La estrategia de la confusión

El “sensato” Rajoy, con dos gestoras al frente del partido en Madrid y Valencia, apela a la “moderación” para hacer frente a los “malos”, que ya ni siquiera son los socialistas sino Podemos, mientras Rivera es ninguneado por el resto

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PODEMOS-3Llega la recta final de la campaña electoral y los principales candidatos a la Moncloa echan el resto en su particular estrategia partidista de la confusión. El voto de ese caladero intangible de indecisos es el objetivo, valga lo que valga. Porque ahora sí que todo vale. Todos al unísono han echado mano del manual del perfecto manipulador para intentar acercar el ascua a su sardina. Pero, evidentemente, a la altura que estamos de proyección, los espectadores de esta larguísima película de más de medio año ya empiezan a ver el envés al guion y la trama. Y lo que se ve sigue sin convencer del todo. Porque es mucha la confusión reinante.

Rajoy sigue convencido de que su discurso de los “buenos” frente a los “malos”, de la polarización extrema, en definitiva del voto del miedo, triunfará y finalmente servirá para que, por un lado, Pedro Sánchez no sucumba al lado oscuro y para que muchos votantes indecisos que se decantaron el 20-D por Ciudadanos como voto de castigo a la corrupción que asuela al PP vuelvan al redil del voto “moderado, sensato y equilibrado”, o sea, el que da su visto bueno sin más a que un partido investigado por la justicia por corrupción pueda volver a gobernar este país los próximos cuatro años.

PP-1Esa patrimonialización de la “sensatez” no escuece, ni mucho menos, a un Rajoy que ha visto cómo esa misma “sensatez” que se arroga su partido ha volado por los aires en comunidades que le han dado aire durante lustros a los conservadores –casos de Madrid o Comunidad Valenciana, por ejemplo– y unas avasalladoras victorias electorales, y que ahora contempla cómo muchos de estos dirigentes están en la cárcel o investigados por la justicia por prácticas corruptas.

CIUDADANOS-2También Albert Rivera, con su particular discurso del regeneracionismo por bandera está convencido de que apartará finalmente a Rajoy de la Moncloa sin aventurar quién será su sustituto o sustituya. ¿Incluso él mismo? Quién sabe si es su objetivo final oculto. Tras el fiasco parlamentario del acuerdo con el PSOE de Pedro Sánchez para llevar a la práctica un inaplicable proyecto transversal, el partido naranja acude a este 26-J más debilitado que al 20-D, cuando algunos sondeos incluso le daban la ¡victoria! electoral. La llamada al voto útil de la derecha por parte del PP puede hacer mucho daño en una formación que no es nueva pero que ha entrado en la escena nacional con el marchamo de la regeneración democrática y que lo mismo apoya a la popular Cristina Cifuentes en Madrid que a la socialista Susana Díaz en Andalucía.

Mientras tanto, ‘sorpassado’ por tanta encuesta avasalladora, a Pedro Sánchez ni siquiera le ha dado tiempo a salir a ganar el partido, como le conminaba desde el granero sureño la baronesa Susana Díaz.

El PSOE es, probablemente, el partido que más difícil lo va a tener tras el 26-J si se confirma la tendencia unidireccional de la amplísima mayoría de los sondeos electorales. Sería la tercera fuerza política, pero su ubicación en tierra de nadie si sufre un nuevo varapalo como fueron los exiguos 90 escaños del 20-D lo situarán en un abismo insalvable: o abrazar la gran coalición que Rajoy lleva pregonando desde antes del 20-D y que incluso le llevó a decirle “no” al jefe del Estado, o hacer presidente del Gobierno a Pablo Iglesias y meterlo en la Moncloa para cerrar un gobierno estable verdaderamente progresista, algo a lo que los grandes tótems del PSOE –la baronía, con Susana Díaz a la cabeza, y el ex presidente Felipe González entre bambalinas– no están dispuestos bajo ningún concepto y ya han obligado a Sánchez a decir públicamente que no hará presidente al líder de Podemos.

En Unidos Podemos, por su parte, todo son sonrisas y discursos más moderados cada día que pasa. Todo sea por captar a ese votante indeciso que siempre se ha declarado de izquierdas y socialista y que está desencantado con tanta promesa incumplida y tanta deriva neoliberal de un partido, el PSOE, que hasta ayer mismo copaba en solitario la socialdemocracia en este país.

La coalición con Izquierda Unida ha sido el verdadero revulsivo de una campaña que desde la formación morada siempre han calificado como “segunda vuelta” del 20-D. Ya el propio Pablo Iglesias recordaba poco después de esos comicios que le había faltado una semana más de campaña electoral para lograr el “sorpasso”. Ahora ninguna encuesta lo pone ya en duda. La única incógnita se supone que será saber si el PSOE sale del 26-J herido leve o de muerte, o con pronóstico reservado hasta el indefinido congreso federal.

Confusión, mucha confusión, y quién sabe si unas terceras elecciones generales tras el verano. El récord sin gobierno de Bélgica está al caer…

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