Hete aquí una doña que siendo andaluza genuina, aceptó ser musulmana (cosa muy natural en los andaluces a los que les corre la sangre de siglos por las venas y sus miradas de pupilas negras, se sostienen poderosas como los cimientos de las torres albarranas defensivas del s.XII; los andaluces que se identifican más con un patio interior encalado lleno de macetas y una pililla en un rincón, que con un edificio moderno con luces led y ascensores, con los cantes tradicionales que con las modernuras horteras sin gusto, los que aprecian más un guiso antiguo que un plato preparado…esos son los andaluces que saben admitir sus raíces ancestrales y las reconocen como propias, en este caso, las raíces intrínsecas andaluzas, resultado de la amalgama cultural nativa destilada por siglos y siglos e iluminada con el Islam) con todas sus bendiciones y todas su dificultades, con sus pros y sus contras.

A día de hoy, puedo asegurar que no es nada fácil ser musulmana en esta sociedad islamófoba. Desde el primer momento que eres visible como musulmana (usando hiyab) ante la sociedad, el peso de ésta cae sobre una misma. Hasta que me decidí a ir muhayaba hace ya más de 2 años; mi amado esposo, mis hijos y yo formábamos una parejita moderna con niños: gafa pasta, camisetas de superhéroes, barba (él) y tacones de cuña, joyas de la India, ropa de colorines (ella, para que no haya confusiones). Nada, aparentemente, hacía suponer que éramos igual de musulmanes que a día de hoy.

Le advertí de la importancia del paso que iba a dar pues a partir de ese momento ya no íbamos a parecer una pareja casual sin más, disimulada entre las multitudes, que hace las mismas cosas que las multitudes: tiene hijos, familiares, gustos y aficiones, va al súper a comprar, a los cines, a hacer deporte, a la biblioteca a estudiar un rato, a charlas y ponencias, al restaurante japonés, hace pedidos por internet, va a hacer senderismo, queda con amistades o va a ver un concierto con los primos. NO.

A partir del momento que yo me cubriese, habría una infinitud de ojos de Mordor acusadores, que evaluarían cada movimiento natural que como familia e individuos hiciésemos, que barnizarían de tendenciosa islamofobia cada pose, cada gesto, cada entrada o salida, cada palabra en público, la manera en que le doy el yogur a mi niño en un parque o le recojo las trenzas a mi niña si me viene sudando, riendo y despeinada.

Deberíamos aguantar el desdén, el vacío social, miradas que van desde el estupor, al odio y al asco, la indiferencia, la condescendencia, gestos burlones, improperios y exabruptos gratuitos, al examen ocular, al interrogatorio preñado de tópicos, a que se nos trate tarde y mal, a que tengamos que soportar ataques diarios (raro es el día que no me acontece alguna aventura o alguna historia para no dormir). Sin embargo, gracias a Dios, los musulmanes de verdad solemos tener paciencia y aguante en estas situaciones y devolvemos sonrisas por cada gesto de repulsión, buenas palabras por tonos secos y despectivos, claridad frente a sarcasmo, benevolencia por maltrato.

Hasta que te tocan la fibrilla última del resquicio de la paciencia suprema y ya, las musulmanas y los musulmanes se ven en el deber de defenderse (entiéndase por esto a las agresiones verbales, físicas e institucionales; estas últimas muy corrientes de mano de funcionarios fascistas, racistas o islamófobos). Ahí lo único que cuentan son los modales y la frialdad que se pueda tener para manejar una situación desquiciante y, desgraciadamente, a veces hasta peligrosa.

Esta retahíla viene a cuento de la supuesta polémica del llamado burkini o traje de baño islámico, cosa que parece que reviste de importancia política no sólo al cuerpo de la mujer musulmana (que como persona consciente, gusta de llevar puesto lo que le place y le es apropiado, sin contar con el supuesto beneplácito de nadie y mucho menos de los paternalistas occidentalistas y del progre feminismo laico-etnocentrista, cosa que resulta cuanto menos hipócrita y trivial cuando lo que se pretende encumbrar como paradigma de la liberación de las mujeres es el destape, sin contar con la realidad de millones de mujeres que deben ser respetadas cuando deciden no despojarse de atavíos, sino colocárselos y cubrirse y ornarse de tal modo para sentirse así, libres de incumplir los cánones modernos impuestos por el Nuevo Orden Mundial) sino a los opresores reales, los tiranos, los políticos y empresarios corruptos que se llevan las pelas a los paraísos fiscales mientras nos fríen a impuestos y nos venden vacunas inservibles, alimentos adulterados, televisiones obsolescentes y tabletas para que tus niños jueguen y pierdan la noción de la vida mientras tú te embelesas con el Sálvame y los telediarios que te ponen noticias perniciosas y aparentemente indubitables que, por supuesto, te crees a pies juntillas de cuando dicen que los moros van a poner bombas en centros comerciales y tú te dedicas a repasar el atuendo que llevo yo en la playa porque a mí me sale el mismo centro del alma (por no explicitar un término más grosero que a cualquier persona cabal se le representa).

Yo sí sé lo que es llevar bikini porque ya lo llevé, lo depilada y divina que se supone tienes que ir, cuidando la pose playera y cumpliendo cánones de belleza agresivos y tú no sabes lo cómoda que voy yo ahora (a mí, el burkini no me oprime, ustedes tenéis oprimido el entendimiento) y lo absolutamente recatada, fascinante, sofisticada y cautivadora que resulto. O al menos, eso me gusta pensar cuando se quedan embobadas/os si me ven pasar, o me siento toda digna en mi toalla a su lado; y se dedican a cuchichear estupideces y reírse sardónicamente de mis ropajes playeros; cosa que en su disfrute banal de la experiencia estival poco influye…entonces ¿soy hipotéticamente libre para enseñar cacha y no soy libre para tapármela?¿qué clase de dislate hipocritón es éste?¿qué clase de sociedad liberal es ésta?

Esta es la realidad, me reitero, de millones de mujeres musulmanas que acusan las mismas desventajas sociales alrededor del mundo entero; plagado de islamofobia emitida y manipulada desde las altas esferas de los gobiernos capitalistas y opresores, que las gentes aceptan a base de lo constante del bombardeo mediático anti-Islam difundido por los medios masivos de telecomunicación y que desafortunadamente es aceptado por el común de las sociedades, formando un ideario poco objetivo sobre los musulmanes, que se ven criminalizados por intereses meramente políticos y económicos que nada repercuten para bien de los pueblos. El objetivo es alentar el desconocimiento y los prejuicios, dejando a las personas sin capacidad intelectual para así poder ejercer una crítica veraz y constructiva que sea capaz de oponerse a las prácticas abusivas de los gobiernos para con sus pueblos y poder lograr así, una auténtica liberación. La ignorancia, la pasividad, la estupidez y la arbitrariedad se han convertido en desgraciados elementos que se han infiltrado en el ideario de las sociedades, tornándose oscuridad y convencionalismo.

¡Ay! La estulticia no tiene fin, es sumamente perniciosa. Y no tiene principios: ni éticos, ni racionales.

Wa salam.

 

 

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