Fui a la escuela de la dictadura, a veces lo que se decía en casa y lo que decían las monjas en el colegio no iba en la misma línea. En casa mi madre decía …acabaremos durmiendo todos en el chalet. .. (en Lleida le decían chalet al edificio de la prisión) y yo ya sabía que tocaba callar.

Cuando se murió el dictador, ya se podía hablar todo, hacer manifestaciones, ver películas prohibidas, y nos hicieron creer que “la transición” significaba democracia.

Al cabo de los años tuvimos que ver como los hombres de la dictadura se morían de viejos ocupando cargos políticos. Nadie juzgó la dictadura, los muertos inocentes continuaron en las fosas sin identificar, y los hijos de los dictadores, los que ahora nos gobiernan, todavía son peores que sus padres.

Después de unas cuantas injusticias la gente normal, trabajadora, vimos que teníamos que salir a la calle como habían hecho nuestros abuelos y nuestros padres. Vimos que teníamos que defender el futuro que queremos para nuestros hijos. La noche del día 1 de octubre nos dimos cuenta de nuestra fuerza, la votación se pudo hacer por la cantidad de personas anónimas que en silencio y organizadas se comprometieron por la causa.

Hemos salido a la calle, hemos aprendido a trabajar en red, y ahora es el único futuro que vemos para acabar con una dictadura que nunca murió.

 

Anna Castelló

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