El cambio climático ya es una realidad incuestionable, no caben así hoy ya los discursos de los negacionistas que allá por el inicio del siglo XXI anunciaban las falacias del discurso medioambientalista en la lucha contra una de las peores batallas a las que la humanidad se enfrenta hoy. La calor, la sequía o los virulentos cambios del clima asociados a impactos de tornados, lluvias torrenciales o terremotos forman parte ya así de la partitura de un cambio climático que sigue calentando a pesar de las cumbres internacionales nuestro mundo, ese llamado tierra que hoy palidece a golpe de la incompetencia política y la ambición del progreso humano mal enfocado a costa del esquilme de los recursos naturales y la contaminación generada de manera permanente para nuestro desarrollo como especie.

Hoy, las consecuencias políticas, económicas y sociales del cambio climático son un hecho que no admite genero de dudas. Una realidad reflejada en estudios como el recientemente publicado por la científica Twila Moon de la Universidad de Arizona en la revista Science que pone de relieve las consecuencias que las migraciones climáticas en los próximos 50 años tendrán en nuestra sociedad como consecuencia de los deshielos de los glaciares y las sequías que azotaran nuestro planeta.

Realidades estás, que anunciadas por Moon, hoy pueden ser contrastadas en países como Siria, territorios en donde el cambio climático se fija ya como una de las causas que propiciaron el mayor éxodo hacia Europa desde la segunda guerra mundial como consecuencia directa de un conflicto civil armado que tuvo como piedra de toque la tremenda sequía que desde el año 2006 al 2011 azotó el país como consecuencia del cambio climatológico. Algo, que aunque poca gente conoce, vino a producir la muerte del 85% del ganado de Siria, la destrucción de los campos de cultivo en las zonas rurales y la falta de acceso al agua de la población civil. Hechos estos que motivaron así ,un éxodo permanente de las zonas agrícolas del país hacía las ciudades, con la consecuente masificación permanente de las mismas y la imposibilidad de atender las necesidades básicas de empleo, agua o recursos básicos para una población que con el paso del tiempo se agitaría contra el régimen de Bashar Al Asad. Hoy así, el efecto sociopolítico del cambio climático sobre las sociedades no admite cuestionamiento como tampoco los efectos devastadores de un clima cada vez más virulento y agresivo rebelado contra la humanidad por la propia inconsciencia de esta en su ataque directo a la tierra.

De esta forma, nos enfrentamos hoy a una batalla que tiene varios ejes de acción que cambiaran para siempre de no evitarlo nuestro planeta. Una batalla en donde si el ritmo del derretimiento de los glaciares como consecuencia del calentamiento global produciría el aumento de hasta veinte metros del nivel del mar y el calentamiento del mar con la generación de cada vez mayores tormentas y tornados asesinos que producirán desastres permanentes, una guerra en donde las sequías serán cada vez mayores y el agua un bien escaso como consecuencia de un calentamiento de la tierra que seguirá atrapando los gases de efecto invernadero en nuestra atmósfera, una lucha que nos llevará a enfrentarnos al esquilme del agua dulce, la desaparición de cada vez más especies de nuestra biodiversidad y la expansión como consecuencia de todos estos factores de mayores enfermedades y muertes vinculadas las olas de calor en todo el planeta. Y todo ello, coronado con los conflictos sociales, políticos y económicos directos como consecuencias de la lucha por los recursos naturales necesarios para la supervivencia.

En definitiva, hoy la humanidad se enfrenta a una encrucijada en donde la toma de decisiones acertada o desacertada así como la acción de la sociedad civil en presión hacía los gobiernos para avanzar por el camino correcto determinará el futuro de las generaciones que nos precedan.

 

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