Sucede a menudo que, en el transcurso de nuestra labor de denuncia contra el anti-gitanismo mediático, en el marco del programa Rromani Pativ (dignidad gitana) rromanipativ.info que impulsa la Plataforma Khetane, nos encontramos con determinadas expresiones de racismo que suelen pasar inadvertidas por su aspecto ambiguo e indeterminado. No es que, en estos casos, como activistas de derechos humanos o profesionales de la comunicación, no sepamos percibir claramente las mencionadas muestras de racismo, sino que, como sociedad, no estamos acostumbrados a señalarlas cuando estas aparecen “hábilmente” enmascaradas. En otras ocasiones, -y en ello nos centraremos en esta ocasión- la percepción mayoritaria sobre lo que se supone que representa la “realidad” de los gitanos –que no es otra cosa que la proyección interesada y patológica de la neurosis paya sobre los mismos- está tan afianzada y naturalizada en el imaginario colectivo que señalar dichas formas de anti-gitanismo se convierte en una tarea de titanes que encuentra todas las resistencias y desaires inimaginables.

Bajando a la tierra, los ejemplos de todo ello son inagotables aunque carecen de originalidad. Resulta tratarse siempre de los mismos patrones, de los mismos conceptos, de las mismas tendencias y dejes obsesivos, cuestión que pone al descubierto a veces la simple y no por ello menos sorprendente –al menos a nuestros ojos- incompetencia periodística en materia ética y otras la vagancia y mediocridad literaria de demasiados trabajadores del ámbito de la comunicación. No es necesario insultar directamente y de forma vulgar a los gitanos y gitanas de a pie, basta con utilizar en la redacción de noticias relacionadas con personas de origen caló, determinadas palabras clave que excitan el imaginario racista preponderante y sitúan al Pueblo Gitano, de nuevo, en un lugar de violencia natural, de barbarie y primitivismo.

Nos referimos a palabras como “clan”, “reyerta”, “patriarca”, o a la temible alocución “ley gitana”. Palabras-marcas que representan una dañina y violenta forma de racismo “sutil” que los medios de comunicación utilizan en el reporte habitual de sus titulares y textos, cuando estos tienen que ver, de forma directa o no, con gitanos y gitanas. ¿Podemos hablar entonces de “racismo sutil”? La respuesta es compleja, ya que debemos responder a la dificultad del contexto en el que nos encontramos teniendo en cuenta el estado en el que se encuentra la comprensión convencional sobre el racismo anti-gitano y no al horizonte que nos gustaría contemplar. Nos vemos obligados a catalogar de “sutil” lo que quizás para nosotras y nosotros resulta evidente, brutal y cotidiano. Al margen de las condiciones de los sucesos a los que se acercan, el retrato que los medios hacen de cualquier realidad relacionada con el Pueblo Gitano debe basarse en una actitud fiel a la complejidad de la realidad tratada libre de automatismos racistas. Comencemos pues por lo sutil para llegar al núcleo del problema. Nuestra sociedad, en su conjunto, nos lo agradecerá.

 

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