En la península de Anatolia, entre los Montes Pónticos y Tauro, se encuentra el lago Tuz Gölü, cuya traducción literal sería “lago de sal”. Éste, junto con otros de menor entidad (Kulu, Düden, Terkesan o Bolluk), forma uno de los paisajes salinos más importantes de la península de Anatolia.

Este lago de sal, de origen endorreico, se constituye como el segundo más grande de Turquía gracias a las aguas de correntías, arroyos y ríos que, como el Peçeneközü, Uluırmak y Nsuyu, terminan por encontrarse en esta depresión tectónica de la meseta central. La suma de todo este aporte hídrico hace que en primavera, el momento más álgido, se puedan alcanzar los 1.600 km2 y una profundidad máxima cercana a los 2 metros. Toda una proeza si tenemos en cuenta que hablamos de un territorio con clima continental donde los periodos de aridez pueden superar los 5 meses.

De esta forma y, dada las características biofísicas del entorno, el lago Tuz se convierte en un espacio rico y variado en el que se registran 279 especies de plantas, 120 de bacterias y más de 129 de insectos relacionados con ambientes halófilos. Además, sirve de descanso y refugio para miles de aves acuáticas en peligro de extinción como la avutarda o el flamenco, el cuál anida e inverna para alimentarse de crustáceos como la artemia. Por todo ello, y dado el valor ecológico de la zona, en el año 2000 fue declarado zona de alta protección bajo la figura de Área Especial de Protección Ambiental.

El lago se llena de miles de flamencos que anidan y se alimentan de la Artemia, crustáceo a través del cual adquieren su característico color rosado. Fuente: Pinterest.

Pero, al igual que miles de especies animales se sienten atraídos por los recursos del lago, el ser humano también lo ha colonizado y explotado hasta ponerlo en riesgo de desaparición. Y es que, en agosto de 2008, los movimientos ecologistas del Estado turco dieron la voz de alarma al producirse la desecación íntegra de éste hasta convertirse prácticamente en un desierto de sal. Constatándose desde entonces un empeoramiento progresivo del mismo a través de diferentes factores de riesgo vinculados con actividades industriales y extractivas que no se han visto reducidas sino, más bien, potenciadas en un proceso que podríamos catalogar, dado el interés que existe por explotar los recursos del lago, como de destrucción programada.

En la imagen se puede observar los cambios operados en el lago entre 1987 y 2008. Hace 20 años en verano el lago no llegaba a secarse, sin embargo desde hace diez es un desierto de sal. Fuente: turquialapuertahaciaoriente.

Podríamos empezar por señalar la construcciones de presas a lo largo del río Peçeneközü, el desvío de otros cauces de menor entidad o la extracción del agua del subsuelo para la agricultura intensiva y la actividad industrial, intervenciones todas ellas que han dejado al lago sin recursos hídricos suficientes como para mantener un mínimo ecológico.

En la actualidad el principal aporte Tuz Gölü procede, como denuncian organizaciones ecologistas, de las aguas contaminadas –cargadas de metales pesados– expulsadas a través de la red de alcantarillado procedente de hogares e industria del entorno. Además, estos residuos no solo están destruyendo el ecosistema sino que pasan a la cadena alimentaria mediante la sal que se cosecha y destina a consumo animal o humano.

El almacenamiento de gas es una de las actividades potencialmente peligrosas que tiene lugar en el entorno del lago. Fuente: Ortakakil.

Esta sal potencialmente contaminada se extrae a través de tres grandes salinas industriales (Kaldirim, Kayacik y Yav), que entre agosto y noviembre cosechan 2,5 millones de los 5,9 millones de toneladas que se producen anualmente en todo el Estado. Esta actividad se muestra agresiva sobre todo en el norte, donde la salina Kaldirim puede evaporar cientos de miles de toneladas de sal gracias a una gran presa que aísla 153Km2 del lago, provocando así la elevación de la salinidad de la zona con graves consecuencias para el ecosistema.

La salina Kaldirim es la más grande de las tres salinas industriales que operan en el lago Tuz. Como se puede observar en la gran presa permite que el norte de la salina se haya convertido en una enorme balsa de concentración, alterando así el medio. Fuente: Elaboración propia.

Además, el valor de este lago no sólo está en la extracción de cloruro de sodio, sino que la industria cosmética y química se sirven del yodo, potasio, magnesio, calcio, bromo, hidrógeno e hierro que se puede conseguir en esta enorme mina a cielo abierto. Por último, y no menos importante, debemos sumar la presión que ejerce sobre el entorno el turismo que se acerca a ver las aves –que por desgracias cada vez son menos– y bañarse en sus “terapéuticas” aguas.

Carteles de promoción cosméticas a orillas del lago. Fuente: Meridiano180.

En resumidas cuentas, desde hace 10 años el lago Tuz está asistiendo a un proceso programado de destrucción medioambiental para adaptarlo así a una explotación minera, tal y como sucede en otros rincones del mundo como el Mar Muerto. Los peligros que suponen la contaminación y transformación del entorno para las diferentes especies presentes y la propia salud humana, no parecen preocupar a unas autoridades públicas que se muestran mucho más interesadas en la obtención de beneficios económicos a corto plazo, que en la generación de empleos mediante criterios de sostenibilidad y técnicas artesanales.

Una vez más, y como es costumbre en un sistema en el que prima la ley del valor, asistimos a la depredación de un rico y variado paisaje salino del que jamás volverán a disfrutar sus habitantes y visitantes.

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