarse el cadáver de la joven- y que ha tenido un resultado informativo digno de El Caso.

La opinión pública y publicada condenó a la joven -casi se dio por hecho que se había marchado de casa por voluntad propia y por las supuestas malas relaciones con su madre y hermana- a su madre, porque no se escatimaron en descalificativos sobre el rumor posiblemente infundado de desequilibrio mental, sobre la hermana menor, a la que prácticamente presentaron como una inadaptada. Tampoco el padre -aunque salió algo mejor parado- se libro de calificativos como de persona fría y calculadora.

Y resulta que ahora sabemos que era una familia normal, con dos adolescentes normales en casa -y las dificultades del día a día que eso conlleva en cualquier hogar- una un matrimonio roto con no muy buena relación -otra novedad insalvable por lo visto-.

Hoy se cierra, con la despedida de su familia, un duro, injusto, cruel y terrible suceso en la crónica negra de la prensa española. No sólo por el salvaje asesinato de la joven, también por el trato de la prensa. Hay tertulias y programas de televisión que no debieran volver a verse sólo por eso.

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Directora Diario16.com Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre. Durante años ha asesorado personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

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