Por octavo año, el festival Dcode se ha celebrado en el campus de la Universidad Complutense de Madrid, y una vez más ha cerrado (o casi cerrado) la temporada de grandes eventos musicales al aire libre en la capital.

Desde sus inicios, la programación de este festival se ha caracterizado por su equilibrio al combinar artistas de calidad para ‘melómanos’ con propuestas más comerciales e insulsas pero de gran éxito internacional, lo cual garantizaba horas de satisfacción para todos los gustos. Sin embargo, en esta edición la balanza ha acabado por romperse, con un cartel que en su mayor parte sólo reclamaba esa segunda categoría.

Conciertos desde la mañana hasta la noche

Aunque el Dcode nació como un festival de doble jornada, hace años que quedó reducido a un solo día, por lo que la organización trata de exprimirlo al máximo, desde media mañana hasta bien entrada la madrugada. Los encargados de dar el pistoletazo de salida fueron La M.O.D.A., grupo burgalés de folk rock y pop cada vez más de moda (valga la redundancia), que actuaron a primera hora porque ese mismo día tenían concierto en otra ciudad por la noche. También destacaron en hora diurna la veterana banda catalana de pop rock Sidonie, los murcianos Viva Suecia y la inglesa Jorja Smith, llamada a ser uno de los referentes de la nueva escena del rhythm and blues.

Se acercaba la hora punta, y empezaron a desfilar los principales reclamos del festival. El primero de ellos (y uno de los más destacables), con la última luz del día, fue Albert Hammond Jr., que saltó a la fama como guitarrista de The Strokes. Desde entonces ha alternado su actividad en la popular banda con su carrera en solitario: en Dcode apenas cogió la guitarra y se centró en cantar, mientras su banda recreaba el sonido característico de sus discos. Esto dio más libertad a Hammond para moverse e interactuar con el público.

Tras el buen concierto de Albert Hammond Jr. y su banda, la programación del festival se convirtió en un bajón continuo. Lo de Bastille fue pura pachanga popera, sin nada relevante que destacar; y luego tuvimos a Izal, que además de tratar mal a las mujeres (véase la polémica de hace unos meses) sólo saben dar conciertos insípidos y aburridos, y ya van unos cuantos en esta temporada festivalera (están hasta en la sopa, por desgracia).

El hastío llegó a su punto culminante con los estadounidenses Imagine Dragons, que como cabezas de cartel deberían haber sido lo más reseñable pero resultaron ser un suplicio (lo cual, por otra parte, se veía venir escuchando sus discos). Pop comercial, genérico, vacuo y mediocre, que no aporta nada por mucho que suene en la radio.

Un poco de rock para escapar del pop comercial

Por suerte, y ante el horror del escenario principal, pudimos refugiarnos en la carpa, donde había una buena alternativa rockera: la mítica banda navarra Berri Txarrak. Con más de veinte años a sus espaldas y letras en euskera, su eclecticismo musical (que durante su trayectoria ha oscilado entre el rock melódico y el metal, pasando por el hardcore y el punk) les ha llevado a actuar en festivales de todo tipo, desde Viña Rock hasta Primavera Sound. En Dcode nos dieron la energía y satisfacción que necesitábamos, ante el triste panorama que se vivía en el resto del recinto.

De vuelta en la zona principal, la cosa allí mejoraba un poco gracias a los ingleses The Vaccines, cuyo indie rock también es muy facilón y un poco simplón, pero que al menos tienen cierta calidad, unos cuantos temazos y son divertidos en directo. Era la tercera vez que actuaban en Dcode, e incluso se acordaron de cuando vinieron para la edición fundacional del festival. “Vamos a tocar una canción que también hicimos aquí aquel día”, dijo el cantante Justin Young antes de interpretar ‘Post Break-Up Sex’, uno de los clásicos de la banda.

Aun con algunas perlas, el balance general de este Dcode estaba siendo claramente negativo, pero valió la pena quedarse hasta última hora para disfrutar del mejor concierto. Tras más de diez años de carrera y con una discografía ya amplia y siempre maravillosa, puedo afirmar que Triángulo de Amor Bizarro me parece el mejor grupo de España, al menos para mi gusto.

Al igual que Vaccines, también era la tercera vez que Triángulo de Amor Bizarro tocaban en Dcode, y espero que sigan repitiendo porque fueron la verdadera salvación para salir con cierta satisfacción del festival. Interpretaron las cuatro canciones de su nuevo y excelente EP, ‘El Gatopardo’, en el que siguen explorando nuevos caminos musicales y mojándose en temas políticos de manera cada vez más explícita, pero siempre con ingenio. Por lo demás, el magistral álbum ‘Salve Discordia’ sigue dominando gran parte del setlist de sus conciertos, y también hay hueco para varios temazos de los primeros discos.

Un Dcode que se quedó cojo

Siempre es un inmenso placer ver a Triángulo de Amor Bizarro en directo, pero ni siquiera ellos consiguieron salvar los muebles de esta octava edición del Dcode. Ni el cabeza de cartel ni los semicabezas estuvieron a la altura, y ha sido sin duda la edición más floja que ha tenido este festival hasta la fecha. Qué lejos han quedado aquellos tiempos en los que Dcode nos alegraba con cabezas de cartel de tan buen gusto como Sigur Rós y Beck.

Lo triste es que con la propuesta de este año han hecho ‘sold out’, así que es de esperar que sigan adelante con el rumbo artístico actual. Aun así, mantendré la esperanza de que el año que viene haya mejores cosas que rascar y artistas internacionales de mayor calidad, porque sería difícil bajar aún más el listón.

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