A lo largo del transcurso de los años, acabamos por atrincherarnos en una comodidad dañina. Quizás no huimos del conocimiento, de los datos y la información, pero lo hacemos de la experiencia del aprendizaje. Y esta es tan importante como el conocimiento adquirido. La experiencia, es al final, la verdad natural que determina la sustancia del propio conocimiento.

Como he dicho, quedamos atrincherados en esa comodidad perniciosa y absurda, apoyados en excusas fútiles e irracionales que nos alejan de la experiencia del aprendizaje del conocimiento. Nosotros mismos ponemos límites e imposibles a nuestras posibilidades, y renunciamos a ello. No damos cuenta que experimentar nos propone ingredientes para saborear y cocinar el conocimiento más completo y más saludable. En toda experiencia, y más concretamente en la experiencia del aprendizaje de todo conocimiento, las emociones y el pensamiento son fundamentales. Adquirir conocimiento sin más, datos e información, solo nos aporta una parte. Necesitamos experimentar, pensar, emocionarnos, sentir, pues ello trazará el verdadero proceso de fabricación mediante el que el conocimiento se vuelve una parte importante de nosotros.

La vida es un proceso en el que, de manera gradual, vamos quitando las diferentes capas o cáscaras para alcanzar cierta verdad o cierta claridad a medida que vamos transcurriendo por ella, y es un proceso que nunca se acaba. No hay una meta o una línea que componga el absoluto, siempre hay un conocimiento que alcanzar. Sin embargo, hay dos factores que rompen dicho proceso, que no nos dejan proseguir. Uno es la muerte, y ante este poco podemos hacer, llega y lo rompe todo. El otro, es nuestro propio pensamiento, el absurdo con el que desahuciamos la experiencia del aprendizaje. Generalmente, amparados en miedos o soberbias ridículas.

No damos cuenta que, con esa actitud perezosa o narcisista, rompemos el ciclo natural de experimentar el aprendizaje, y ello, no nos deja avanzar de la forma que podríamos hacerlo. El ciclo necesita experimentar para entrenar las emociones, las sensaciones y el pensamiento, porque son a través de estos mediante los que el conocimiento alcanza su más intenso grado de cocción, y por otro lado, cuanto más entrenadas estén las emociones, las sensaciones y el pensamiento, más pronto y en mayor proporción adquiriremos la experiencia del aprendizaje.

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Escritor.
En el 2003 publica el entrevero literario “El dilema de la vida insinúa una alarma infinita”, donde excomulga la muerte a través de relatos cortos y poemas, todas las muertes, la muerte del instante, la del cuerpo y la de la mente.

Dos años más tarde, en 2005, sale a la luz su primera novela, “El albur de los átomos”. En ella arrastra al lector a un mundo irracional de casualidades y coincidencias a través de sus personajes, donde la duda increpa y aturde sobre si en verdad somos dueños de los instantes de nuestra vida, o los acontecimientos poco a poco van mudando nuestro lugar hasta procurarnos otro.

En 2011 publica su segunda novela, “Historia de una fotografía”, donde viaja al interior del ser humano, se sumerge y explora los espacios físicos y morales a lo largo de un relato dividido en tres bloques. El hombre es el enemigo del propio hombre, y la vida la única posibilidad, todo se articula en base a esta idea.

A partir de estas fechas comienza a colaborar con artículos de opinión en diferentes periódicos y revistas, en algunos casos de manera esporádica y en otros de forma periódica.

“Vieja melodía del mundo”, es su tercera novela, publicada en 2013, y traza a través de la hecatombe de sucesos que van originándose en los miembros de una familia a lo largo de mediados y finales del siglo XX, la ruindad del ser humano. La envidia y los celos son una discapacidad intelectual de nuestra especie, indica el autor en una entrevista concedida a Onda Radio Madrid.

“La ciudad de Aletheia” es su nuevo proyecto literario, en el cual ha trabajado en los últimos cuatro años. Una novela que reflexiona sobre la actualidad social, sobre la condición humana y sobre el actual asentamiento de la especie humana: la ciudad. Todo ello narrado a través de la realidad que atropella a los personajes.

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